PARACAÍDAS por Rogelio Guedea 

Tal parece que lo que empieza a distinguir al actual presidente municipal de Colima es la soberbia y la soberbia es, como sabemos, pecado capital en lo público y en lo privado. Empiezo con esta declaratoria porque creo que es hoy por hoy el fiel de la balanza en la carrera política del alcalde capitalino, quien tanto al interior del municipio como en la vida pública está generando esta percepción que no parece estar alejada de la realidad. Los trabajadores del municipio (no me lo pregunten a mí, ahí están los pasillos del municipio que lo escuchan todo) se quejan de un trato despótico por parte tanto de Locho Morán como de su esposa, encargada del DIF municipal. Pero también esta actitud se ha replicado más allá del coto municipal: no menos hace unos días (en una bienvenida a Federico Rangel y Perla Vázquez, nuevos integrantes de MC) se publicó una declaración en la que, palabras más, palabras menos, el dos veces edil capitalino dijo que “antes de él no había nadie y después de mí todo”. Dicho lo anterior, volvamos al principio. Locho Morán militó muchos años en el Partido Acción Nacional (PAN), bajo cuyas siglas llegó a ser presidente municipal de Colima de 2003 a 2006, haciendo un trabajo que, gracias a lo bien hecho, le dio el pase casi automático para la obtención de la alcaldía actual, sobre todo porque el trabajo de Insúa (político a quien también el poder lo obnubiló) fue bastante mediocre, aunque diera la apariencia de que no. Posteriormente, Locho Morán fue candidato a la gubernatura también por el mismo partido en aquellas elecciones extraordinarias en las que resultara ganador el malogrado priista Silverio Cavazos. Más tarde, en 2009 se hizo con una diputación federal, la cual le arrebató al propio Roberto Chapula, quien entonces parecía indoblegable. Luego de un irremediable desaguisado con el PAN, Morán Sánchez emigró a Movimiento Ciudadano, partido por el que se postuló de nuevo como candidato a la gubernatura en 2015, perdiendo ante Nacho Peralta, actual gobernador. Locho Morán ha hecho, pues, carrera significativa tanto a nivel ejecutivo como legislativo, y hasta este segundo periodo como edil capitalino demostró ser un político congruente con sus principios ideológicos (ojo: ideológicos, no partidistas) y, sobre todo, con su forma honesta de gobernar, lo que generó confianza real en la población. Nadie va a negar que si una cosa ha caracterizado a Locho Morán ha sido no haber estado nunca involucrado en escándalos de corrupción y eso es un punto extraordinario en su perfil político. Sin embargo, parece ser que en este segundo periodo Locho Morán no ha sabido lidiar con la soberbia y es notorio (lo puede ver uno hasta en la forma en que maneja su imagen pública en las redes sociales) que lo han mareado un poco los aires de grandeza y de autosuficiencia que antes tenía bien domeñados, sobre todo desde que se asumió dueño de la franquicia del partido Movimiento Ciudadano en Colima. Y esto no lo digo porque persista en la determinación de ir sin alianzas como candidato a la gubernatura del Estado para 2021, sino, sobre todo, porque se le nota metido en una nube de frivolidad política que de forma natural lo aleja de la realidad que viven muchos colimenses desde que empezó la emergencia sanitaria. Un presidente no puede, por poner un ejemplo, mostrar en sus redes sociales sus aventuras en motocicleta y sus paradas en restaurantes de exquisitas comilonas, cuando una gran parte de la población está, más allá de la pandemia, padeciendo hambre y necesidad. Salvando las distancias, la imagen recuerda a la de Luis XVI y María Antonieta haciendo comilonas en su castillo mientras el pueblo afuera moría de hambre, poco antes de que se desatara la Revolución Francesa. Un político que pierde la moderación (o al menos que no sabe disimular sus excesos) pierde la empatía social, crimen capital para cualquier carrera en el servicio público. No digo que Locho moral sea un político insensible, no ha sido de ninguna manera esa mi impresión las pocas veces que he tenido la oportunidad de tratarlo en persona, sino simplemente un ciudadano en servicio público al que le está perjudicando mucho el ejercicio del poder.  Locho Morán, por tanto, debe esforzarse por ser un doble ejemplo, tanto para él mismo como para el partido del que se asume el único franquiciatario. De lo contrario, no sólo acabará con su sueño de llegar a la gubernatura, sino que además va arrastrar en tal descalabro a todos los candidatos que participen en Movimiento Ciudadano pensando ingenuamente que eligieron el camino correcto.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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