Abelardo Ahumada

PERISCOPIO

Primera parte

Abelardo Ahumada

ASPIRANTES Y SUSPIRANTES. –

Hasta mediados de febrero de 2015, y durante varias semanas previas al inicio formal de las campañas locales para gobernador, el hombre que iba puntero en todas las encuestas que el PRI, el PAN, el PRD y MORENA estaban mandando hacer, era el profesor Federico Rangel Lozano, alcalde en ese momento del municipio capitalino. Un hombre al que “la gente del pueblo” le tenía cierto cariño, y con el que, como había sucedido seis años antes con “el orgullo de Tinajas” (Mario Anguiano Moreno), una gran parte de los electores “no fifís”, diríamos hoy, se sentían bastante bien identificados.

Por el lado de la oposición panista, figuraban en las encuestas la diputada federal (¿o era senadora?) Martha Sosa Govea y Virgilio Amezcua Mendoza, alcalde panista de Manzanillo, a quien muchos de los analistas consideraban que, con el apoyo de otros ciudadanos sin partido, era el único que pudiese remontar la diferencia y derrotar al candidato del PRI. 

En el PRD, por su parte, querían postular a Indira Vizcaíno Silva, presidenta municipal de Cuauhtémoc, a la que consideraban su mejor carta para ir a pelear la gubernatura. Mientras que por el entonces todavía incipiente Movimiento de Reconstrucción Nacional (Morena), no había nada claro aún y, por ende, no aparecía ningún prospecto de esa firma en las encuestas. Siendo, en cambio, un caso bastante “especial” el de Nabor Ochoa, quien, habiendo una vez alcalde de Manzanillo por el PRI y otra por el PAN, estaba incrustado entonces en el Partido Verde, y aparecía en las encuestas como miembro todavía del PRI.

Había, sin embargo, otros aspirantes y, en cuanto concierne al partido tricolor, pese a que, como dije al principio, “El Profe Fede”, iba siempre arriba de las preferencias intrapartidarias. Suspiraban por bajarlo del macho, José Ignacio Peralta Sánchez, subsecretario de Telecomunicaciones, del gobierno federal; la senadora Mely Romero y Rogelio Rueda, secretario General de Gobierno. 

En tanto que, por el partido azul, aspiraban y suspiraban también, Jorge Luis Preciado Rodríguez, coordinador de los senadores panistas, quien a veces ni siquiera salía en las encuestas, y Leoncio Morán Sánchez, exalcalde capitalino; excandidato a gobernador en las elecciones que ganó Gustavo Vázquez Montes; y ex coordinador de la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota, al que se le veían muchas ganas ser otra vez el candidato.

SEÑALADO POR LOS DIOSES. –

Pero resulta que José Ignacio no sólo desempeñaba el cargo que ya dije, sino que además era amigo del poderoso e influyente Luis Videgaray Caso, Secretario de Hacienda, a quien según se rumoraba, Enrique Peña Nieto, amo y señor de Los Pinos, consultaba en muchos “casos” para tomar ciertas decisiones.

Y para completar el cuadro, resulta también que, aun cuando aparentemente nada pudiera tener que ver con su posible designación de Peralta como candidato del partido oficial para el estado de Colima, desde a principios de ese año (2015), de repente se comenzó a hablar de que ya era impostergable el “apagón analógico” de los aparatos de televisión en México, y la implantación obligada de la “era digital”. Por lo que, curiosa y coincidentemente (¿?) se le vio entonces a Nacho, iniciando el reparto nacional de varias decenas de miles de televisiones digitales (mediante un programa que costaba miles de millones también), que lo puso en la mira de la gente más pobre de todo el país, incluido Colima. De manera que no faltó mucho para que hasta los más adormilados analistas locales interpretaran aquello como una señal que los dioses del olimpo tricolor estaban enviando sobre aquel individuo que, a la inversa de cómo lo hizo después, todos los fines de semana andaba en Colima, y a veces incluso en días laborables.

La interpretación popular fue acertada porque, al poquito tiempo, el otrora feliz cónyuge de La Gaviota le dijo a César Camacho Quiroz, su lacayo mayor en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI: “Vete a Colima y diles que será Nacho”, y Nacho fue.

La noticia, no por menos esperada causó conmoción en las filas priistas colimotas porque eso significaba que “el candidato del pueblo”, como ya le comenzaban a decir a Fede, había sido ninguneado por la dirigencia nacional de su partido. 

Muchísima gente se desalentó en Colima, y a los otros prospectos (¿y “prospectas”?) del PRI ya no les quedó sino apechugar. Pero, en el caso concreto del profesor Federico, aun cuando mucha gente de su equipo se encabritó y le aconsejó que emigrara a alguno de los partidos que lo recibirían con los brazos abiertos, él decidió no patalear, se tragó su bilis, permaneció en el PRI, y logró que, a su ejemplo, sus seguidores se disciplinaran también, y permanecieran más o menos unidos.

EL DESCONTROL DE LAS OPOSICIONES. –

Tiempo atrás Virgilio Amezcua Mendoza había declarado públicamente que, si el candidato que pusiera el partido tricolor fuera Ignacio Peralta Sánchez, él no contendería, primero porque eran buenos amigos, y segundo porque esa designación implicaría el dedazo directo desde Los Pinos, y contra eso no quería pelear. Así que, en cuanto se enteró de que su amigo José Ignacio había sido, finalmente favorecido por el presidencial dedazo, tascó el freno y no sólo dijo “no voy”, sino que comenzó a operar en secreto para dejarle el camino libre a su amigo. El cual, habiendo “derrotado” internamente a Fede, empezó a tener la idea de que ya no tendría que toparse con ningún candidato opositor que fuera suficientemente fuerte, y llegaría, sin problemas, a convertirse en el sucesor de Mario Anguiano Moreno, como ya lo había sido antes en la alcaldía de Colima.

A Leoncio Morán Sánchez le había quedado claro, por su parte, que por las razones que hayan sido, la mirada de sus dirigentes nacionales no estaba puesta en él, y que en el caso de que Amezcua Mendoza reculara, al individuo que su partido designaría como su candidato tendría que ser Jorge Luis Preciado Rodríguez, quien contaba con el apoyo de la cúpula albiazul, pese a que él (Locho) lo consideraba como un verdadero pillo político. 

Y como sus ansias de volver a jugar por la gubernatura eran grandes, un día, de repente, se supo que Locho se había reunido a platicar con Enrique Alfaro, muy notorio entonces operador de Movimiento Ciudadano en el vecino estado de Jalisco, y que, como resultado de aquellas charlas, él habría de ser el candidato de dicho partido en Colima, con la condición de que se comprometiera a darle vida y vuelo a Movimiento Ciudadano en la entidad.

Ya sin la presencia de Leoncio y Virgilio en la lista de los prospectos panistas, el Comité Ejecutivo Nacional de ese partido designó, casi en medio de la desesperación, a Jorge Luis Preciado Rodríguez como su candidato a gobernador por Colima.

Por el lado de las dos agrupaciones de izquierda, los del PRD entendieron finalmente que no iban a poder candidatear a Indira, y registraron como su candidata a la gubernatura a una de las más cercanas colaboradoras de aquélla en la alcaldía de Cuauhtémoc: la muy joven, inteligente y también bonita, Martha Zepeda del Toro.

En ese mismo contexto, AMLO vino varias veces a Colima, y en una de sus visitas indicó que el general Francisco Gallardo Rodríguez  (quien por cierto falleció apenas antes a consecuencia del Covid) sería el candidato de Morena en el estado. Y lo describió como “un hombre de principios, honesto y reconocido luchador por los derechos humanos”, mientras que, de Ignacio Peralta, dijo que era “un corrupto, ambicioso”, y de Jorge Luis que “se cree rey, pues se mandó a construir un castillo”. 

Yo vi a mucha gente de izquierda desconcertada entonces, pero claridoso como siempre ha sido, AMLO pronunció unas frases ríspidas, diciendo que quienes votaran “por los candidatos del PRI, PAN o PRD en Colima” no sólo serían “víctimas de la mafia en el poder”, sino que se convertirían en “cómplices de corrupción”.

Extrañado ante semejante señalamiento en contra del PRD, un reportero le preguntó por qué hablaba de ese modo respecto al que había sido su antiguo partido, y, el tabasqueño tajante le respondió: “Con el PRD ya no vamos ni a la esquina; nosotros no vamos con corruptos, ya ese partido se pudrió, porque sólo buscan los cargos”.

UNIÓN Y FRAGMENTACIÓN. –

Como resultado de toda esa barahúnda, el PRI, hay que decirlo, se mantuvo más o menos unido; mientras que el PAN, al perder a Virgilio y a Locho se dividió, puesto que, si unos simpatizaban con el primero, otros se fueron con el segundo, y sólo quedaron, en un inicio, los más férreos panistas en la encrucijada de votar o no por José Luis Preciado.

Y en cuanto concierte a los reducidos votos de izquierda que tradicionalmente había venido captando el PRD, resulta que la postulación de Martha Zepeda por ese partido, y la de Gallardo por el naciente Morena, provocaron la fragmentación de esos poquitos votos. Así que los resultados electorales eran casi totalmente previsibles. Pero los electores ya no estaban totalmente conformes con ese esquema, y el día de las elecciones habrían de dar una enorme sorpresa.

Continuará.

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