Vislumbres

Error de formación.-

Tanto los periodistas como los historiadores tenemos un mismo error de formación y pecamos muchas veces de parciales al dedicar nuestro tiempo, análisis y fuerza de trabajo para comentar (casi únicamente) los aciertos, los desaciertos y tarugadas que cometen los políticos, los famosos y los poderosos en turno, como si no hubiera más temas que abordar, o como si al margen de lo que hacen y deshacen los encumbrados en turno, no hubiese nadie haciendo cosas incluso más interesantes que ellos, como los científicos, los escritores, los salineros, los campesinos, el panadero del barrio, el ordeñador del rancho fulano, o el pescador que esta madrugada a solas, en la mar abierta, capturó sin ayuda de nadie un precioso marlín que mañana estará en la mesa de los restaurantes o de algunas casas, donde los comensales, completamente ignorantes de su origen y de su captor darán muy sabrosa cuenta de él, convertido ya en manjar.

Para paliar aunque sea un poco de esa terrible omisión, hoy haré caso omiso de toda esa fauna nociva para dedicar este espacio a unos individuos que, contrario a la confesión de Enrique Peña Nieto, no sólo han leído más de tres libros, sino muchísimos más, y escrito, también, unos cuantos.

Comenzaré por aludir a un libro que lleva el título de una conocida canción de Marco Antonio Solís…

“Si no te hubieras ido”.- 

En diciembre pasado, días antes de la Navidad, el escritor colimense Rogelio Guedea nos obsequió a un pequeño grupo de amigos, un libro de poemas de su autoría que le publicaron en 2014 en Nueva Zelanda, mientras estuvo allá como catedrático en la Universidad de Otago. La edición viene en formato bilingüe español-inglés y tiene, por eso mismo, el doble mérito de estar muy bien escrito en ambos idiomas.

Antes de entrar directo al análisis de la obra en comento, debo confesar a nuestros (tal vez muy pocos lectores) que no soy muy afín a la poesía del siglo XXI, que muchas veces me parece despatarrada, brincando sin ton ni son de un tema a otro, y utilizando supuestas metáforas que nada me dicen acerca de un acontecer imaginativo, sentimental, onírico e incluso real, porque les falta coherencia. Pero, más allá, sin embargo, de lo que este redactor pueda opinar en lo general, siempre resulta que hay casos y poetas con los que uno logra “conectarse”, como me pasó ahora con dicho texto de Rogelio.

El título viene cabalmente “al pelo” de lo que los poemas que contiene el libro, pues hablan de un período perfectamente ubicable en el tiempo, que abarcó un mes y dos días, entre el 20 de octubre y el 30 de noviembre de 2013, cuando Blanca, la musa y compañera del poeta, se marchó de su residencia en Otago de regreso hacia México, dejando al autor, como sucede siempre a los hombres dedicados a las abstracciones, desorientado y solo, incapaz de freírse un huevo para desayunar, de tender la cama al levantarse y hasta de lavar los calzoncillos usados que poco a poco se van amontonando en el cesto de la ropa sucia.

Y por supuesto que hay una alusión-homenaje al Buky, cuando en el octavo poema dice: “Estoy escuchando a Marco Antonio Solís/ quien canta: “El frío de mi cuerpo pregunta por ti/ y no sé dónde estás. / Si no te hubieras ido sería tan feliz”.

Uno podría preguntarse cómo es posible que un cantautor popular pudiese inspirar a un poeta internacional y de altos vuelos como es Rogelio, pero ¿a poco no son las canciones (no todas) poemas? ¿Y no han inspirado José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel a muchos otros compositores y a muchos otros poetas? De ahí, pues, que como la nostalgia siempre hiere a quien se siente solo, los versos de la canción del Buky resultan estremecedores, sumamente evocativos para quienes, como Rogelio, no sólo se miran (o miraban) en su casa vacía, sino lejísimos, además, de la tierra de sus amores. Como les resultaron en su oportunidad, a “Los Mojados” que, mientras escuchaban el rasgueo de una guitarra en las noches de los campos estadounidenses, se ponían a cantar a coro la entrada de la Canción Mixteca y… “lloraban como los meros hombres”, diciendo junto con su desconocido autor: “Qué lejos estoy del suelo donde he nacido/ inmensa nostalgia invade mi pensamiento/ y al verme tan solo y triste cual hoja al viento/ quisiera llorar, quisiera morir, de sentimiento…”

En la Introducción, al libro de nuestro paisano, redactada en inglés por un tal Vincent O’Sullivan (al que supongo un catedrático amigo de Rogelio), y de la que haré una traducción bastante libre, precisa el dato de que “los 34 poemas que contiene esta colección […] son una secuencia de poemas de amor”, que en efecto fueron escritos cuando la esposa y los hijos del poeta hicieron un viaje a México, y que en ellos “hay una dicción y una sintaxis” en la que inusualmente aparecen, bellamente mencionados, todos aquellos nimios pero necesarios aspectos de la vida cotidiana de cada quien. Esos detallitos “ordinarios” de los que por lo regular uno, generalmente, muy poco se ocupa o presta atención. Lo que me parece muy cierto, y que ejemplificaré con unos cuantos versos, entre los que destaca un poderoso ritmo, que hacen de estos poemas dedicados a la sencillez de todos los días, sean incluso declamables: “Vi la nota que me dejaste adentro/ del refrigerador, sobre el queso italiano,/ todavía empaquetado [… hechas seguramente] de espaldas a mí, con tu mano precipitada/ […] nunca quito las notas del lugar donde/ las dejaste, me gusta volver a ellas de vez en vez […] sólo entonces tengo la certeza/ de que no te has ido” del todo, o permanentemente, podría uno añadir.

Y mientras va uno leyendo, descubre con empatía que lo mismo que le pasó ese mes con dos días a Rogelio, le pasó a uno también, más de una ocasión, como le pasó al Buky, y como seguramente le sucedió a muchos más, como aquellos siete mil paisanos que hace tres temporadas fueron a la plaza de toros La Petatera, de Villa de Álvarez, pagando cientos de pesos por su boleto, sólo para, entre otras cosas, escuchar en vivo, cantando al michoacano:Te extraño más que nunca y no sé qué hacer. Despierto y te recuerdo al amanecer… No hay nada más difícil que vivir sin ti… Si no te hubieras ido sería tan feliz…

Un libro, pues, el de Rogelio, que vale la pena leer y releer.

Sexto Coloquio Regional.-

Y ya que estamos encarrerados en temas que nada tienen qué ver con los políticos, los poderosos y los famosos en turno, quiero comentarles también que este próximo sábado 28 de enero se estará llevando a cabo en Jiquilpan, Michoacán, (ya éste con la categoría de Pueblo Mágico) el Sexto Coloquio Regional de Crónica, Historia y Narrativa, convocado por la Asociación de Cronistas de Pueblos y Ciudades del Estado de Colima, y por el Consejo de la Crónica del Municipio de Jiquilpan, con el tema genérico “Literatura vernácula en los estados de Colima, Jalisco y Michoacán”, y en el que han confirmado su participación Víctor Gil Castañeda, Víctor Manuel Arceo, Ada Aurora Sánchez, Berthaluz Montaño Vázquez, María del Carmen Villaseñor, Juan Manuel Almaguer Rodríguez, Ramón Ventura Esqueda, Crispín Calvario Zamora, José Salazar Aviña, Gloria Vergara, Enrique Ceballos Ramos y quien esto escribe, entre otros autores colimenses.

Con éste serán seis los Coloquios que se realizan con el fin de detectar, registrar y difundir las historias que por nuestra vecindad compartimos los habitantes de las tres entidades mencionadas, sobre todo las de los municipios colimenses, jaliscienses y michoacanos cuyas vidas giran, por así de decirlo, alrededor de los Volcanes de Colima, y no por menos el primero que se llevó a cabo se efectuó en la ciudad en Colima, el 20 de enero de 2011, bajo el tema, también genérico: El Camino Real de Colima y sus ramales, por considerar que aún ante la sorpresa de muchos habitantes de la región, este camino fue el antecedente directo de la Carretera Nacional que a mediados de los del siglo pasado terminó conectando México-Toluca-Morelia-Jiquilpan-Tecalitlán-Pihuamo, Colima y Manzanillo. Luego hubo otro Coloquio, en Cd. Guzmán, Jal. sobre las historias de los volcanes y pueblos de los alrededores. Uno más, el tercero, en Manzanillo, que titulamos “Relatos de Mar y Tierra”, por obvias razones. El cuarto volvió a ser en Cd. Guzmán, con motivo de las muchas historias y anécdotas que todos los habitantes de “Jaliscolimán” podemos narrar en torno a los terremotos que de cuando en cuando nos dan grandes sustos (por cierto, hace cuatro  días sumaron 14 años consecutivos después del que aconteció la noche del 21 de enero de 2003. Se supone que conforme a la secuencia histórica que tales estremecimientos tienen ya mero llega otro. Pero ¿cuándo sucederá? ¿Estamos preparados para ello?).

El Quinto Coloquio se llevó el sábado 18 de enero de 2016 en Tecomán, Col., y versó sobre las Emigraciones Familiares entre los estados de Colima, Jalisco y Michoacán. Tema importantísimo sobre el que muy poco se ha trabajado, no obstante hallarse en él la explicación, también histórica, social y antropológica de por qué nuestras poblaciones son, actualmente, tan heterogéneas.

En el próximo, de Jiquilpan, abordaremos, como ya dije, temas de “Literatura Vernácula”, es decir, novelas, cuentos y relatos de autores vivos y muertos de nuestra región que, habiendo escrito incluso con gran calidad, no son, sin embargo, muy conocidos, ya sea porque en sus días no había en toda esta parte de México una empresa editorial que los patrocinara, ya porque, aun habiendo publicado, no se les ha dado difusión a sus textos y están “escondidos”, diríamos, en sus respectivos pueblos o ciudades, cayendo poco a poco en el olvido.

Van temas (ya los vi) muy interesantes, como el de una reseña de la novela La Mariposa del Estero, de don Enrique López Rivera, documentado por el maestro Víctor Gil Castañeda, gran conocedor de estos asuntos.  Hay otro sobre la corta vida de Gustavo Lupercio, joven autor colimense arteramente asesinado cuando ya se había convertido en toda “una promesa para la Literatura colimense y jalisciense”, escrito por Enrique Ceballos. Uno más del poeta y escritor Víctor Manuel Arceo, referido a un encuentro circunstancial que tuvo, en algún pueblo michoacano, cuando fue profesor rural, nada más y nada menos que con don Lázaro Cárdenas, ex presidente de México.

Imposible se me hace referir en este corto espacio todos los autores y temarios participantes, pues dan un total de 31. Pero lo que sí les puedo afirmar es que, si no nos sucede un accidente, el Sexto Coloquio saldrá muy bien, y tendremos la oportunidad de reseñarlo en nuestra próxima colaboración aunque, insisto, nada hablemos en ella de política y todas esas negras tramas.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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