Vislumbres

Este próximo viernes 30, estaremos presentado, Dios mediante, una novela histórica que me acaba de publicar Puerta Abierta, una excelente editorial colimota cuya calidad compite, sin exagerar, con las mejores que hay en nuestro país.

Dicha novela lleva el título Camino de Miraflores, y está ambientada en una de las zonas más verdes y montañosas que hay en nuestra entidad, hacia finales del siglo XIX, donde su protagonista (un gran gobernante y educador local) narra una interesantísima parte de lo que ocurrió en nuestra región durante los duros períodos de la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y el llamado Imperio de Maximiliano.

La cita es, pues, este próximo viernes 30, a las 20 horas, en el Archivo Histórico de la Universidad de Colima. Localizado al norte del Parque Hidalgo “en donde hasta hace unos pocos años eran las oficinas de Tránsito del Estado”. Presentación a la que todos ustedes, lectores, están cordialmente invitados.

Consumación.-

Este martes 27 de septiembre se cumplieron 195 años de que, según la versión oficial de la historia, se “consumaron las luchas por la Independencia”. Una fecha a la que, sin embargo,  no se le da el realce que sí se le da al 15 y al 16 de septiembre, que marcó el inicio de las mismas. ¿Por qué?

Primero porque a muchos de los “grandes hombres” de la convulsa república que  estaba entonces naciendo, no les gustó que al general Agustín de Iturbide se le colgara el mérito de ser “El Padre de la Patria”, como se le nombró a partir del 27 de septiembre de 1821 y, segundo, porque los historiadores contratados por los gobiernos federales postrevolucionarios recibieron la orden doble de echar tierra sobre algunos nombres, y de colocar sólo unos cuantos individuos que “nos dieron Patria” en los altares civiles. A unos porque procedían, según ellos, de un partido proclive al  conservadurismo, y a otros porque militaban, según ellos también, en otro partido presuntamente más liberal y avanzado. Llegando al aberrante extremo de dar a entender que incluso Hidalgo y Morelos habrían pertenecido a esa facción, como si hubiese una línea de continuidad entre las obras y los pensamientos de dichos próceres y los de “los gobiernos emanados de la Revolución”.

Lo que sucedió en Colima.-

Redundando un poco sobre lo mismo, creo que resulta útil precisar que, cuando se suscitaron las luchas de por la independencia en la Nueva España, Colima era una provincia empequeñecida y carente de autonomía, sometida a las decisiones que pronunciaban o emitían el Intendente y el Obispo de Nueva Galicia, cuya metrópoli era Guadalajara. Y que tanto el clero como la población locales se dividieron: unos a favor de la Independencia que ansiaban, y otros a favor de “la santa causa”, que en ese caso representaba la defensa del rey, el sometimiento a sus dictámenes y la obediencia ciega a lo que los Obispos dijeran.

Y hablando sobre la “Consumación de la Independencia”, debe saberse también que el último esfuerzo lo encabezaron en Colima dos de los más prominentes realistas que inicialmente habían combatido a los seguidores de Hidalgo: me refiero, como autor intelectual, al padre José María Gerónimo Arzac, párroco de Almoloyan, por cierto, y al Coronel Anastasio Brizuela, paisano del centro de la Villa de Colima, y jefe de Las Milicias del Sur de la Intendencia de Nueva Galicia. Quienes, habiendo sido aliados también de Agustín de Iturbide, hicieron su proclamaron en la Plaza Real (hoy Jardín Libertad): “El 16 de junio de 1821, en medio de un júbilo popular […donde las] autoridades y vecinos juraron fidelidad [a la bandera de] las Tres Garantías”. Adelantándose en eso poco más de tres meses a que Iturbide y su ejército hicieran entrada triunfal a la ciudad de México y la proclamaran allá.

Fecha (la del 16 de junio) que tampoco se celebra para no enaltecer, a quienes según los historiadores oficiales locales, nada hicieron a favor de nuestra “patria chica”, no obstante que dos años después, ellos mismos contribuyeron a devolverle a Colima su autonomía perdida frente a Guadalajara.

Salvavidas provisional.-

Hablando ya de nuestros días, una de las noticias locales más comentadas de la semana anterior es que los diez presidentes municipales de nuestra entidad se reunieron el lunes y se pusieron de acuerdo para solicitar al gobierno del estado “un adelanto de participaciones” correspondientes a 2017, “para cubrir en tiempo y forma los compromisos de fin de año convenidos con los trabajadores sindicalizados y proveedores”, según dijo la alcaldesa villalvarense.

El gobierno de JIPS, por su parte, parece que anda  igual o peor de restringido que los alcaldes y que, por lo mismo, según trascendió también, gestionará lo propio con el gobierno federal. Lo que equivale a decir que, sin importar los partidos de que provienen todos esos gobernantes, todos reconocen que “la lumbre les llegó hasta los aparejos”, y por eso no tienen mejor opción que presionar juntos para que las cosas en el cierre de año no se les descompongan más. Pero ¿por qué ocurre todo eso?

La respuesta ya es conocida por todos ellos y por la mayoría de nosotros: se trata de que la nómina gubernamental está sumamente hinchada. Siendo ése un añejísimo mal que se comenzó a incubar en las entrañas de todas las oficinas y organismos gubernamentales de nuestro país, cuando en éste gobernaba única y totalitariamente el PRI. Mal o padecimiento que en vez de aliviarse o disminuir cuando los partidos de oposición asumieron posiciones de gobierno, empeoró y creció hasta llevarnos a la febril situación en que hoy se encuentran, donde las nóminas de todos los niveles y oficinas de gobierno están más abultadas que el vientre de una madre con trillizos en su interior.

Esta burocracia (que en Colima es insaciable y golosa) no tuvo ningún obstáculo en las épocas del totalitarismo tricolor para demandar, exigir y conseguir “conquistas laborales”, sin que les importara un rábano que fuesen tan excesivas y desmesuradas que a la postre llevarían a sus dependencias al punto de quiebra, como sucede ahora.

Hace siete años, el primer secretario de Administración del gabinete de Mario Anguiano detectó que había más de mil personas que nada tenían que hacer dentro de su gobierno, y se negó a re-contratar aproximadamente a 940. Tuve oportunidad de platicar con él, y me dijo que Mario estaba de acuerdo con esa decisión “para que pudiese haber recursos para realizar obra pública”. Pero hubo (recuérdenlo) otros individuos muy influyentes en ese gabinete que para pronto le dieron marcha atrás a esa dolorosa pero sana decisión, recontratando a cientos de empleados que ¡no se necesitaban en las oficinas de gobierno!, o asignándole dichos puestos a muchos de los amigos y colaboradores de campaña, como premio a su participación. Y como consecuencia salió el gobierno quebrado.

Ese problema es proporcionalmente similar en todos los ayuntamientos, donde no sólo hay exceso de trabajadores sindicalizados (que reclaman hasta ¡104 días de aguinaldo!), sino una evidente sobra de trabajadores “de confianza”. Si esos números no se reducen drásticamente, y pronto, el problema se prolongará per saecula saeculorum. Frase latina que no es albur aunque lo parezca, y que se traduce de dos modos: “por los siglos de los siglos”, o “por siempre y para siempre”.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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