Rogelio Guedea

PARACAÍDAS

Si bien poco falta para que el tema de la corrupción de la administración de Nacho Peralta le gane al tema de la seguridad, no podemos pasar indiferentes a este último y a su futuro inmediato. La renuncia del procurador Felipe Muñoz Vázquez, cuyo nombramiento fue un craso error del Ejecutivo, no sólo nos redime de las atrocidades cometidas durante su servicio sino que, más importante aún, vuelve a poner a nuestra entidad en una encrucijada: ¿quién será el próximo encargado de la seguridad de nuestra lacerada localidad? El gobernador del Estado ha enviado un mensaje muy negativo al nombrar encargado del despacho a Fernando García Fernández, pues es sabido que pertenece al grupo del ahora subprocurador general de la República, Felipe Muñoz, con lo cual no parece que el mandatario tenga intenciones de cambiar la estrategia de seguridad en nuestra entidad. Sin embargo, todavía tiene el beneficio de la duda por parte de la población hasta entonces no se decida por un nuevo procurador. Las barras de abogados de la localidad se han decantado porque el nuevo perseguidor de los delitos sea uno de raigambre local, alguien que conozca la realidad de nuestra sociedad y que goce de una solvencia moral a prueba de balas, además, por supuesto, de que sea un profesional en el ámbito del derecho. Yo estoy de acuerdo con ello, pero más que la competencia y el profesionalismo lo que queremos los colimenses es que sea un hombre de calidad ética intachable y, con ello, nos asegure que no tiene lazos con ninguno de los cárteles del narcotráfico que operan en nuestro estado. Esto es: a mí no me importa que el nuevo procurador no se sepa de memoria el Código Penal siempre que me asegure que no tiene lazos con el crimen organizado. Hay abogados que pueden cumplir sobradamente con este requisito. Aventuro un nombre que me viene a la cabeza: Mario de la Madrid Andrade, quien es –lo sabemos- un estudioso real del Derecho, es joven y, por si fuera poco, tiene una moral intachable. Lo anterior sin contar que es una persona de confianza del gobernador Nacho Peralta. Como De la Madrid Andrade, quien fuera mi maestro en la Facultad de Derecho, seguro hay más nombres que pueden garantizar honestidad y valores indoblegables, hombres de Estado que podrían hacer un gran papel en el servicio público, hombres nuestros que puedan combatir a los forasteros (los cárteles todos tiene su denominación de origen en estados vecinos) que han venido a trastocar nuestra armonía social. La seguridad es la prioridad número uno de este Estado que se ha descompuesto en banalidades y ha perdido el tiempo en culpar a la administración anterior de yerros que, ya a estas alturas, le corresponden sólo a ésta. Entre esto y querer tragarse a los partidos satélites (Movimiento Ciudadano, Verde Ecologista –y ahí está la reciente renuncia de Mariano Trillo para dejársela al nachoperaltista Virgilio Mendoza-, Nueva Alianza y Partido del Trabajo) con el fin de poder sobrevivir a los nuevos escenarios políticos, el priismo en el poder ha perdido el rumbo y el sentido social que debería caracterizarlo, y más en estos tiempo aciagos. El gobernador Nacho Peralta, pues, no puede equivocarse en el nuevo nombramiento del Procurador, ni tampoco el Congreso del Estado, hoy afín al mandatario. Colima requiere salir de este agujero en el que da la impresión que cada día que pasa nos sepulta más. El Ejecutivo estatal  tiene que empezar a gobernar. Hay que decirlo: la gasolina que utiliza para sus constantes viajes se le ha pulverizado ya en sus propias manos.

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@rogelioguedea

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Rogelio Guedea

Poeta y académico

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