PARACAÍDAS por Rogelio Guedea
La pandemia del Covid en nuestra localidad ha hecho los estragos suficientes (ya se espera incluso que colapse en cualquier momento nuestro sistema de salud) como para no bajar la guardia en ninguno de los frentes que ésta impone: ni en el político, ni en el económico, ni mucho menos en el social. Aunque no lo parezca o no se quiera reconocer, la pandemia es un asunto de todos, gobiernos y sociedad, e implica una corresponsabilidad de altísima conciencia. En ese sentido, nuestra máxima casa de estudios, la Universidad de Colima, ha estado llevando protocolos que me parecen ejemplares en tanto que han puesto su énfasis en la salud de sus trabajadores y estudiantes, la razón de ser de la institución. Pese a que han sido momentos de toma de decisiones difíciles en virtud de la poca coordinación que ha habido entre los diferentes niveles de gobierno, el rector José Eduardo Hernández Nava, con prudencia, ha sabido sortear cada una de las eventualidades que la pandemia ha traído consigo, y ahora lo que tenemos (desde el 27 de julio que se empezó con el nuevo esquema laboral) son una serie de protocolos que lo único que pretenden es salvaguardar la salud de los trabajadores y estudiantes, basado principalmente en que si el semáforo epidemiológico no está en verde, nuestra casa de estudios no tomará por ningún motivo decisiones que pongan en riesgo la salud de toda la comunidad, en especial de los más vulnerables. El respaldo que ha tenido el rector por parte de los líderes de estudiantes y trabajadores, Joel Nino y Luis Enrique Zamorano, respectivamente, y de los directivos, ha sido patente y congruente con una filosofía que sólo busca el beneficio de estudiantes y agremiados. La pandemia en nuestra entidad, como se sabe, está en un momento crítico y si bien las medidas universitarias están a la altura de esta crisis sanitaria, es importante que los estudiantes y trabajadores también lo estén, pues de nada sirve (pero de nada sirve) que las autoridades de la universidad hagan un esfuerzo enorme por mantener a salvo a la comunidad si la comunidad (o sectores de la misma) no ponen también de su parte y ven esto como esa oportunidad de salvaguardar su vida y no como una oportunidad para poder vacacionar más libremente, lo que no hará sino incrementar la espiral de contagios hasta hacer de la pandemia una historia sin fin. La
comunidad universitaria se ha caracterizado por ser una gran familia que, unida siempre, empuja hacia adelante y que es ejemplo de decisiones correctas en momentos de crisis como el que vivimos, y esta vez no ha sido la excepción. Ojalá que todos los universitarios sigamos unidos para enfrentar este momento tan complejo que nos ha tocado vivir y también seamos prudentes, tolerantes y sensatos porque siendo algo inédito habrá titubeos, errores, etcétera, que requerirán de nuestra solidaridad para poder enmendarlos y salir adelante de esta difícil situación.
Rogelio Guedea

Poeta y académico

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