Sergio Jiménez Bojado

NOS cuesta mucho entenderlo, pero ese México sí existe, sólo necesitamos comenzar por sembrar raíces que hagan florecer otra vida en este país. Venimos de movimientos y revoluciones truncadas, lideradas por personajes ambiguos que anularon la esperanza, creando estamentos de poder para caudillos, que no fueron democráticos, mucho menos justicieros.

Las aspiraciones genuinas de un campesinado brutalmente golpeado por el sistema hacendario del porfiriato, terminan diluyéndose en manos de Obregón y Carranza, gobiernos de apariencia neutra, pero, finalmente, inclinados a los viejos y nuevos dueños del dinero.

Con la gran excepción de Cárdenas, la historia de presidentes y sus familias enriquecidas, es la referencia común de casi un siglo. La historia de fortunas amasadas a la sombra del poder político, producto de la corrupción y la impunidad, pervive aun como un lastre ominoso. De aquí la frustración y desesperanza de millones de mexicanos pobres del campo y la ciudad, que terminan por creer que sólo eso es México.

Pero por encima de esta indeseable realidad, donde el cinismo se torna cultura, donde los gobernantes por ello no se sienten señalados, que hasta se dan el lujo de la ostentación, por encima de toda esa subcultura donde se enseñorea el narco, asimilándose hasta en la “alta sociedad” en procuración de su legitimidad, ante un aparato judicial omiso, disfrazado de ineficiente, por encima de eso, con medidas ciertas de gobierno y de cultura, hay esperanza para construir otra Nación.

Las medidas de gobierno contra la corrupción y la impunidad, requieren de gobernantes honestos, pero no sólo eso, democráticos y justos. Este México que conocemos y que vivimos con desilusión, porque cada 6 años se hacen del poder los mismos, está llegando a su fin. 2018 será el principio de una nueva era.

Como pueblo, necesitamos recuperar y ejercitar nuestra memoria. La mentira contamina la información, y la información disminuye la memoria. En la sucesión de figuras y personajes de nuestra historia, no sabemos quién fue quién, porque sólo recibimos información de lo que cada personaje dijo, nunca de lo que realmente hizo, ya que cuando se tiene el poder, todos los hechos se simulan y disimulan.

Asesinos y asesinados figuran por igual en nuestra historia, independientemente de que el asesino lo hizo para acabar con los ideales de su víctima. El gobierno de Carranza que asesinó a Zapata, por órdenes del propio Venustiano, pertenecía al bando de los hacendados, de los propietarios de la tierra. Imposible que la proclama enarbolada a favor del reparto agrario de Zapata, formara parte del liberalismo constitucionalista de Carranza.

Pero, en su momento, la información que tuvieron los mexicanos era que Zapata era el peor de los bandoleros, asesino de niños, violador, un verdadero animal armado. Nadie supo que Carranza lo quiso sobornar con enormes propiedades y sumas de dinero, que fue la razón por la que Zapata rompió definitivamente con su gobierno.

Ese otro México, donde los gobernantes rateros vayan a la cárcel o que, por lo menos, públicamente sean exhibidos, existe, pues los ciudadanos libres tendrán que llamar a las cosas y a los hechos por su nombre. Necesitamos todo un cambio de gobierno que construya otra realidad social, como lo propone AMLO en su Proyecto Alternativo de Nación.

Algunos países han iniciado el combate a la corrupción y a la impunidad, con medidas drásticas pero eficientes. Singapur acabó con el narcotráfico y todas las formas de giros negros en meses; las penalizaciones en países como Inglaterra y Alemania son eficientes, porque realizan la incautación de bienes, incluyendo a toda la red familiar. En EU existe la pena de muerte, pero, sobre todo, le apuestan a la cárcel y a la incautación. De la sola incautación de bienes a todos los gobernantes rateros, México tendría otra realidad económica.

Sergio Jimenez Bojado

Luchador social y Presidente del Comité Ejecutivo Estatal Morena.

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