Héctor Gutiérrez Magaña

Durante una reunión de secretarios de seguridad pública realizada en Manzanillo, el gobernador del Estado de Colima dijo que “en algún amargo momento la serpiente llegó a nuestro paraíso intentando descomponerlo, pero no estamos resignados a entregárselo, estamos enfrentando esa presión delincuencial con valor y entereza”.

Ignacio Peralta consideró prudente recurrir al universo mítico del catolicismo para rendir cuentas sobre los problemas de violencia e inseguridad que enfrenta su gobierno: Colima, un edén de la tranquilidad, ha sido desafiado por una malvada serpiente que apareció para destruir el paraíso

Y es que como si Colima nunca hubiera estado abierta al mundo, los últimos gobernantes se han empeñado en instalar la idea de que la delincuencia y la violencia son males en aumento por culpa de personas ajenas a nuestros límites territoriales. Es de conocimiento popular que Coquimatlán fue construido bajo el auspicio de un famoso narcotraficante.

Una idea muy instaurada en la opinión pública, pero sobre todo en el discurso de las élites gobernantes, es aquella que recuerda cuando Colima era la entidad más segura del país. La era donde se podía caminar por las calles sin peligro a altas horas de la noche y las familias platicaban con sillas afuera de las casas estuvo acompañada por condiciones muy duras para ejercer los derechos civiles y políticos más básicos de una democracia. El famoso procurador Sam López no chistaba en decir que él vivía de su mala fama y siempre era preferible instalar el temor que el respeto.

Los tiempos de la paz en realidad fueron una parte de la historia local donde unos cuantos personajes monopolizaron el ejercicio del poder político en Colima, amasaron negocios empresarios locales y foráneos, planificaron el crecimiento urbano que hoy pasa factura en contaminación, accidentes viales y muertes, y sentaron las bases para el empobrecimiento de muchos territorios rurales e indígenas.

No estaría mal rescatar algo de la historia política de nuestro estado con voces que no sean las de los cronistas oficiales. Yo creo que Nacho lo sabe, pero es más rentable recurrir al mito del paraíso perdido que asumir que la serpiente siempre ha estado incubada en la fértil tierra colimense.

Héctor Gutiérrez Magaña

Analista político

Maestro en investigación en Ciencias Políticas.

 

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