Abelardo Ahumada

VISLUMBRES

Preludios de la Conquista

Capítulo 30

Abelardo Ahumada 

Hoy, 20 de enero de 2021, de ser ciertos todos los cálculos y las reflexiones que se han hecho al respecto, se cumplen 494 años de que, luego de haber avasallado a una gran parte de los teco-colimecas, y de haber provocado numerosas muertes y esclavitud entre ellos, los conquistadores hispanos habrían terminado de realizar su mudanza del sitio en el que fundaron su primera villa (“a dos leguas de la Mar del Sur”), hasta donde hoy es el centro de la ciudad de Colima.

Y menciono todo esto no sólo para recordar la efeméride, sino para comentar que, poco más de medio siglo antes de que iniciara la conquista española de los pueblos situados alrededor de los Volcanes de Colima, se llevó a cabo otra, de carácter regional, promovida por el “gran cazonci” Tzitzicpandácuare, enemigo acérrimo de los aztecas y de los teco-colimecas.

Y el antecedente de todo eso habría ocurrido más o menos así:

Hacia finales de la primera década del siglo XIV, mientras que por el rumbo de México-Tenochtitlan gobernaba Acamapichtli, segundo monarca en el trono de los aztecas, y casi al mismo tiempo que la casta sacerdotal de Colima mantenía cierta hegemonía local desde su cabecera ubicada en El Chanal; en el naciente señorío michoaque Tariácuri había envejecido ya y, previendo su propia muerte, hacia 1406 o 1407, dividió el gobierno de su región en tres, asignando Pátzcuaro (su capital) a su hijo, Hiquíngaje; e Hiuatzio a su sobrino Hirepan, y Michoacan (posteriormente Tzintzuntzan), a su también sobrino Tangáxoan.

Trío de gobernantes que, tal como lo advertimos varios párrafos atrás, primero consolidaron las conquistas en los pueblos situados en los alrededores del lago donde vivían, y más tarde incursionaron cada vez más lejos y fueron nombrando caciques fieles en todos los pueblos que iban sometiendo, y que por el momento llegaban, por el sur, hasta la llamada Tierra Caliente, más allá de Uruapan; por el oriente casi a la frontera que reclamaban los matlazincas (en el hoy Estado de México); por el norte al caudaloso Río Grande (o Lerma, como lo conocemos hoy), y no demasiado lejos hacia el poniente, territorio en buena medida montañoso y deshabitado, y cuando no poblado por algunos grupos tecos.

Hiquíngaje, sin embargo, aunque tuvo muchos hijos, no pudo establecer a ninguno como su sucesor y, tras su muerte, Tangáxoan se hizo cargo de su gobernación. Y casi lo mismo sucedió en el caso de Hirepan, puesto que, habiendo él tenido un hijo muy capaz, éste declinó su gubernatura en favor de su tío Tangoáxan, a condición de quedar como uno de sus principales generales. 

En ese contexto y ya prácticamente reinado solo Tangáxoan, alrededor de 1450, él y el hijo de Hirepan y otros generales, decidieron consolidar y ensanchar los dominios conquistados hasta entonces. Pero al hacerlo, irrumpieron en algunos pueblos que eran aliados de los téquecha (o  tecos), y terminaron por convertirse en enemigos de éstos. Quienes a su vez, a partir de Zacapu y hacia el poniente, consideraban como su territorio, al menos hasta los pueblos situados en los alrededores del lago de Chapalac y de las lagunas de Tzacoalco, Tzayolan y Tzapotlan.

Muy vagamente “La Relación” da indicios que fue justo “el hijo de Hirepan” quien, convertido en una especie de gran general, realizó el primer movimiento de conquista entre los mencionados tecos o téquecha, como les decían los mismos michoaques. Pero como quiera que esto haya sido, cruzando la información con otros documentos y tradiciones, don Eduardo Ríos consideró que ese movimiento de expansión (que en varias por otras partes realizaron a su vez otros generales michoaques) parece haber iniciado hacia 1450 y concluido tres o cuatro años después, cuando, como derivación de una gran sequía que se abatió sobre una buena parte del territorio michoaque, empezaron a escasear los granos y sobrevino una gran hambruna, que presuntamente obligó a Tangáxoan mandar saquear otros pueblos con la intención de quitarles todos los comestibles de que pudieran disponer, y si no hubiera más, cuerpos humanos para complementar su dieta.

La versión que menciona don Eduardo Ruiz, y la temporalidad que le atribuye a los hechos que “La Relación” menciona pero no data, coincide con varias fuentes mexicas que nos hablan en el sentido de que, fue en los tiempos de Moctezuma Ilhuicamina (quien gobernó de 1440 a 1469) cuando, apremiados por la misma causa, los mexicas inauguraron, por así decirlo, sus famosas “guerras floridas” para conseguir víctimas cuya sangre se dedicaba a “alimentar a Huitzilopochtli” (el Sol) y cuyos cuerpos se repartían después entre la gente. Habiendo sucumbido así miles de individuos que vivían en los pueblos tributarios de los mexicas, como Chalco, Tlaxcala y Huejotizingo.

No hay gran cosa de información en cuanto a qué pasó en Colima en esos momentos. Pero la época de sequía y crisis coincide con el período en que los arqueólogos han llegado a creer que El Chanal, la pequeña urbe colimota, inició su franco declive y posterior despoblamiento.

Carecemos también de más detalles respecto a qué tanto alcance tuvo (y contra qué pueblos) aquel primer Intento de conquista michoaque. Pero por lo muy poco que se sabe, parece que no tuvo la intención de someter a los pueblos ribereños de Chapalac y de las lagunas de Tzacoalco, Tzayolan y Tzapotlan, sino de saquearlos nada más, y conseguir algunos esclavos en ellos. Pueblos a los que obviamente debió dejar lastimados y convertidos en sus enemigos. Poniendo, a la par, sobre aviso a otros pueblos aledaños y un poco más retirados, como sería el caso de los de Coliman.

Colateralmente se sabe que, pasada la crisis, los tarascos habían incursionado en el territorio matlazinca, muy cerca ya del territorio mexica, arrebatándoles Taximaroa, donde sí pusieron una guarnición. Y que realizaron acometidas similares contra Cuitzeo, Querétaro, Xichú y Guanajuato, tomando casi por sorpresa a cantidad de diminutos pueblos a los que impusieron tributos que habrían de entregar en determinadas épocas de cada año. Expandiendo así, duramente, sus dominios. 

Todo eso mientras que, según la “Crónica Mexicáyotl”, de Fernando Alvarado Tezozómoc, dice, en su muy particular estilo, que en México-Tenochtitlan asumía el trono Axayácatl: “En el año 3-casa, “1469 años”, fue cuando se asentó por rey el señor Axayacatzin, rey de Tenochtitlan, en el día 11-lluvia del cómputo diario, o sea el “11 de Agosto”, hijo éste de Huehue Tezozomoctli, príncipe de Tenochtitlan, hijo éste de Itzcoatzin”. 

El reinado de Axayácatl se caracterizó, entre otros detalles, por haber ampliado las conquistas de los aztecas; por realizar importantísimas obras de urbanización en su capital que, también pasada la crisis, empezó a descollar entre las demás situadas en los alrededores del lago de Texcoco. Y todo eso mientras que los habitantes de la occidental Colima no se lograban recuperar del todo, aunque por lo que ocurrió y se supo con posterioridad, los colimecas lograron conservar cierta fortaleza y “respetabilidad” entre sus pueblos vecinos.

DIOSES SANGUINARIOS. –

Entre todo lo que les acabo de decir hay, evidentemente, numerosas y muy grandes “lagunas informativas”, pues no hay fechas, ni nombres, ni descripciones que nos permitan saber qué tanto duró y cómo y contra quiénes pelearon efectivamente los tarascos, ni cuáles fueron sus pérdidas y ganancias, pero en “La Relación” sí hay algunos otros apuntes que nos dan cierta indicación en cuanto a los móviles que tenían y sobre cómo solían ellos proceder cuando decidían irse a la guerra. Y de todo eso les voy a tratar de presentar un apretado resumen:

En primera instancia quiero resaltar el dato de que todos esos “avances” y “entradas” de guerreros purépecha se realizaron a pie, transitando muchas veces por muy angostas y dificultosas veredas,   y a costa de un enorme cansancio, no sólo de los cientos de cargadores esclavos que llevaban las vituallas, sino de los mismos guerreros que, evidentemente, debían llevar sus propias armas, algún bule con agua y algún itacate para comer.

En cuanto a sus intenciones como guerreros, se nos ha dicho y comentado muchísimas veces que los mexicas usaban la guerra como un medio para conseguir víctimas que más tarde sacrificarían a los dioses, y de manera muy particular a Huitzilopochtli, deidad solar a la que debían nutrir con sangre humana. Pero como de los michoaques es muy poco lo que se ha difundido en comparación con lo que se ha dicho sobre los mexicas o aztecas, al leer “La Relación” no pude menos que quedar sorprendido, no tanto por el hecho de que también los michoaques practicaran los sacrificios humanos, sino porque lo hacían con una motivación similar a la de sus feroces enemigos. Puesto que, desde su perspectiva también, era su deber “DARLE DE COMER AL SOL” y a los “dioses del quinto cielo” y de “las cuatro partes del mundo”. 

Al observar que esta idea se repetía cuando menos tres veces en el texto, no pude dejar de notar que había también cierta identidad en cuanto a sus dos deidades máximas, pues Curícaveri (o Curícueri) era también una deidad solar. Aunque durante los primeros años que los chichimecas uacúsecha le rindieron culto en Pátzcuaro, sus sacerdotes se conformaban con quemar leña en su honor y ofrecerle la sangre de los venados que se esforzaban por cazar.

Otro dato que se insiste en repetir sobre los aztecas es que consideraban estar viviendo en una especie de quinta era, en la que regía el mundo el “quinto sol”. Al que, como ya se dijo, lo tendrían que alimentar constantemente con sangre humana. Realizando, cuando no había más víctimas de donde agarrar, las famosísimas  “guerras floridas” contra los tlaxcaltecas y otros pueblos enemigos. Señalando asimismo que era una especie de gran honor morir en la guerra.

Frente a tales concepciones bélico-religiosas nos vuelve a sorprender “La Relación” cuando nos dice que ellos mismos (los purépecha o tarascos) emprendían ciertas campañas con fines rituales, y que tenían también su propia especie de “guerra florida”; que solían realizar durante algunas “fiestas” dedicadas a Curicaveri; particularmente una a la que denominaban Hanzíuansquaro. 

LOS PREPARATIVOS PARA LA GUERRA. –

Dos de los temas sobre los que mayor información recibió fray Jerónimo de Alcalá fueron, sin duda, los relativos a la organización del “reino” de Michoacán, y a la realización de sus “ritos y cirimonias”, (sic).  Pero el que destaca sobremanera, y se desarrolla en varios capítulos, es el que concierne al motivo por el que realizaban sus conquistas y a los preparativos que realizaban para llevar a cabo sus guerras. Mismo que trataré de resumir lo mejor que pueda, sin violentar demasiado “el sabor” de la narración original:

“Tenía (Tzitzicpandácuare) un capitán general en las guerras, que se componía (o ataviaba) como el mesmo cazonci. Tenía cuatro señores muy principales en cuatro fronteras de la Provincia y estaba dividido su reino en cuatro partes. Tenía (…) en todos estos pueblos caciques que (él) ponía con su mano. (Quienes) se entendían (u ocupaban) en traer leña para los cúes (templos), y (estaban obligados) a participar con su respectiva gente de guerra en las conquistas (que ordenaba el cazonci)…

“Había un sacerdote mayor (…) llamado Petámuti al que le tenían mucha reverencia. (… Y) otros sacerdotes llamados axámencha, que eran los sacrificadores, y de esta dignidad eran el cazonci y (muchos) señores.

“Había otros sacerdotes llamados opítecha, que eran los que detenían de los pies y las manos, cuando echaban (a las víctimas) en la piedra de los sacrificios…”

“Antes que se partiesen a la guerra, por la fiesta de Hanzíuansquaro, mandaba traer el cazonci leña para los cúes de toda la Provincia… Y cinco de los sacrificadores (quemaban) unas pelotillas de olores (especie de incienso) en cazuelas y sahumerios… Luego hacían una oración… Y nombraban a sus enemigos, empezando desde México y por todas las fronteras… Y hacían todas esas cirimonias para que sus dioses diesen enfermedad en los pueblos de sus enemigos, a donde habían de ir a conquistar”.

Particular importancia tiene la descripción que los informantes de Pátzcuaro y Tzintzúntzan hicieron sobre los preparativos finales para la guerra:

“Hacían la cirimonia del incienso dos noches… Y a la misma hora que el sacerdote llamado hirípati hacía estas oraciones (en Tzintzúntzan), las hacían en toda la provincia los sacerdotes llamados hirípacha…

“(Y) llegada la fiesta de Hanzíuansquaro, ataviábase el Cazonci y enviaba correos llamados uaxánocha  por toda la Provincia,  con el mandamiento (de que sus caciques) viniesen (a Tzintzúntzan, a la reunión general)  con su gente de guerra.

“Y llegando (los correos) a los pueblos, juntaban a toda la gente, los amonestaban para que obedeciesen al Cazonci, so pena de esperar su castigo, y los apremiaban para que reunieran todos sus aparejos y se dispusieran a partir… Y al cabo de diez días lo verificaban.

“Y no iba ninguna mujer, sino todos varones, y cada pueblo llevaba sus propios bastimentos, como harina (de maíz, es decir pinole) para beber en un brebaje (alimenticio). Así como sus cotaras (huaraches), jubones de algodón, rodelas (escudos), flechas, lanzas con ganchos y porras de encina con filosas puyas de cobre.

“Toda esta gente se repartía para ir a (diferentes) pueblos de todas las fronteras… Y cada cacique llevaba su senda (señalada), y su escuadrón con sus dioses y oficiales, hasta llegar a la traza del pueblo que iba a conquistar. Guiados por espías, que previamente habían estudiado, las entradas y salidas de los pueblos, y los pasos peligrosos, y los ríos”.

“(Datos que) antes de que peleasen, cada uno de los espías le mostraba a cada capitán trazando rayas en el suelo”.

Pero no quiero concluir este capítulo sin adelantar que, de conformidad con los informantes de Pátzcuaro y Tzintzúntzan, el capitán general los amonestaba diciendo: “¡Aparejaos a sufrir! ¿Dónde habremos de morir? ¡No miréis atrás, no volváis la cabeza a vuestras mujeres ni a vuestros padres viejos! Porque la muerte en los pueblos es de mucho dolor. ¡Sea aquí nuestra muerte!”

Arenga que asimismo coincide con la idea que los aztecas tenían respecto a que era preferible morir en la guerra y no en el catre.

Continuará.

PIES DE FOTO

1.- De conformidad con “La Relación”, también los michoaques o tarascos solían hacer guerras para capturar prisioneros que más tarde dedicarían a sus dioses y también comerían.

2.- Este códice, apuntado por un amanuense hispano, describe la calidad que alcanzaban los guerreros mexicas al capturar equis número de prisioneros durante la guerra.

3.- Aquí está evidente que hasta el muy famoso “rey poeta” Netzahualcóyotl participó en una “guerra florida” contra los chalcas.

4.- Atando cabos he llegado a creer que la crisis que los michoaques y los mexicas padecieron entre 1450 y 1454, alcanzó también a los colimecas, iniciando así la decadencia de El Chanal.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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