TAREA POLÍTICA – José Luís Santana Ochoa

Negar la existencia de los problemas o minimizarlos cuando la terca realidad termina por imponerse, ha sido la tónica del gobierno peraltista al que ya se le agotó el recurso de culpar de todos los males de Micaela a los exgobernadores priistas Mario Anguiano Moreno y Jesús Silverio Ceballos. Así  ha procedido en los temas de la grave inseguridad pública, el elevado endeudamiento de la administración estatal, el estancamiento económico que se traduce en falta de empleo y bienestar, etc. La contaminación del aire y el agua en el estado no podía ser la excepción.

En el candente tema de la inseguridad que flagela a los colimenses, primero el alegato nachista fue que los caídos por las balas de la delincuencia organizada eran originarios de otros estados de la República, malandrines todos, ninguno colimense de bien, pero cuando las víctimas colaterales sin vela en la disputa de la plaza desmintieron a José Ignacio, éste simplemente hizo mutis. Por supuesto que la situación se agravó por la evasión como estrategia de un gobierno que no da pie con bola.

Con el mismo reflejo condicionado de negar y minimizar las malas noticias que también deben contarse para tomar las providencias de rigor, reaccionó José Ignacio y la prensa a su servicio ante la reciente divulgación del resumen del estudio “Riesgos potenciales de salud por consumo de agua con arsénico en Colima, México” publicado en la revista del Instituto Nacional de Salud (Volumen 59, Número 1, Enero-Febrero de 2017), autoría de los investigadores de la Universidad de Colima, Julián Barrón-Quintana, Herguin Benjamin Cuevas-Arellano, Pilar Escalante-Minakata, Ramón Solano-Barajas ,  Oliver Mendoza-Cano y Ramón Alberto Sánchez Piña, estos últimos dos adscritos al “Center for Health and the Global Environment,

Para “Estimar los riesgos potenciales de salud debidos a la ingestión crónica de arsénico (As)” en el agua de pozo del estado de Colima, los investigadores de la U de C muestrearon aleatoriamente 36 pozos en 10 acuíferos locales explicando que el análisis se hizo siguiendo estándares internacionales , mismo que determinó que  “Los niveles actuales de arsénico en el agua de pozo incrementan los riesgos carcinogénicos y no carcinogénicos de salud humana en Colima”, noticia que activó los mecanismos de respuesta automática del sistema programados para eludir cualquier responsabilidad gubernamental por la salud de los colimenses.

La peraltista Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Coespris) fue la primera en abrir fuego en contra del estudio realizado por los investigadores de la Universidad de Colima afirmando que el mismo  “no tiene fundamento legal ni validez oficial… toda vez que los resultados de este análisis provinieron de un laboratorio que no funge como tercer autorizado”, y como según la misma Coespris  “el Sistema Federal Sanitario cuenta con un proyecto de Calidad Fisicoquímica del Agua, en el que se determinan los tres parámetros contaminantes en el agua: Flúor, Plomo y Arsénico, y de acuerdo a los Mapas de Riesgos de la Comisión Nacional del Agua, nuestro estado no se considera de riesgo por estos contaminantes”, los colimenses pueden continuar felices y contentos bebiendo el agua de manantiales y pozos profundos como hasta ahora lo han hecho.

Como para que la cuña apriete debe ser de la misma Casa de Estudios, y la hebra siempre se rompe por lo más delgado, la parte más débil, en este caso los investigadores mencionados en el tercer párrafo de este artículo,  Alfredo Aranda Fernández, Coordinador General de Investigación Científica de la UdeC, declara muy determinante él  que el texto del artículo “Riesgos potenciales de salud por consumo de agua con arsénico en Colima, México”, publicado por la revista Salud Pública de México, “presenta algunos problemas de interpretación” y que por eso mismo “no es concluyente”. Condescendiente, el burócrata universitario les hace sana, sana, colita de rana a sus coordinados matizando que el error de interpretación que estos dizque cometieron “no significa que los investigadores hayan querido mentir; se equivocaron, nada más, es algo que sucede comúnmente”.

Por supuesto que también el Director de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Colima y Villa de Álvarez (Ciapacov), Jorge Pérez, echó su cuarto de espadas en la misma línea peraltista de negar la existencia de agua contaminada  con arsénico o algún otro elemento nocivo  en ninguno de los pozos que surten a la red de agua potable de la zona conurbada, “con lo que la ciudadanía puede consumir sin preocupación el vital líquido; tan sólo hay tramos de la red en los que la tubería es muy vieja y ensucia el agua sin riesgos para la salud”. 1No pos’ sí!

 “El agua que utilizamos los colimenses es limpia y no tenemos de qué preocuparnos. La realidad es que el agua que utilizamos los colimenses es un agua limpia, está libre de impurezas, de contaminantes, esto que surgió es una nota que ya tiene tiempo, era un tema que se había superado y por lo tanto debemos estar tranquilos en cuanto a la calidad del agua que usamos en Colima”, sentenció inapelable Jose Ignacio Peralta para luego salvar de su quema a la Universidad de Colima, institución con la que mantendrá vigente la alianza para “impulsar el desarrollo de Colima”, así sea con agua ‘arcenicada’.

 EL CABO

  • Tampoco en el aire que se respira en Colima hay partículas lanzadas por el Volcán de Fuego que afecten la salud de sus habitantes. ¿O sí?
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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