Sergio Jiménez Bojado

COMO sociedad, la mayoría hemos sido tocados por la indolencia que acompaña nuestra participación política. Si nos tornamos indiferentes ante tanta pobreza y no somos capaces de levantar el dedo para señalar a los responsables, si hemos aprendido a someternos a la acción autoritaria de los políticos corruptos, ponemos con ello nuestro grano de arena para la continuidad de ese deleznable e injusto sistema social que padecemos.

La red de complicidades es enorme, crece y penetra en todos los ámbitos de la vida social, contaminando todas las actividades, desde la productiva, pasando por los servicios, el arte y la cultura, alcanzando las profesiones y la academia. Lo que es un derecho, porque por eso pagamos nuestros impuestos, se vuelve una necesaria complicidad de influencias y búsqueda de palancas, pues para ser recibido por algún alto funcionario, habrá que enfrentar la infame aduana de secretarias y secretarios de toda catadura, si no, cierran las puertas, incluso a la posibilidad de ser escuchado. Cualquier funcionario de alto nivel adopta la investidura y el despotismo de reyezuelo, consciente de que no va a ser denunciado, pues se teme que, de ser así, no habrá solución a nada.

Las reglas de la alta burocracia, desde el mismo Presidente, para atender y resolver cualquier asunto, porque sólo depende de su voluntad y no del derecho, toman, de principio, como medida el servilismo, sin chistar, que igual se puede ser recibido durante el sexenio, o en ningún momento. Por supuesto, nunca habrá una negativa clara, pero sí el traslado de los asuntos a funcionarios de tercer o cuarto nivel, que ya están adiestrados para decir que van a estudiar el asunto, para luego darle largas, hasta culminar con el cansancio del promovente.

Para obtener y conservar un empleo, de los miles que tienen que ver con las dependencias del Estado, la servidumbre es voluntaria y la complicidad sobreentendida, ya que los empleos no son sometidos a concurso del más apto, sino al de mejor palanca, o también se asigna al familiar más cercano del funcionario en el poder, sin rubor alguno.

Lo mismo para proveedores que están detrás de todas las empresas contratadas para la acción material e intelectual de gobierno. Antes era de todos conocido, cuando el PRI era el único partido “que ganaba”, de que el gasto de campaña era costeado por la “charola” que llenaban empresas, comercios y banqueros, al momento de la elección. A esa charola ahora le llaman “moches”, derivado de mocharse, compartiendo el hurto.

Las burocracias de los tres niveles de gobierno son útiles a la sociedad en un 50 por ciento, y es posible que exagere, pues puede ser mucho menos, pero lo que justifica y vale para el partido en el poder es su condición sobreentendida, de ser sordos, ciegos y omisos de lo que ocurre en sus fuentes de trabajo, junto a su disposición a votar por el candidato que se les indique.

De manera directa o indirecta, todo aquel que pretenda incluso hacer cultura o arte, termina jugando un tristísimo papel de bufón cortesano, por miedo a no tener beca o financiamiento público para su actividad; así también, la investigación y la ciencia, que no se dirigen a lo que más necesita la sociedad, sino a aquellos que aceptan la sumisión académica.

No descubro ningún hilo negro al decir esto de nuestra indolencia y complicidad, si somos estrictos y vamos al fondo de lo que ocurre en nuestra sociedad, tal y como la conocemos hasta ahora, pero la intención de decirlo es para que exista la posibilidad de ya no resignarnos y decir ¡ya basta!

Por ello debemos direccionar nuestra voluntad de participar en la elección de otro tipo de gobierno, de empezar por construir otra alternativa de Nación, de no volver a votar por los mismos, de darle una oportunidad a un movimiento social histórico como Morena.

Sergio Jimenez Bojado

Luchador social y Presidente del Comité Ejecutivo Estatal Morena.

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