Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea.

El conflicto magisterial triunfó y el gobernador Nacho Peralta deberá sacar una gran enseñanza de todo esto: que el orgullo personal jamás se debe anteponer al bien común. La lección es dura y al mandatario le ha significado un batazo en la nuca, que implicó la salida (muy cuestionada) de su secretario de Educación y, sobre todo, un agravio (que esperamos jamás se olvide) para miles de maestros, los cuales esperan solución real a sus problemáticas en el corto, mediano y largo plazo, porque hay que considerar que algunas no se pueden solucionar de la noche a la mañana pero cuya resolución urge que empiece ya. Los maestros, por su parte, deben sentirse muy satisfechos de lo que consiguieron con perseverancia, determinación y desvelo. Como lo que importa son los resultados, los líderes sindicales Prisciliano González (SNTE6) y Heriberto Valladares (SNTE39), más el diputado federal y líder del PANAL, Javier Pinto, no les quedaron a deber, aun cuando durante todo el movimiento fueron objetos de una guerra sucia orquestada por el propio gobierno del Estado, guerra sucia que no pudo contra la verdad magisterial. La renuncia del secretario de Educación, Óscar Javier Hernández Rosas, es apenas uno de las muchas peticiones entregadas al gobernador por parte de los líderes sindicales, todavía faltan muchas más, incluidas sanciones ejemplares para funcionarios de la Secretaría que han cometido tropelías que no pueden quedar impunes, mucha estabilización en cuanto a las plantillas docentes, incremento de recursos para el buen funcionamiento de las escuelas, incluso la implementación de una visión mucho más humanista en la forma de dirigir los destinos educativos del Estado. El magisterio se alzó sobre la indiferencia y la falta de sensibilidad de un gobernador que, aunque muy tarde, no tuvo más remedio que reaccionar ante las justas peticiones de los maestros. Sin embargo,  y permítaseme el oxímoron, el gobernador vencido ganó mucho, o al menos eso se espera, pues con esta cátedra que le dieron los maestros deberá aprender cuestiones básicas de la gobernanza, como por ejemplo: que él se debe a la sociedad y no la sociedad a él, que él trabaja para la sociedad y no la sociedad para él, que él debe sacrificarse por la sociedad y no la sociedad por él, y que la sociedad es más importante que él, y nunca a la inversa. Los tiempos han cambiado, la sociedad ha cambiado, el sistema –gracias a las nuevas realidades comunicativas- ha viralizado las voluntades democráticas y de justicia de tal modo que ya es muy difícil que cualquier malhechor se salga con la suya. Si el gobernador Nacho Peralta y los funcionarios de su gobierno, y los funcionarios de cualquier gobierno, no lo entienden así, volverán a caer sin necesidad en estas infamias, con consecuencias lamentables, como lo acabamos de constatar. La lucha del magisterio, pues, no termina, todavía falta mucho por resolver, construir y reconstruir. La educación es vital para el desarrollo de Colima. Los que amamos este pedazo de tierra en el que nacimos no permitiremos que ni el gobernador ni nadie nos destruya la única vía verdadera de nuestro bienestar y la única que puede realmente regresarnos la esperanza de vivir felices, sí, y seguros.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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