Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

 

En el tema de la pandemia, como en el de la política, las visiones están polarizadas. Por un lado, hay ciudadanos que no creen en el coronavirus; por el otro, los hay que están muy consciente de su peligrosidad. Son posturas radicales que están marcando ya la propia dinámica de la emergencia sanitaria y que harán que nos vaya bien o mal con la pandemia, pues mientras el porcentaje de no creyentes sea alto (como lo es), el número de contagios y de muertes seguirá subiendo exponencialmente, y la capacidad de mitigación del Estado quedará reducida a polvo. Por lo demás, al verse imposibilitado el gobierno (de sus tres órdenes: federal, estatal y municipal) para crear un plan de contingencia eficaz con el cual se pueda realmente paralizar por un tiempo a la sociedad para mitigar la ola de contagios, no ha tenido más remedio que dejar en manos de la propia sociedad la responsabildad de cuidarse o no cuidarse (de tomar las precauciones o no) de la pandemia, una sociedad que, como ya dije, tiene un gran porcentaje de ciudadanos que no creen en ella y a los que por tanto no les importa protegerse ni proteger a los demás. Por eso, ahora que volvimos a la Nueva Normalidad, y que muchos negocios y empresas abrieron ya sus puertas, todo parece como si no estuviéramos en la etapa peor de la emergencia sanitaria. La población se volcó a las calles, inundó plazas y tiendas comerciales, se ha movilizado de manera escandalosa y, lo peor de todo, es que en su manera escandalosa y, lo peor de todo, es que en su mayoría todo esto se ha hecho sin los cuidados que la contingencia exige. De más está decir que en nuestra entidad entraremos en breve ya al nivel 3 de la emergencia sanitaria y, al paso que vamos, pronto alcanzaremos el nivel 4. Si el gobierno (federal, estatal, municipal) ha quedado reducido a ser un simple voceador del #QuédateEnCasa, porque en realidad no puede obligar a la ciudadanía a que cumpla con las normas de sanidad correspondientes ni tampoco puede penar a los negocios que siguen laborando, lo que en el fondo le está diciendo a la sociedad es que la responsabilidad de su muerte ha quedado en sus propias manos, de manera que si la sociedad quiere correr el riesgo aun sabiendo que el gobierno no puede ofrecer mucho más para contener la pandemia, pues que lo corra a su cuenta y riesgo. Lo que le queda, pues, al sector de la población que sí ha estado siguiendo con rigor la cuarentena y las advertencias del gobierno es continuar cuidándose de la misma manera que lo ha hecho desde el inicio de la cuarentena, pues prácticamente el gobierno, con las últimas disposiciones implementadas (como las de la mencionada Nueva Normalidad) ha dejado a este sector de la población al garete. Yo lo único que espero es que el Estado siga protegiendo, por lo menos, la integridad y salud de la población estudiantil de todos los niveles, no importa que los padres o tutores de estos estudiantes sean omisos en ello, pues de lo contrario pagarán entonces sí justos por pecadores. El panorama, como lo dije desde un principio que empecé a reflexionar sobre esta emergencia sanitaria, se advierte desolador, pues ahora ya poco o nada se puede hacer esos grandes sectores de la población que pudiéndose quedar en casa no se quedan, pudiéndose poner un cubrebocas más allá del pescuezo no se lo ponen y pudiéndose lavar las manos cada que la ocasión lo amerita no se las lavan. Es lo que tenemos, es lo que hay, y parece que esta Nueva Normalidad nos ha traído de regreso a esa tétrica sentencia que, lo queramos o no, cada quien ha de terminar rascándose con sus propias uñas.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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