El burladero por Fernando Herrera
“Un mono puede que sea gracioso, pero no tiene arte porque le falta elegancia”.
Antonio Escudero “El Torero de Embajadores”.
Recientemente en esta pandemia se me ha venido en mente un debate, algo que
siempre se discute entre los aficionados a la fiesta más grande del mundo, la
fiesta de los toros, es algo que he discutido con mis compañeros con los cuales  comparto afición, el debate entre la técnica, el arte y la valentía.
Sea al  nivel que sea, no es sencillo el conocer y dominar el toreo, para eso ,
como diría el personaje de ficción Juncal, se debe estar con los avíos por alrededor de ocho horas diarias, se debe de  conocer al toro en todos sus aspectos
y sobre todo uno debe de conocerse a sí mismo, cualquier duda interior no tiene
espacio dentro ruedo ya que ahí la verdad siempre saldrá, se revela el toro y se
revela el hombre.
Así como un jinete, un boxeador o un futbolista, la técnica se gana con
tiempo y la dedicación, el saber qué pase ejecutar, cuándo y cómo es cuestión de
ese sentido de enfoque en el momento y premeditación hacia el futuro durante la
acción que se ejecuta, conocer los detalles y realizarlos metódicamente sin
importar que esos sean con la frivolidad de una maquina o con la candencia de un
catorce de febrero por la noche, pero el arte es entrar a otro nivel.
Los grandes toreros llegan a tener técnica, unos más pulida que otros, pero
los toreros enormes, de tronío, esos que sacuden plazas haciéndolas temblar con
cada elegante pisada desde el paseíllo, esos a la técnica le ponen un extra,
porque una cosa es torear y otra es sentir el toreo, otra cosa es que se sienta, no
la emoción por los aplausos, sino la emoción por la unificación de los dos seres en la arena. Cuando esa conexión es tan honda hace que uno arroje el manual conocido para en su vez realizar pases que le nacen de lo más profundo del alma, deshaciéndose de las normas y rompiendo las barreras de la normalidad así como lo hacía Esplá al poner banderillas cual bailarín de ballet, así como lo hace Morante al resucitar las suertes de antaño o como lo hacía El Pana al tirar su muleta a manera de enorme soberbia.
El arte es lo que hace que uno con ojos llorosos grite desde su pecho la palabra
Olé como haciendo un llamado a Dios (Allha) a causa de la inefabilidad de expresar los sentimientos que a uno invaden, esa es la diferencia entre el arte y la. técnica, Ahora ¿qué es lo que pasa con la valentía?; muchos confunden la valentía con el arte, cosa que se encuentra alejado de la realidad, veamos que mientras la técnica nace de la práctica y el arte del corazón, pues la valentía (a experiencia de un servidor) viene de la cabeza, viene de aprender a ignorar esa resistencia que trata de jalar a uno para que vaya en otra dirección, es la fuerza que hace poner un pie en frente del otro y sacar el pecho para adelante, hace que uno se quede quieto dando un muletazo o lo que hace que uno se arrime al poner las banderillas.
Hay muchos tipos de toreros, muchos aprenden la técnica, otros aprenden
a que la valentía triunfe contra el miedo, pero el arte no se aprende, esta necesita
de tanto la valentía como de la técnica para poder externarla, pero ese
sentimiento, esa chispa con la que se encienden las llamas de la elegancia y la
pasión se lleva en la sangre desde que se nace, solo que en ocasiones solo se
necesita encontrar como darle ese empujón para que la rueda avance.
Fernando Herrera

Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Guadalajara y Secretario de la Peña Libre “Tomás Abaroa”.

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