TAREA POLÍTICA- José Luís Santana Ochoa

Disonancia cognoscitiva le llaman los que saben a la brecha que se genera entre el alto nivel de las expectativas creado con promesas e ilusiones, y la realidad de los pobres resultados percibidos por los crédulos que ante tal caen en conductas irraciones típicas de la frustración como la justificación, la regresión, la resignación y la violencia, esta principalmente verbal como el despotricar en contra de quien – José Ignacio Peralta- los engañó con el propósito de obtener los votos que necesitaba para lograr el respaldo político electoral como supuestos o reales activistas, movilizadores y porristas periodísticos que le acarrearan a las urnas los votos que necesitaba para legitimar su imposición presidencial como gobernador de Colima.

El desasosiego provocado por el incumplimiento de quien hizo compromisos de felicidad, seguridad, prosperidad y todo lo que termine en dad, más chambas y negocios en la administración estatal y en las delegaciones federales con Juan de la Chingada, es tal que hasta en las mismas páginas editoriales de su periódico de campaña comentan que “los signos de interrogación empiezan a llenarse de preguntas sin respuesta rumbo a los primeros 100 días de un gobierno que no acaba de arrancar, mientras la gente no alcanza a comprender dónde quedó todo ese catálogo de promesas sobre una vida mejor, llena de felicidad y donde se le garantizaba vivir en una ciudad segura, donde todo mundo saldría a su trabajo o a la diversión con la seguridad de regresar a casa sano y salvo”.

“Es el candidato, estúpidos”, versó en su oportunidad desde la ciudad y puerto de Manzanillo el locutor y periodista Javier Montes Camarena en su columna bisemanal “Enlace”, frase a la que a siete meses ya de la administración peraltista habría que cambiarle la palabra candidato por la de gobernador. Y es que no hay que buscarle tres pies al gato sabiendo de antemano que tiene cuatro. José Ignacio fue un mal candidato por no reunir el perfil que se requiere para serlo, y por la misma razón está resultando peor como gobernador. Más que acreditado está que él no fue diseñado para el trato con la gente de abajo sino sólo para entenderse con las cúpulas nacionales que más temprano que tarde terminarán por convencerse también de estar preparados para que la disonancia cognoscitiva no les pegue tan duro como a los ultras peraltistas.

Si José Ignacio ni “siquiera termina de formar su equipo de trabajo”, cuantimás les cumplirá a quienes les prometió delegaciones federales como si fuera a ser el gobernador de la República de Colima. El primer revés que el Gobierno Federal le propinó en el tema fue el nombramiento del guerrerense afincado en Manzanillo, Nabor Ochoa López, como Delegado en la entidad de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), que fue calificado como un error a corregir por el presidente del CDE del PRI, Rogelio Humberto Rueda Sánchez, sin que hasta la fecha haya indicadores de marcha atrás de parte del presidenciable Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong sino todo lo contrario, el hijo de Doña Nico sigue en el cargo más firme que el peso mexicano.

Otro mentís a la supuesta gran influencia de José Ignacio en las decisiones presidenciales fue la reciente designación de Guido Mendiburu Solís como Director del Centro- Colima de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), cargo que le tenía reservado a su primo Pedro el de la redes ciudadanas con las que puro méndigo charal ha logrado pescar hasta la fecha. Son ya varios lo tiros que le han salido por la culata a quien todavía se asume como el poder tras el trono nachista. A propósito de enchiladas, el porteño Francisco Zepeda González y el minatlitense Cicerón Alejandro Mancilla González todavía esperan que José Ignacio les pague las contribuciones que hicieron a su victoria electoral nombrándolos delegados de la SEDESOL y la SAGARPA, respectivamente. Como bien lo conocen, lo hacen apoltronados en cómodos sendos equipales.

¿Hablará Nacho con sus colaboradores? ¿Les permitirá la comunicación directa con él? ¿Se atreven sus secretarios y demás empleados a decirle las cosas tal y como se dicen en la calle? Se pregunta el paisano José Ángel Brambila Leal, quien comenta que los gobernantes viven en una burbuja rodeados de aduladores que se la pasan repitiéndoles lo que ellos quieren oír, manteniéndolos ajenos a las situaciones que cotidianamente se viven en los territorios por ellos gobernados. “Nacho debe saber que sus calificaciones están muy bajas entre los ciudadanos a los que gobierna, pues las expectativas que generó fueron demasiado altas, derivadas de esa cercanía con el hombre encargado de las arcas de la Nación, lo que supondría un gran apoyo para superar la devastada economía en que los gobiernos anteriores dejaron al estado. ¡Nada de eso ha sucedido! Situación similar prevalece en el ámbito de la seguridad, donde el estado vive una situación que no tiene antecedentes en toda la historia, cuando todos teníamos la esperanza de que el apreciado ex subsecretario de Comunicaciones recibiría todo el apoyo del Presidente de la República por haber sido el principal impulsor de su candidatura. La ola de violencia que vivimos es impresionante, y lo más grave es que no se observan acciones que generen la percepción de que algo va a cambiar en el corto plazo”. ¡Sopas perico!

EL ACABO

  • “La gente está muy desesperada, y esa desesperación nace del hecho de no ver una sola acción que permita vislumbrar un cambio”, dispara con puntería apache José Ángel Brambila, siempre Leal a sus principios y convicciones, objetivo como el que más.

 

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