José Luis Santana Ochoa

TAREA POLÍTICA

Los diputados locales de los partidos Revolucionario Institucional, Verde Ecologista de México, Nueva Alianza y del Trabajo, más los pri-dependientes Nicolás Contreras, Luis Ayala y Francisco Javier Cevallos, y los pedro-peraltistas Julia Jiménez, Riult Rivera y Crispín Guerra, acaban de imponerle a la industria restaurantera y de alimentos condimentados su draconiana “Ley que Establece las Bases Mínimas para el Control de los Sonidos, Músicos Ambulantes y Explotación de Aparatos Musicales para el Estado de Colima”, sin que la pandilla de diputados locales al servicio de José Ignacio Peralta y los asesores jurídicos de éste les dijeran a los por ellos perjudicados con tan insensata disposición “ni agua va”, sólo el clásico “se chingan o se joden, cabestrean o se ahorcan”.  Ni los oyeron ni los escucharon.

Los significativos avances logrados por CANIRAC – Delegación Colima en beneficio del ramo  bajo el atinado liderazgo de su presidente Arquitecto Sergio Contreras Ochoa (ORIGEN LATINO), el vicepresidente Felipe Santana Linares (LA CUMPARSITA); el secretario Alejandro Peña Anguiano (Adobe Pizza); el tesorero Guillermo Santana Rodríguez (LA MEDUSA); el vicepresidente de afiliación Rodrigo Ramírez Vargas (COMALA); y el vicepresidente de capacitación Guillermo Jordán Lezama (Happy Pizza), se los echa abajo la insensata ley que es una raya más al cada días más fastidiado tigre. Si no protestan el ultraje, mejor será que le vayan de una buena vez entregando sus negocios a la CTM para que se los administre a placer.

La dirigente de la Federación de Trabajadores del Estado de Colima (CTM) está en todo su derecho de velar por lo que ella crea sean los intereses de los músicos afiliados a su negocio sindical, pero no a valerse de su camiseta de diputada local para llevarse al baile a sus propios compañeros de  la bancada nachista al  imponer leyes que a todas lucen van en contra de la economía de mercado, la libre oferta y demanda de servicios, y el derecho de los empresarios a elegir sin cortapisas de ningún tipo el segmento de clientes que deseen atender en sus establecimientos, incluida la ambientación que puede ir del silencio total a la música en vivo del género que tengan a bien determinar y con los ejecutantes de su preferencia.

Como ni la señora Larios Rivas ni el asesor jurídico de José Ignacio Peralta se dignaron escuchar a los principales destinatarios de su “Ley de Herodes” , los empresarios afiliados a CANIRAC- Delegación Colima,  a quienes por cierto agarró ocupados en la preparación del “Picnic” que con gran éxito se realizó los días sábado y domingo anteriores en el jardín de la colonia “Lomas Verdes”, luego que no se asusten ni se espanten cuando las huestes de Contreras Ochoa, incluidos los moteros (de moto, no de mota)  que ya acreditaron su músculo cuando se opusieron a otra aberración como la “Ley Chaleco” les caigan a quienes levantaron sus dedos para aprobar la aberrante disposición que les da a los músicos el derecho de entrar a cualquier establecimiento, “siempre y cuando sean requeridos por un cliente del lugar” y “requerir” al grupo musical que se les antoje.  Avisados están.

O sea que si Juan de la Chingada llega, por ejemplo, a “Las Cavas de Don José”, al “Café La Buena Vida” o a “Cronos”, y “requiere” un conjunto norteño o una banda de allá mismo para que le toquen la música de su preferencia, puede hacerlo así espante a toda la demás clientela que no comparta sus altisonantes gustos, gracias a la “Ley Graciela Larios Rivas”. Igualmente  sucederá cuando los mismos restauranteros o cantineros participen en las próximas ediciones del  Festival del Volcán, el Sabora Fest y el Picknick, pues bastará con que cualquier cliente “requiera” los servicios de un grupo musical de rompe y rasga para convertir el ambiente en uno propio de los centros botaneros.

Así el abarrote, adiós para siempre adiós a los empeños del arquitecto Sergio Contreras Ochoa y su equipo de fortalecer y proyectar a CANIRAC-Colima para posicionar la oferta restaurantera colimense a la altura de las mejores del país y hacer de Colima un destino gastronómica cada vez más visitado por turistas de aquí, de allá y de acullá´, pues en adelante primero serán los intereses de los músicos cetemistas de Graciela Larios Rivas y después los de la clientela en general de los restaurantes.

EL ACABO

  • Enemiga declarada de la simplificación administrativa y de la libre empresa, la absurda “Ley Graciela Larios Rivas” les impone a los empresarios la obligación de tramitar licencias municipales anuales para el funcionamiento de sus aparatos musicales.
  • Si los restauranteros, cantineros, fiesteros y demás promotores de la actividad gastronómica-etílica-erótica- musical no protestan con decisión y todos los medios a su alcance por la criminal embestida de la aberrante “Ley Graciela Larios Rivas”, si se agachan y apechugan, los cetemistas les van a ver hasta el esternón.
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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