Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

Desde que las redes sociales se convirtieron  en el tribunal de juicios sumarísimos que la sociedad aplica a servidores públicos y gobernantes, a través de los cuales se actúa en la mayoría de los casos impunemente, empezaron a proliferar medios de comunicación digitales que, para no quedarse a la zaga, también tomaron la justicia por su propia mano y se lanzaron -sin respetar los principios éticos mínimos- a generar noticias tendenciosas con fines que no siempre buscan el beneficio social cuanto atender el interés particular, incluso aunque éste se reduzca al hecho vulgar de generarse más audiencia, como fue el caso de la noticia que publicó hace unos días el medio digital La Extra de Colima sobre el fiscal de Colima Gabriel Verduzco. La Extra de Colima sacó una nota (si es que a ese párrafo de Facebook acompañado de una foto se le puede llamar nota) sobre el fiscal Gabriel Verduzco en la cual se afirmaba que éste no había pasado los exámenes de confianza y había reprobado el polígrafo en los temas de vínculos con el crimen organizado y corrupción, con lo cual tendría que dejar el cargo en los próximos días. La breve entrada también decía que en el examen médico presentaba alcoholismo y diabetes. Finalmente, la nota aseguraba que sería el Congreso quien elegiría al nuevo titular. La entrada causó una polémica enorme porque con ella no sólo se estaba desacreditando al titular de la Fiscalía del Estado sino al propio organismo autónomo y al trabajo de cientos de trabajadores que día a día dejan la piel (me consta) en la institución. Por eso fue que, teniendo en cuenta lo anterior, el fiscal Gabriel Verduzco emitió en su cuenta de Facebook un mensaje contundente sobre este infundio, al punto de que el medio digital se vio obligado a retirar la información horas después de haberla publicado, pues los apoyos de solidaridad al fiscal Verduzco Rodríguez no se dejaron esperar y fueron avasalladores. El hecho llama la atención no solo por las implicaciones que tiene usar la  información temeraria para generar expectativas o levantar suspicacias en una sociedad ávida de conocer percepciones y no verdades, que a estas alturas son lo de menos. Si analizamos tan solo el  hecho de que un certificado médico simple no puede determinar si una persona es alcohólica o no (podrá determinar si en ese momento estaba bajo los influjos del alcohol pero no determinar si es alcohólica), entonces podríamos también poner en duda todo lo que en un principio dimos por sentado como una verdad irrefutable. En lugar de que los medios generen cada vez más confianza sobre una realidad cada vez más incierta, lo que hacen con estas prácticas no es solo generar desconfianza en el medio mismo en sí sino en todos los medios que buscamos para informarnos, creando un vacío informático que nos deja como lectores en el limbo.  Lo peor de todo esto es que cuando la información contra un personaje político o un servidor público sea verdadera, ya nadie la vamos a creer, convirtiéndonos con ellos en los principales promotores de la impunidad. Ojalá que el lector inteligente no caiga ni en un extremo (créelo todo sin cuestionarlo) ni en el otro (no creer en nada sin averiguarlo), pues de esta manera podremos encontrar el equilibro perfecto necesario para llegar, al menos sin ocasionar tantos estropicios, a la verdad.

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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