Alex Berber

Comm Politics

            Con razón estaban tan preocupados, y ocupados, los priistas (incluyendo a su dirigente partidista y diputados de su fracción), por intentar derrocar al titular del Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización Gubernamental del Estado (Osafig), Carlos Armando Zamora González, en los días previos a la entrega de resultados de la Auditoría Revisión de Situación Excepcional al Poder Ejecutivo del Estado de los años 2013 a agosto de 2015, documento que se convirtió en el recuento de numerosas truculencias financieras de la segunda etapa de la administración de Mario Anguiano Moreno, e indudablemente en el destape de una nómina secreta que todo mundo conocía de voces, pero cuya existencia nunca se había evidenciado de manera tan certera.

            Si la actual administración de Ignacio Peralta Sánchez de por sí ya sufre descrédito, el roster de aviadores y personas que recaudan dos o hasta tres salarios solamente en el Gobierno de Colima, evidenció que la mayoría de estos “bendecidos” estuvieron con Mario Anguiano, brincaron del barco para continuar con Ignacio Peralta, y –por lo visto– continuarán mientras las condiciones políticas de la entidad no cambien drásticamente. Esto no fuera un problema importante para el “gober-corredor” Peralta, si su administración estuviera libre de aquellos cómplices de las tropelías de Mario Anguiano; sin embargo, dado que la administración peraltista está repleta de funcionarios que en su tiempo vitoreaban las “cagalgatas” tanto como ahora aplauden los medios maratones, tal condición vapulea la dosis de calidad moral que avalaría cualquier crítica a los desvíos de recursos de MAM.

            El destape de la nómina secreta que nos otorgó el Osafig, desnudó uno de los males endémicos de nuestro estado, nada más recordando el “tarjetagate” de varios sexenios atrás. Por décadas, en Colima se ha avalado el dicho: “el que no tranza no avanza”, regionalizado a “el que no aviona no avanza”. Y es que el modus vivendi idealizado por muchos sectores colimenses radica en la obtención de una (o dos, o tres) aviadurías, amén del nulo crecimiento económico que ha tenido la entidad de manera histórica, relegando los buenos sueldos exclusivamente a la burocracia y el magisterio.

            A pesar del fuerte impacto e indignación que ha generado este documento, hay una serie de situaciones que han sido dejadas fuera, como es el caso de los posibles delitos electorales cometidos en la campaña ordinaria para gobernador de Ignacio Peralta. Con el cambio de la ley electoral, aquellos “hombres de partido” que se vieron obligados a renunciar a sus cargos públicos durante el periodo electoral de 2015, tuvieron que “vérselas” para sobrevivir monetariamente de alguna manera u otra, mientras prestaban sus valiosos servicios por la causa tricolor; la vieja usanza colimense dicta que una activa participación en campañas políticas debe compensarse, y no hay que ser demasiado mal pensado para darse cuenta cuál es la solución más obvia.

            Comunicacionalmente hablando, lo más preocupante del escándalo de Osafig ha sido que la respuesta del Gobierno por el involucramiento de muchos de sus activos en los criticados desvíos de recursos de Anguiano fue inútil, pese a la intencionada tergiversación que se le quiso dar. Además de tardía, la respuesta ha pretendido desvirtuar el accionar de un organismo que por fin está haciendo la labor que debió hacer desde que fue creada. Por ende, la respuesta social ha sido desmedida en cuanto a la burla y el estigma generalizado que se ha impuesto a los nombres que aparecen en dicho documento.

            El gobernador Ignacio Peralta tiene poco margen de acción. Desde que entró su administración, ha pregonado que no hay espacio para contratar gente de más en su gobierno, por lo que el golpe de saber que muchos de los que todavía trabajan con él, están o estuvieron acostumbrados a obtener dinero “por debajo del agua”, ha sido devastador para su imagen pública. Ni siquiera el pleito entre Locho y Jorge Luis Preciado (que quisieron inflar como parte de una estrategia distractora) fue suficiente para opacar el escándalo de los aviadores.

            Pase de salida…    

            Rogelio Rueda es uno de los que más se han movilizado mediáticamente para “aclarar” los temas escabrosos con los que se le han relacionado después del escándalo de Osafig. Y no es para menos, con la fiesta que le organizaron, tanto el gobernador como los propios priistas al nuevo delegado del Partido Verde, “el precandidato sacrificado” Virgilio Mendoza Amezcua, Rueda no debe dejar cabos sueltos para que le muevan el piso. No vaya a terminar del lado de Mariano Trillo.

            Pase de salida 2…    

            La Feria de Colima agoniza lentamente. Retrógrada, con instalaciones  inservibles desde hace una más de una década, con unos módulos empresariales que cada vez se adecúan menos a las necesidades de los puntos de venta que las empresas intentan colocar para atraer a potenciales clientes. El casino, el teatro del pueblo, los estacionamientos, los baños, los pasillos y el Palenque parecen de otro siglo, pese a que el IFFECOL es uno de los pocos organismos verdaderamente redituables del gobierno estatal. Y todavía presumen que sigue siendo gratuita.

 

Alex Berber

Autor del libro "El hacedor de goles ha muerto"

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