A mí me entristece, sólo un poco. El hecho de que hayas visto un lado, el lado oscuro de la luna. Y no hayas esperado. A que diera vuelta el sol. No escribo para que te compadezcas de mí. No escribo para que me quieras. Aunque los poemas sean lisonjeros, porque de eso se alimentan. Piden amor, amor que expresan. Piden amor, amor que niegan. Pues el autor de versos es egoísta: se centra en un objeto, Objeto que enaltece tanto, como el mar a la luna, Cuando éste se levanta, sólo de gusto de verla llegar. El amor que a ésta le tiene es fiel, y ese amor se lo niega al viento. El viento siempre está con él, y a pesar de eso, sólo ama a la luna. Ya que el viento tiene que levantarle las altas crestas, Crestas que se levantan, sólo cuando se le coquetea. Sin embargo, su amor a la luna, efímero y esporádico, Sigue ahí latente, y el viento se menea, Al ritmo de ese amor, amor que no se niega, amor que se vive, Amor que se siente. Amor egoísta, que es inspirador.

 

Alejandra Goche

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