El sistema Inmunitario nuestro aliado principal por Dr. Ricardo Ramírez Ramírez.

En esta “Era COVID”, donde la versatilidad de un virus pone de cabeza al mundo entero y divide a sus habitantes en temerosos, temerarios y prudentes, recordemos todos que el ser humano está hecho para estar sano siempre: si le damos agua, nutrientes y oxígeno de calidad suficientes y permitimos la eliminación adecuada de sus desechos. Cuando esto sucede, el equilibrio metabólico generado y el sistema inmunológico competente juegan un trascendente papel en el enfrentamiento con cualquier agente patógeno o perjudicial que aparezca; la victoria al final la determinarán estas fortalezas en relación con el número y virulencia de los atacantes. En este escenario nuestra tarea consiste en llevar nuestras defensas a plenitud y alejarnos de los infectantes.

Como ya los hemos comentado, el sistema inmunitario está conformado por órganos, vasos, filtros fluidos y células que en conjunto hacen un ejército cuantitativa y cualitativamente superior a cualquier otro imaginado: sus integrantes son implacables contra todo aquello que amenace nuestra integridad; los experimentados e insobornables soldados y oficiales con su equipo defienden hasta la muerte al organismo al que pertenecen. Cuando excepcionalmente lo atacan, como sucede en las enfermedades autoinmunes, lo hacen siempre con anhelo protector. Este sofisticado sistema, ha vencido en múltiples ocasiones al virus actual, habiendo perdido solamente el 3% de sus batallas, derivado de enfermedad subyacente del hospedero. Hoy en día aproximadamente el 50% de los pacientes que sufren de COVID-19 deambulan aparentemente sanos gracias a él y sólo 47 de cien piden refuerzos para salvarnos.

El SARSCOV-2 como algunos otros virus, es un pedazo de animal, ni siquiera es un ser vivo, es una forma de vida sin membrana (sin cerebro), con cápsula y material genético, un parásito oportunista, que se multiplica cuando consigue penetrar en la células y manipula el ácido ribonucleico. Tiene la paciencia de esperar junto con otros 999 en nuestras mucosas para hacerse infectante, así como la capacidad de mantenerse vivo horas, o días, en superficies extracorpóreas y de levitar hasta dos metros del reservorio en áreas abiertas y hasta 8 en cerradas. A pesar de esa virulencia y versatilidad, no es superior a otras especies de flora y fauna del planeta que el hombre aprovechando la ventaja de ser la cúspide de la escala biológica debilitó y extinguió brutalmente. Contra ellos nuestros antepasados no tuvieron ni compasión ni miedo, porque aprendieron a vencer, esa arcaica emoción que desfallece al sistema inmune, en lugar de fortalecerlo. Guardar la sana distancia, asearse la nariz con solución salina, lavarse las manos con jabón para destruir la cubierta grasa del mismo, alejarse de las multitudes y cubrirse las mucosas de boca, nariz y ojos fuera del hogar o dentro de las áreas de trabajo, al tiempo que vencemos el miedo para robustecer las defensas, con frecuencia son suficientes para no sufrir de él.

Hoy más que nunca urge cumplir con medidas a las que llamo los 6 pilares de la prevención, porque este coronavirus nos llegará a todos algún día y dormir bien y dentro del horario, practicar ejercicio físico moderado, controlar las hormonas del estrés, comer más alimentos alcalinos que ácidos, robustecer nuestro sistema de creencias, y restringir la exposición a las radiaciones solares y ondas electromagnéticas, hasta el día de hoy, es lo único que tenemos para ganar.

Nuestro organismo, igual que cualquier país que emprende una guerra, requiere más amigos que enemigos para triunfar. Entre los aliados del sistema inmune se encuentra la melatonina y la hormona del crecimiento producidas durante el sueño nocturno, las cuales, mediante mecanismos de autofagia y reciclaje orgánico, dan recuperación y capacidad combativa a la comunidad celular. La oxigenación, la eliminación de toxinas y grasas superfluas, la producción de las hormonas serotonina, dopamina y las morfinas humanas o endorfinas euforizantes, el incremento de la energía derivado del crecimiento y número de las mitocondrias o calderas celulares, obtenidos mediante el ejercicio físico, abonan al triunfo. Las hormonas del estrés cortisol y adrenalina controladas por el irracional sistema nervioso autónomo incrementan su producción cuando sentimos miedo o estamos en peligro; toda la energía disponible va a piernas y brazos para correr más rápido o golpear más fuerte, quedando anergizadas otras regiones, entre ellas el sistema linfático, alma del inmunitario. Al controlar éstas hormonas haciendo racional su producción mediante meditación, yoga, atención plena en todas las actividades, empatía laboral y familiar restringiendo, priorizando obligaciones o adelantando el cumplimiento de ellas, delegando responsabilidades, realizando ejercicios respiratorios y elevando la frecuencia vibracional por medio de música de alta frecuencia, la práctica del amor en todas sus formas, la gratitud, el humanismo y la compasión, vigorizamos nuestro ejército.

El Dr. Otto Heinreich Walburg en 1931 descubrió que la acidosis orgánica y la falta de oxígeno son causa de la mayoría de las enfermedades; ganó el Premio Nobel por eso. Un cuerpo alcalino atrae el oxígeno y para tenerlo se recomienda que el 70% de los alimentos sean alcalinos: todas las frutas encabezadas por el limón, las verduras lideradas por el brócoli, las semillas con las almendras a la cabeza y las leguminosas (frijol, garbanzos y lentejas) y sólo 30% de alimentos ácidos: carne de pescados azules, de pollo, pavo, pato, huevos orgánicos, cereales integrales, yogures naturales y dos litros de agua al día, permitirán mantener el PH entre 7.34 A 7.44, potencial de hidrogeniones óptimo para estar sanos con un sistema inmune satisfecho.

La física cuántica nos enseña que todos los cuerpos somos energía y vibración; refiriéndose al humano, su mente controla todo ese potencial y nuestras percepciones rigen la actividad biológica. Si creo que algo me cura, la mente fabrica la química de la salud; si creo en sentido contrario, la química será de la enfermedad. Hoy en día se llaman Efecto Placebo y Efecto Nocebo respectivamente. En el mismo sentido, el legendario Henry Ford decía “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón”. Resulta evidente que nuestros pensamientos influyen en la salud.

Cuando se sabe que el organismo humano está formado de átomos y partículas subatómicas con cargas positivas y negativas, resulta fácil comprender que los diferentes tipos de radiaciones lo afectan severamente: los hornos de microondas, la alta tensión, las antenas WiFi y los celulares de moda 4 y 5G nos envían 2.5 millones de ondas electromagnéticas por segundo a la velocidad de 300,000 kilómetros; el texto, imágenes y sonido contenido en ellas estresan la comunidad celular, evitando que se alimente, crezca, se comunique, divida y nos defienda. Las radiaciones solares nos afectan por igual, por eso resulta útil para el sistema inmunológico en particular y para el organismo en general que la exposición sea mínima.

Sabiendo que el Sistema Inmunitario es lo único de lo que disponemos hoy para enfrentar la pandemia debemos hacerlo duro, ingiriendo alimentos con antioxidantes, vitaminas(a-b-c-d-e-k), micronutrientes como el zinc, magnesio, selenio, cobre, linaza, chía, hierbabuena, orégano, brócoli, arándanos, zanahoria, ostras, papaya, sandía, té verde, champiñones, salmón, atún, trucha, pez, vela, cazón, langostas, langostinos, espinacas, cúrcuma asociado a pimienta negra, por mencionar algunos. Asimismo restringiendo la ingesta de sal, harinas y azúcares refinados porque impiden la absorción de zinc, magnesio, hierro y selenio. Restringir también la ingesta de carnes rojas y productos lácteos con su carbohidrato Neu5Gc que el humano no absorbe, generando inflamación y procesos autoinmunes. Por igual el trigo, avena, centeno y cebada ricos en gluten, que origina intestino permeable, y los alimentos enlatados, procesados y coloreados por su contenido en dioxinas, de papas a la francesa por su acrilamida y todos aquellos que contienen el corrosivo ácido fosfórico, gas carbónico, aspartamo, ciclamato, el colorante E-150 fructuosa en grandes cantidades como la Coca Cola y otras bebidas para no mortificar nuestras defensas.

Para concluir, tengamos presente la utilidad de los baños termales caseros y el drenaje linfático. Este último consistente en masajes suaves siguiendo el trayecto y localizando los vasos y ganglios linfáticos cuando es hecho por conocedores ayuda al drenaje de toxinas, material de desecho y microorganismos perjudiciales.

Termino con dos reflexiones:
1.- Para vencer la pandemia actual y evitar otras es necesario respetar todas las especies vivas o aparentemente inanimadas del planeta y cuidar la ingesta de carnes (especialmente de animales salvajes). “De la conducta de cada uno, depende el futuro de todos”. Dijo alguna vez Alejandro Magno.

2.- En tanto no accedamos al prometedor Remdesivir, o a una Vacuna Mexicana, la fortaleza inmunológica de cada quien es lo único que tenemos y aunque hay sustancias inertes -atóxicas que curan cuando se cree ellas, mediante efecto placebo, sin violar el axioma médico “curar sin dañar”, hay otras en el mercado que sin cumplir con este principio, ganan adeptos, con el riesgo que conlleva. Me refiero a la Molécula Mineral Milagrosa del explorador Jin Humple y su hermano Dióxido de Cloro del señor Andreas Kalcker. Ambas generan oxidación que no es lo mismo que oxigenación, no obstante que el oxígeno es protagónico en las dos. Para oxigenar a los tejidos, este gas debe montarse en la proteína llamada hemoglobina a nivel alveolar mediante una diferencia importante de concentración o bien desde el plasma por medio de una diferencia significativa de presión al introducido por vía oral; ninguna de esas vías es posible, no hay un mecanismo descubierto hasta la fecha, si éstos personajes ya lo encontraron, los propongo para el Nobel de Fisiología Medicina; en tanto eso sucede, le voy más al té de hojas de guayaba.

Dr. Ricardo Ramírez Ramírez

Médico Pediatra (UNAM); Presidente de la Asociación Colimense de Consumidores ; activista social.

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