Entre el 3 y el 18 de junio de 1932 se registraron fuertes sismos en el sur de Jalisco y el estado de Colima fue la más castigada con esos movimientos telúricos. El 22 de junio de 1932 se registró un “maremoto en Cuyutlán”. Sobre este acontecimiento, el Dr. José Salazar Cárdenas en su libro “El maremoto de Cuyutlán. 1932” nos relata: “….A las 7 de la mañana del 22 de junio de ese año los habitantes de Cuyutlán sintieron un temblor de regular intensidad, pocos segundos después escucharon un retumbido con rumbo al mar y posteriormente una gigantesca ola que llegó hasta la vía del ferrocarril que se encuentra a 800 metros en línea recta de la orilla del mar. A su paso por la población el colosal tumbo hizo destrozos en la mayor parte de las construcciones que eran casas de tejamanil, zacate y enramadas de palapa, arrasando a su paso todo lo que encontraba y acumulando palizada y escombros por todos lados…”

A la hora del suceso, se encontraba a la orilla del mar, frente a la glorieta, un chofer llamado Jesús Mora, apodado “el hilachas” que junto con dos mozos, lavaban una costalera que se usaba en el acarreo de la sal. Tanto Jesús como uno de los peones que sobrevivió a esta tragedia, relataron que estando en la orilla del mar, cuando se sintió un movimiento de tierra y se escuchó el trueno lejano, vieron primero con curiosidad y después con asombro, como se retiró el mar hasta más allá de la reventazón, aproximadamente 100 metros de la orilla.

Al ver aquello, se asustaron, corrieron a la glorieta en donde habían dejado un camioncito Ford de pedales, se montaron en él y apresuradamente tomaron rumbo al pueblo. Ya viniendo en su precipitada carrera, dirigieron la vista hacia atrás y miraron como se levantó una ola gigantesca que ellos calcularon en unos 20 metros de altura que avanzó hacía la población causando pavor en los que presenciaron la escena. Alcanzaron a pasar el médano, pero al reventar la ola les dio alcance envolviéndolos. Viendo que se les venía encima la gran masa liquida, se lanzaron fuera del vehículo y el agua se llevó el carrito por otro lado y lo sepultó en la arena…”

El autor de de esta crónica relata: “que al oriente de Cuyutlán, a 4 kilómetros de distancia, en un lugar en donde se localizaba el rancho “palo Verde”, la salida del mar fue también de gran magnitud y el caudal derramado fue a depositarse a la laguna… fue tal la fuerza con que el mar golpeó la zona de palo verde, que hizo desaparecer el médano quedando después el terreno casi al ras del mar y sin ninguna vegetación. Meses después de ese suceso, cuando el tren pasaba enfrente de ese lugar, desde los vagones podía observarse el mar, cosa que nunca había sido posible.

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