Vislumbres por Abelardo Ahumada

Les sobró dinero y… se lo clavaron.

¡Ese Nico! En su función como presidente de la Comisión de Gobierno Interno del Congreso del Estado, el Profe Nico arrancó la semana laboral con una entrevista mañanera en la que dio a conocer que, según algunos datos que les acaba de brindar el Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental (Osafig), sus no muy estimados colegas de la Legislatura anterior se autorizaron algo así como unos bonos de marcha. Pero con un dinero que el Congreso no tenía autorizado para tal propósito. Tal y como si a la chacha que fue por las tortillas o por el pan le hubiera sobrado un resto del dinero que se le dio, y en vez de devolverlo hubiera querido quedarse con él, o gastárselo en la compra de unos calzones nuevos.

Según se desprende de las palabras de Nico, Martín Flores Castañeda, su antecesor en el cargo, y coordinador aparte de los diputados priistas, al ver ese sobrantito “se volvió generoso” y dijo “pues vamos repartiéndonoslo” en forma de “bonos”.

No explicó el declarante a cuánto ascendió el botín, pero nos queda claro que, de ser cierto lo que se presume, así hayan sido diez pesos pa’ cada uno, ningún derecho tenían para repartírselo, porque ese dinero jamás fue suyo. Lo que nos lleva a concluir que si no era suyo y se quedaron con él, se lo robaron. ¿O no?

La conclusión no está equivocada. El problema, sin embargo, es que todos esos ex diputados tenían poder y algunos aún lo tienen. ¿Quién, en Colima, ha tocado alguna vez a los intocables?

Renuncia al Osafig

Por otra parte, justo el día 16  (patriótica fecha) se supo que Enrique Michel Ruiz, Auditor Especial de Obras del famoso Osafig (Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental), se había visto orillado a renunciar, declarando que tal acto se derivó de las muchas presiones que durante meses estuvieron haciendo los actuales diputados locales priístas al Auditor Superior del Estado, Armando Zamora González.

Para casi ningún lector habitual es desconocido el hecho de que dichos legisladores priístas pusieron el grito en el cielo desde que la antigua mayoría panista apoyó al ingeniero Michel Ruiz para desempeñar ese cargo, argumentando que “incumplía con los requisitos establecidos por la Ley de Fiscalización Superior del Estado”. Incumplimiento que para otros individuos, otros cargos y otras leyes no se dieron por enterados nunca, demostrando así que lo único verdaderamente cierto es que ni los diputados tricolores, ni el gobierno estatal podrían darse el lujo de permitir que un panista combativo fuese el Auditor Especial de Obras, porque así les resultaría más difícil, si no imposible, cometer los acostumbrados chanchullos en las obras públicas.

Hablando de perfiles.

Si los priístas aplicaran a rajatabla el criterio de darles trabajo sólo a quienes reúnen los  perfiles para los diferentes puestos de los organigramas gubernamentales, es seguro que cientos de empleados de los que actualmente tienen algún encargo en el gobierno estatal se tendrían que ir a buscar otros horizontes laborales, pues es de sobra sabido que aun cuando el primer mandatario dijo, tras resultar electo, que él no pondría en el gobierno a sus amigos, sí hay, en las diferentes oficinas del gobierno, un montón de compadres, parientes y demás allegados de los secretarios, directores y jefes de área. Parientes, amigos y recomendados que no sólo carecen de perfil, sino que ni siquiera se necesitan o dan el ancho en los cargos en lo que fueron nombrados.

Y si continuáramos con nuestra reflexión un poco más lejos, tendríamos que incluir también una muy larga lista de paisanos (eso sí, de todos los partidos) que han sido postulados para senadores, diputados federales y diputados locales, porque ni leer en voz alta saben los pobres, y porque nada pueden hacer sin sus asesores.

Retomando el caso de Enrique Michel, los priístas decían: “Es que para ese cargo se necesita ser arquitecto y no ingeniero civil”. Habiendo afinidad entre ambas carreras.

Por otra parte creo que tiene un gran peso la declaración que se vio también obligado a emitir Armando Zamora González, en desagravio del renunciante:

“El trabajo que realizó [el ingeniero Michel fue] muy profesional, es una gente que conoce el medio, no le costó trabajo enrolarse en las actividades que hacernos […] Hay que reconocerle la decisión que tomó [porque su presencia allí] en cierto momento podría comprometer la actuación del Órgano. Se me hizo una actitud valiente y honesta el haber tomado esa decisión [de renunciar]”.

Dicho de otro modo, lo quitaron porque les estorbaba, no porque fuera inepto.

Dos más.

Este lunes se supo también que el nuevo “consejo editorial” de lo poco que resta del antiguo periódico Ecos de la Costa, decidió correr (¿o hay mejor palabra?) a su antiguo columnista Adalberto Carbajal y, apenas este martes nos enteramos también que los mandamases de la referida empresa, y propietarios también de El Correo de Manzanillo,  le leyeron la cartilla al columnista porteño Horacio Archundia Guevara, diciéndole que no podía seguir criticando a ciertos y cuales funcionarios municipales. Motivo por el que él prefirió renunciar, no obstante haber sido colaborador de esa empresa durante 25 largos años.

Ambos despidos son una prueba más de que en el Colima de Nacho Peralta la libertad de expresión está matizada, restringida o simplemente no existe en algunos de los medios impresos tradicionales.

Adalberto ha sido un buen periodista, es un muchacho inteligente, crítico, con muchas tablas en este camino, y uno de los mejores redactores que el Ecos ha tenido. Horacio, por su cuenta, es un individuo lúcido, muy bueno para redactar y con un gran sentido de la ironía. Cualidades que por lo visto no fueron aquilatadas por la gente de Palacio, ante cuya percepción Adalberto y Horacio se estaban, como quien dice, propasando en sus opiniones.

Nosotros supimos que el Ecos ya tiene varios años a punto de quiebra, que no les paga con puntualidad a sus trabajadores, y menos a sus colaboradores, y que por otra parte andaban sus dueños llorando porque el gobierno del Estado tampoco les pagaba lo mucho que les debía a ellos.

Ligando una cosa con otra nos llegó la versión de que la viuda y heredera de Jorge Humberto Silva Ochoa, habló de ese tema con alguien “muy arriba” del gabinete nachista, y que ese alguien le había dicho poco menos así: “Mira, fulanita, no te preocupes. Te vamos a ayudar a salir de apuros, pero dile adiós a Adalberto y Horacio”. Y  que la señora accedió a tan singular acuerdo.

No quiero decir con esto, que Nacho Peralta en persona haya pedido las cabezas de esos valientes periodistas, pero sí hay que atribuirle la autoría de ese amago a la libertad de expresión a algunos de sus funcionarios, y a los dueños de los medios que tienen intereses en su gobierno y quieren “ayudarle”.

Pero Adalberto y Horacio son sólo dos más de los columnistas despedidos a mansalva en este triste sexenio, pues el año pasado (hace poco más de diez meses), nos tocó en Diario de Colima, salir despedidos a Juan José Gómez Santos, a Alejandro Morales de la Peña y a mí. Y no dudo que haya otros colegas de los que no me he podido enterar. Como si la consigna fuera callar a los boquiflojos, pero ¿lo estarán logrando?

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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