COLUMNA: A CHILE PELÓN

Uno de los antecedentes más cercanos de los movimientos revolucionarios de protesta y que cimbraron al estado mexicano es, sin lugar a dudas, la participación de Nicolás Guillen alias el comandante Marcos, quien bajo la impostura de una capucha emergió ante la opinión pública a través de  medios nacionales e internacionales,  con la finalidad de hacerse escuchar ante ciertos fenómenos que afectaban a  grupos vulnerables en la sierra chiapaneca entre otros tantos argumentos a fin de justificar su surgimiento, con ello emergió una gran especulación respecto a la identidad de dicho encapuchado, al grado tal, que fue tildado, inclusive, como gente de la guerrilla guatemalteca, o de alguien promovido por gobiernos extranjeros con la finalidad de desestabilizar a nuestro país, dada las condiciones  políticas, económicas, y sociales que en ese tiempo sacudían las conciencias y los bolsillos de los mexicanos. Se tildo de que se trataba de un movimiento provocado y promovido por el mismísimo Carlos Salinas de Gortari, en esa época, Presidente de México, con la finalidad de perpetuarse en el poder dada la supuesta inestabilidad ocasionada, y con ello, aprovechar las circunstancias para acogerse a lo estipulado por nuestra constitución, en los términos de que al existir inestabilidad en nuestro país, podrá extenderse el periodo presidencial. Recordemos las infinitas y variadas especulaciones emergidas sobre quien era ese personaje que se cubría el rostro con un pasa montañas, ocasionando con ello, temor, inquietud, zozobra, y hasta malas interpretaciones de su actuar, ante sus reclamos que parecían legítimos pero revestidos de una indiscriminada ausencia de certeza sobre su identidad física de éste guerrillero. El gobierno, y gran parte de la sociedad, argumentaba que no se podía dialogar con un rostro inexistente, puesto que , una de las principales características al momento de efectuar una petición o reclamo, es , precisamente, la de que quien lo haga deberá de identificarse plenamente para saber con certeza  a quien se está dando contestación a dichos reclamos, y que al amparo mediático de una capucha resultaría incierto, temerario, y hasta irrespetuoso pactar o dialogar con alguien, cuya identificación no resulta plena. Así las cosas, y dados los últimos acontecimientos en nuestro estado, en el sentido del surgimiento de un grupo de encapuchados, cuya lucha se limita a exigir que los diputados del congreso colimense reduzcan sus percepciones que reciben por su salario, al hacerlo, lo hacen  faltando gravemente a la tesitura establecida en los artículos 8 y 9 de la constitución política de los estados unidos mexicanos, pues los numerales establecen, entre otras cosas,  que las peticiones no deben de hacerse de manera violenta, violencia física y violencia moral, por lo que,  partiendo de ello, me pregunto ¿Qué no resultaría violencia moral en agravio de la autoridad o de cualquier ciudadano que alguien llegue encubierto tras el ocultamiento de su identidad para ejercer un derecho legítimo? ¿Alguien de ustedes pactaría, dialogaría, trataría, o en su caso firmaría un acuerdo, en donde la contraparte llevara consigo una capucha cubriendo su rostro? ¿Alguien de ustedes no se sentiría acosado, aturdido, inseguro, confundido e incluso intimidado, moral y psicológicamente el solo hecho de tratar con alguien que adolece de identificación plena? y si nos vamos a un caso extremo ¿Alguien de ustedes contraería nupcias con un cónyuge encapuchado?. Definitivamente, para efectos de certeza jurídica,  los artículos 8 y 9 constitucional señalan, entre otras cosas, que todas las peticiones que los ciudadanos hagan a la autoridad deben de ser respetuosas y pacíficas,  y les pregunto ¿Hacer una petición ante autoridades, en el caso que nos ocupa cuyos peticionarios se  amparan bajo la oscuridad de  una capucha, cubriendo su identidad sería tomado por la autoridad como un acto respetuoso? ¿Qué valides, jurídica, moral y hasta institucional, le puedes dar a alguien que oculte su identidad física? .Imaginémonos en un supuesto en donde un pretendiente se le declara  a una dama, y que dicho pretendiente  cubra   su rostro con una capucha ¿Sería una declaración respetuosa? ¿Qué validez y seriedad le darías a alguien que te propone un noviazgo, e inclusive matrimonio y lo hace con el rostro oculto? ¿Sería pacifica una petición realizada a través de un rostro que carece de identidad?. Dicen que son apartidistas ¿Alguien les puede creer que atrás de una capucha hay un apartidista? ¿Cómo saberlo? ¿Cómo constatarlo?  ¿Nomas por qué ellos nos lo dicen?;  tan es así que en los últimos días han surgido diversos nombres de quienes pueden ser los que se esconden o lideran atrás de una capucha, nombres que omito por respeto, pero sobre todo, porque entraríamos al amarañado campo de lo incierto, y les pregunto ¿Qué acaso eso no es incertidumbre lo que ocasiona todo ello? ¿Eso es lo que la sociedad colimense quiere para con sus organizaciones sociales?.  Quien se cubre su identidad trae aparejada, entre otras cosas, un hálito de violencia encubierta, ya sea moral o física, pero al fin violencia. No se puede interactuar con un encapuchado dada su calidad incierta, hacerlo sería tanto como entrar en esos pasadizos temerarios de la incertidumbre, la zozobra, y  la cobardía.

No dudo que sus reclamos sean legítimos y que existen voces, a las que me uno, en el sentido de que los salarios que perciben los diputados son excesivamente onerosos, sin embargo, la forma que se pretende hacer adolece  de garantías suficientes, encontrándose apartadas de lo que exigen los artículos 8 y 9 de la constitución, en el sentido de que deben ser respetuosos y pacíficos, que atiendan a dar una imagen cierta y creíble ante los ojos de la sociedad. El derecho de petición, y la obligación del estado de contestar,   deben de ser actos que alienten a los buenos oficios de una debida comunicación entre gobernantes y gobernados. Resulta injustificable, en una sociedad como la nuestra, el surgimiento de este tipo de manifestaciones al margen de la certeza; la sociedad colimense merece respeto, pero  también lo merecen  sus gobernantes, no debemos caer en el simplismo desbordado, ni en el protagonismo al margen de la moral y de la ley;  la libre manifestación de las ideas, y el libre derecho de petición, tienen sus formas esenciales que garantizan un esquema permisivo a efecto de  que fluya, de manera adecuada, el proceso de comunicación y de entendimiento tanto para el solicitado, como para el solicitante, pero sobre todo, para que la sociedad tenga una percepción más transparente de las cosas.

 Si ningún representante popular oculta su rostro para enfrentar a la sociedad que le reclama, tampoco los grupos sociales de protesta lo deben de hacer, es por eminente sentido común,  por respeto a nosotros mismos, por transparencia social,  legitimo puede ser su reclamo, pero el vehículo que va a bordo se encuentra plagado de incertidumbre, incertidumbre que arrastra la inestabilidad jurídica y social, llegando a los extremos de poder intimidar al peticionado y a la sociedad colimense. En un estado democrático, esto resulta imperdonable.

 Por otro lado, es preocupante, que existiendo temas torales y que afectan  a la sociedad, que revisten en primicia la más urgente atención, tales como la galopante inseguridad pública, los incrementos a los precios de las gasolinas, y el último aumento a  las tarifas eléctricas, se desaproveche, de manera inexplicable,  esta oportunidad esperada por muchos, como para dirigir energías a un tema, que si bien resulta importante, no es, ni en una milésima  de relevante comparado ante los  temas que últimamente han llevado a la sociedad a un estado de zozobra, temas que han puesto de cabeza a la sociedad colimense; la falta de transparencia de los bienes del estado, la nula capacitación de los agentes de seguridad pública y procuración de justicia, el riesgo que implica transitar por las calles de nuestra ciudad, el preocupante impacto que está generando los incrementos desbordados de los fluidos, la pobreza que engalana las calles y las avenidas colimenses, los despidos masivos de empleados a falta de políticas  públicas eficaces  a favor del empleo, e inclusive la pretensión del congreso estatal de quitarle el fuero a sus funciones, poniendo en riesgo su función institucional y que podría traer consecuencias graves a las actividades legislativas, ejecutivas y judiciales, y por tanto, a un mejor funcionamiento de las instituciones estatales.

Desde mi punto de vista, las organizaciones sociales que han iniciado éste movimiento, han desaprovechado el momento histórico de emprender, en los hechos, el accionar de sus inquietudes, han echado a la borda la última esperanza que la sociedad buscaba y encontró en ellos, desafortunadamente, y para todos, la forma es fondo, y el fondo de este asunto ha dejado mucho que desear.

 Aún es tiempo de avanzar en ese sentido, ojala y que en lo subsecuente, así como la sociedad da la cara ante la adversidad, así las organizaciones revolucionarias den la cara  tal como lo hacen quienes nada ocultan, tal como lo hacen los valientes colimenses cuando expresamos, decimos, contamos y señalamos  “A CHILE PELON”, sin penumbras que ensombrezcan las buenas voluntades, y las buenas acciones.

 Que la capucha sea utilizada, única y exclusivamente, para protegerse del frio o en noches de día de brujas,  jamás para llamar la atención, o en su caso, para ocultar lo que hay detrás, dando margen a la duda, a interpretaciones equivocas. La sociedad colimense también requiere de que sus movimientos sociales y legítimos sean claros, de frente ante los nuevos retos que se avecinan, pues no se puede gobernar o liderar bajo el amparo del oscurantismo y el anonimato, puesto que, resulta perverso y equívoco entregarse a luchas cuya identidad es incierta y cuyo procedimiento nos conduce a la violación flagrante a los términos que nuestra constitución establece, recordemos que vivimos en un estado de derecho, en donde las libertades son reguladas, y donde la sociedad esta ávida de mayor transparencia y de mayor congruencia, pues ¿Cómo exigir transparencia a la clase gobernante, cuando existen grupos sociales que velan la transparencia atrás de una capucha?. Lo que damos recibimos, lo claro es lo decente, no hagamos cosas buenas, que parezcan malas. Todo “A CHILE PELÓN”. . .  ¿No lo creen?.

 

Edgard Saúl Díaz Aguirre

ABOGADO POSTULANTE

PRESIDENTE ESTATAL DE PRENSAMERICA/COLIMA

DIRECTOR DE LA REGIÓN DE LA ZONA OCCIDENTE DE MÉXICO DE LA AGENCIA DE PRENSA MUNDIAL.

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