TAREA POLÍTICA

Las transiciones entre los últimos gobiernos estatales priistas de Colima habían sido tersas, rechinando de limpias. Contentos quienes recibían y felices los que se iban con las alforjas llenas después de haber disfrutado seis años de poder y gloria. Aunque nostálgicos y anhelantes, todos avalaron sin chistar entregas y recepciones.
Para no ir muy lejos, el 01/11/2003 Fernando Moreno Peña le entregó la estafeta al hombre de todas sus confianzas, Carlos Flores Dueñas, a quien tanto le afectó lo que vio que se “infartó”. Repuesto de tan tremendo susto, un par de meses después le transfirió el mando al también profesor normalista como el, Gustavo Alberto Vázquez Montes.
Gustavo Alberto tampoco denunció excesos cometidos por el gobierno fernandista-carlista, pero justo cuando empezaba a sacar las uñas se cayó de la nube en que andaba como a 8 mil metros de altura. A la muerte del tecomense asumió la gubernatura el tercer gobernador normalista al hilo, Arnoldo Ochoa González, quien también encontró todo en perfecto orden.
A pesar de que quien le recibió a Ochoa González, mediados de 2005, la gubernatura para un periodo de cuatro años, Jesús Silverio Cavazos Ceballos, había jurado aplicársela a Fernando Moreno Peña, terminó por taparle las trapacerías que el mismo le atribuía. La misma historia, corregida y aumentada, se repitió con Mario Anguiano Moreno respecto de Jesús Silverio Cavazos Ceballos cuya violenta muerte dejó ricos a sus familiares y prestanombres. En esa transición los funcionarios salientes no se presentaron a hacer la entrega-recepción de sus cargos. El papeleo lo realizó Alfonso Hernández Ochoa. Todo fue en familia.
Mario hizo de tripas corazón, apechugó, tapó lo que tuvo que tapar, creyendo que podría campear el mal temporal y que del mismo cuero saldrían más correas, calculo que le falló de pe a pa porque, entre otras cosas, sus voraces funcionarios no esperaron a que la administración marista se repusiera del quebranto silverista para entonces empezar a robar.
Con tal historial de complicidades entre gobernadores priistas salientes y entrantes, Mario Anguiano Moreno seguro estaba de que la libraría como lo hicieron sus antecesores en el cargo, pero el gozo se le empezó a ir al pozo cuando a pesar de que finalmente José Ignacio Peralta había logrado ya la por él tan anhelada calidad de gobernador electo, mediados de febrero de 2016, su linchamiento no sólo no terminó si no que fue intensificándose al grado de que los peraltistas lo tienen ya en la mira de la justicia penal.
Algo muy grave debe haber pasado como para que el sistema haya decidido no perdonar a un ex gobernador priista como Mario Anguiano Moreno que tiene el dinero suficiente para llevar una exitosa defensa jurídica contra las acusaciones que le enderecen Gobierno del Estado, OSAFIC, y Congreso del Estado. MAM y su gavilla hicieron ya una polla multimillonaria para contratar los servicios de los mejores abogados defensores de gobernadores sinvergüenzas del país, así es que lo más seguro es que librarán las rejas y conservarán la mayor parte del dinero que se embolsaron.
EL ACABO
La fórmula no falla: hay que robar, pero de lo robado hacer un buen guardadito para la contratación de los mejores abogados en caso de caer de la gracia del sistema.

 

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