ESTACIÓN SUFRAGIO por Adalberto Carvajal

A quien programó las fechas del Sábora Fest 2020 deberían nombrarlo director del servicio municipal meteorológico. Gracias a que eligió un fin de semana entre uno y otro frente frío, apenas la noche del domingo 2 de febrero cayeron sobre asistentes y expositores las gotas aisladas de una lluvia que se desató en la madrugada y se prolongó a lo largo del lunes 3.

Para espantar las cabañuelas, el alcalde capitalino Leoncio Morán debe haber enterrado un machete en lugar del cuchillo. Lo cierto es que restauranteros y vinicultores que se dieron cita en la cuarta edición del “comida fest” no podrían alegar, como el año pasado, que les fue mal por una mala elección de fechas.

Fue cosa de suerte. La administración de Héctor Insúa pensó realizar este evento entre el final del docenario guadalupano y las festividades de Navidad, no sólo para aprovechar el pago del aguinaldo. Y por eso, cuando Locho movió el festival a enero, la Canirac se preocupó ya que en el benigno invierno colimense es latente el riesgo de lluvia.

Sin embargo, el festival gastronómico y enológico de este año fue un éxito comercial y social. Gente de toda la zona metropolitana se concentró en el Jardín Libertad, en un ejercicio de convivencialidad (como dijera Iván Illich) que revela la urgente necesidad que tenemos de recuperar los espacios públicos y reconstruir el tejido social de la manera más eficaz que ha encontrado la humanidad a lo largo de su historia: creando comunidad.

COMEDOR COMUNITARIO:

Ignoro cuanta rentabilidad política tendrá el festival para Locho, aspirante natural y declarado a la gubernatura. No es preciso decir que el edil se dio un baño de pueblo, porque la oferta de vino tinto y quesos determina un enfoque más bien elitista del festejo.

Eso no le impidió a Morán Sánchez sumergirse en la masa y disfrutar de uno de los privilegios del poder que tan bien entendió el gobernador Gustavo Vázquez: cantar, por ejemplo, con Carlos Cuevas.

Además de una numerosa concurrencia (que en promedio de jueves a domingo rebasó la de los días de más baja asistencia del Festival del Volcán), en este Sábora Fest se rompió otra barrera: la que separaba a los establecimientos de alimentos y bebidas que operan en los portales, especializados en la venta de cerveza, y los expositores de vino.

Todavía el año pasado, los empleados de bares y restaurantes veían a los demostradores de los stands como una competencia desleal. Pero esta vez el Ayuntamiento consiguió que toda el área de mesas, en el arroyo de las calles Madero, Degollado e Hidalgo funcionara como un food court o comedor comunitario.

VINO EN LUGAR DE CERVEZA:

La idea contraria a la tendencia de convertir a las plazas comerciales en los nuevos centros urbanos, que se dio como consecuencia de ese proceso en el que los habitantes de la periferia dejaron atrás el casco viejo de las ciudades, es rehabilitar el primer cuadro y convertir a la antigua calle principal y a la vieja calle del mercado en un mall a cielo abierto.

Y lo opuesto al concepto de competencia comercial, es prestación colaborativa de servicios. A un mesero de la Chapultepec le oí decir a unos clientes que las mesas de esa cervecería estaban disponibles, con toda confianza, también para los comensales de las casetas de vinos, quesos y carnes alrededor del jardín.

Es más, les recomendó disfrutar de la fugaz oportunidad de disfrutar platillos y bebidas que no se encuentran normalmente en el primer cuadro: “Nosotros siempre vamos a estar aquí, pero es el último día de probar lo de enfrente”.

Por lo demás, el Sábora Fest le dio al recién inaugurado Salón Moctezuma del DMT la proyección que necesitaba para posicionarse como un espacio adulto, a diferencia del bar de chavos que con las mismas siglas sigue funcionando en el portal Hidalgo.

LA VACA, LA MISMA VACA:

El prietito en el arroz fueron las bocinas. Si gastaron tanto en la renta del escenario y las luces, ¿por qué no contratar a un buen ingeniero de sonido?

Los errores que impidieron la presentación de Ximena Sariñana la noche del Grito, causaron el despido de un alto funcionario en la Secretaría de Cultura. ¿Quien pagará en el Ayuntamiento de Colima los platos rotos por la pésima microfonización en los espectáculos de Aranza y Carlos Cuevas?

No debe haber sido por falta de dinero, los módulos de los expositores son las mismas casitas que mandó hacer Davide Arena. Y la conducta de los visitantes, pese al alto consumo de alcohol, no hizo necesario un mayor despliegue de seguridad.

El sello del finado publirrelacionista italiano, creador del Sábora y del Volcán Fest, quedó plasmado también en el feria de Tecomán, aunque en la capital mundial del limón lo más gourmet del área de restoranes haya sido Livorno’s.

Pizza, sushi y crepas compitieron en el recinto ferial con los infaltables tacos que, en Tecomán, son toda una aportación a la cultura gastronómica universal.

En realidad, el toque de sofisticación corrió a cargo de los carniceros de Becerra que este año se llevaron a la feria de Tecomán la vaca que, durante más de un lustro, estuvieron asando a la leña en la capital.

CAPITAL MUNDIAL DE LA FIESTA:

Para el alcalde Elías Lozano, el mayor reto de la feria tecomense no fueron tanto las amenidades disponibles para el público como la seguridad.

Con uno de los índices más altos de homicidios dolosos en el país, era todo un desafío para los guardianes del orden garantizar la tranquilidad de las familias en un espacio potencialmente conflictivo como el palenque de gallos, pero también en entornos novedosos como el de los conciertos masivos gratuitos.

Hasta donde sabemos, hubo saldo blanco en la feria de Tecomán y eso es en sí un logro mayúsculo.

Como sea, la amenaza que supone el clima de violencia criminal no disuadió a las familias del municipio a la hora de apropiarse de las calles. El día de la Candelaria, como es costumbre, la población se volcó en la procesión de la imagen y la liturgia religiosa.

Puede que la asistencia al recinto ferial se haya desalentado por la situación económica del municipio, sumida en una crisis en el sector agrícola desde hace dos décadas, mas no por el temor a verse envueltos en una situación peligrosa. Además, para los tecomenses, la fiesta es la fiesta.

P.D. Gracias a quienes advirtieron el equívoco en una columna anterior. Ciertamente, “el señor de Tepames” descansa en paz. Mario Anguiano es “el señor de Tinajas”.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en: www.carvajalberber.com y sus redes sociales.

Adalberto Carvajal Berber

Analista Político

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