Abelardo Ahumada

VISLUMBRES por Abelardo Ahumada.

El pasado 6 de noviembre un reportero del periódico digital Mileno TV/ Jalisco, publicó una entrevista que algunos días atrás le había hecho al ciudadano JIPS, quien dio allí la impresión de ser un individuo agudo y de respuesta rápida, pero que comenzó a cascabelear cuando el reportero le preguntó cuántos muertos más habría que esperar antes de que disminuyera la inseguridad que ha prevalecido durante su gobierno. Y fue entonces cuando el alegre mandatario cambió su semblante y, “aunque usted no lo crea”, afirmó: “No es un tema de contabilizar los muertos, sino un tema de tener estrategia, de hacia dónde debemos llevar… la seguridad”. Añadiendo inmediatamente que en ese punto “hay algo muy importante: la seguridad no es un tema de estadísticas, es un tema de percepción. Y por lo tanto debemos trabajar para crear claramente la sen-sa-ción de que Colima es nuevamente un estado seguro”.

“¿Tema de percepción?” – le preguntó, aparentemente incrédulo, el entrevistador. Y JIPS afirmó con la cabeza y lo repitió a viva voz: “Tema de percepción… Que lo escuchen los alcaldes y que lo escuchen quienes lo tengan que escuchar: la seguridad es un tema de percepción”.

Hace dos días, sin embargo, mostrando un atrevimiento y una valentía que ninguno de los varones domados de la política local había expuesto, la licenciada Martha Zepeda, reconocida perredista cuahtemense, se atrevió, sin pronunciar una sola palabra, a dar un rotundo “mentís” al mandatario priísta, depositando sobre la acera de la Casa de Gobierno, en la calzada Galván, varios bultos envueltos en bolsas negras, simulando ser otros tantos cadáveres de los muchísimos que cada semana aparecen en distintos rumbos de la entidad, ésos sí muy reales.

Algunos compañeros del equipo de la valiente perredista tomaron rápidas fotos de los presuntos despojos, y lo mismo hicieron algunos paisanos que iban pasando en coche o a pie por ahí, y de inmediato las “subieron” a las redes electrónicas, generando con ello la inicial “percepción” de que un grupo de rufianes habían cometido una masacre y se habían atrevido a ir a dejarle a JIPS y sus guardias, en sus propias narices, las evidencias sangrientas. Pero no era así.

Al rato, cuando se comenzaron a clarificar los hechos, y se comenzó a difundir la idea de que todo aquello había sido “armado” para protestar por tanta violencia frente a la mismísima casa donde despacha el gobernador, no tardaron los medios que le $on afine$ en recriminar el proceder de la ex candidata perredista a la gubernatura, acusándola de hacer todo eso para llamar la atención sobre su persona y su partido, cuando la idea era totalmente a la inversa, pues el propósito de construir ese macabro escenario en la banqueta de la Casa de Gobierno (donde al parecer no habita mucho su principal inquilino), era para que éste se diera cuenta de que los cadáveres de los asesinados siguen cayendo, hasta por docenas cada semana, en los más diferentes puntos de la entidad.

Convengo en que la idea de Martha Zepeda tal vez no sea muy sutil, que digamos, pero admiro su valentía. Y, por otra parte, le reclamo al gobernador que no sólo no haya cumplido su promesa de que de ganar él la elección viviríamos en un estado seguro, sino que siga empecinado en tratar de hacernos creer que “la seguridad no es un tema de estadísticas, es un tema de percepción”. Y que en vez de afrontar los hechos, siga pensando que lo que se necesita hacer al respecto es “trabajar para crear claramente la sen-sa-ción de que Colima es nuevamente un estado seguro”. Porque la mayor parte de los ciudadanos tenemos la sen-sa-ción de que todo lo que presenciamos es exactamente al revés de lo que él afirma.

Prueba de ello es que por aquí muy cerca, apenas a unos cuantos kilómetros de la frontera estatal con Jalisco, se acaba de inaugurar, antier, un cuartel más del ejército para resguardar el área y combatir los cárteles. ¿O no fue para eso?

CAMBIO DE NOMBRE. –

Hace 10 días comenté aquí mismo que “de las tres coaliciones electorales que se registraron” para contender por la presidencia de la república, “la que involucró al PRI, al PVM y al Panal […] es la que tiene el nombre más feo, menos original y con menor arrastre, porque en vez de invocar por ejemplo un ideal, invoca el perfil de un individuo presuntamente apartidista y por eso mismo neutro, que no se ha comprometido con nada y con nadie. Y no por menos su coalición se nomina: Meade Ciudadano por México”. Un feo título, sin lugar a dudas.

No creo que los mandamases de dicha coalición, ni que “el ciudadano Meade” hayan leído mi artículo, pero todo parece indicar que algunos de los cerebritos que lo acompañan  habrían llegado  a una conclusión similar desde antes, pero que como la iniciativa había surgido del cerebro sobrecargado “del preciso” (al que no se atreven a contradecir), buscaron mejor el modo de darle la vuelta sin ofenderlo, y lograron que el día 4 de este mismo mes, algunos de los “hombres de sus confianzas”, de los que lograron colocar en el INE, sacaran una argucia legal, y les dijeran a EPN y a los del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, que la denominación Meade Ciudadano por México, violenta la legalidad imperante porque “afecta la equidad de la contienda”. Y les pusieron diez días de plazo para cambiarle el nombre.  Pero ni por eso se pusieron a buscar el modo de ser mínimamente originales, y acabaron poniéndole el vago y difuso nombre de “Todos por México”. A sabiendas de que, al menos en las encuestas publicadas hasta hoy, “todos ellos” son minoría. Tal y como si al nominar a la coalición de esa manera tan poco original, nos estuvieran dando a entender que para nada importa cómo se llame, porque ya se dieron cuenta de que su candidato presidencial simplemente no pega, no entusiasma, no convence a nadie.

LA INFLUENZA ESPAÑOLA. –

Hace 100 años, cuando el mundo comenzaba a respirar con cierta tranquilidad esperando el fin de la Primera Guerra Mundial, se comenzó a experimentar una extraña serie de muertes que en un principio no parecían estar relacionadas entre sí, pero que más tarde, al incrementarse en muchas partes del mundo, y al presentar síntomas muy parecidos, los sistemas sanitarios de varios países comenzaron a identificar como su posible causa una “gripe aviar”, cuya cepa estaba pasándose a los seres humanos y contagiando, incluso, a perros y gatos. Unos animales que por lo regular nunca se contagian por tener contacto con aves enfermas.

Se sabe que el pico más alto que alcanzó esta pandemia ocurrió con la llegada de los meses más fríos tanto en Europa como en Norteamérica, pero que, igual ocurrió en Rusia y en China, donde los enfermos fueron sencillamente incontables.

Pero la versión que mayormente se difundió para tratar de explicar la causa inicial de la dispersión de esa cepa mortífera, fue que en un laboratorio biológico perteneciente al ejército de los Estados Unidos, se les había “escapado”, por decirlo así, en un descuido, “un agente infeccioso letal” que contagió a unos primeros soldados del Fuerte Riley, Kansas, en los primeros días de marzo de ese año, sin que se tomaran las debidas precauciones para evitar más contagios en otras instalaciones militares, creyendo, tal vez, que era una “simple variante” de la gripe invernal. Habiendo sido eso lo que propició más contagios entre los soldados que estaban siendo enviados a combatir en Europa, donde tras entrar por Francia, el virus mutó y se hizo más dañino aún, contagiando también a la población local. Dispersándose posteriormente por casi toda Europa.

En México acababa de concluir la fase armada del movimiento revolucionario, y muchísimas personas no se habían repuesto aún de la pesadumbre de haber perdido a más de alguno de sus seres queridos, y no había, tampoco, las condiciones económicas para superar el hambre, ni para comprar medicinas, ni cosa por el estilo. Por lo que no tardaron en aparece también, numerosos paisanos de las zonas de Veracruz y Puebla que comenzaron a padecer los síntomas de aquella “gripa” mortal que, según creían, les habían contagiado algunos viajeros que llegaron hasta dicho puerto, procedentes de España. De ahí que al menos en México la prensa, basada quizá en la declaración de algún médico, comenzó a denominarla “Influenza Española”.

No hubo, fuera de las resistencias naturales propias de algunos cuerpos, ninguna vacuna que protegiera a nadie de dicho contagio, y se creé que mientras dicha mortífera pandemia produjo en México más de 300 mil víctimas, en el mundo habrían llegado a ser unos 40 millones. Cifra imprecisa por lo demás, pues por aquel entonces no había aún los medios suficientes para registrar las causas que generaban una mortandad semejante, y porque hubo pueblos, regiones enteras, donde prácticamente no quedó nadie que pudiera testificar al respecto.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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