Según el Secretario de Planeación y Finanzas del Gobierno del Estado de Colima, Carlos Noriega García, la auditoría que hará la empresa Price Water House Coopers (PwC) a las finanzas públicas estatales correspondientes al periodo comprendido del el 1 de enero de 2014 al 10 febrero de 2016, tendrá que sacar la “porquería” que hubo dentro de la administración anguinista: “Tendrá que salir la que hay y creo que la sociedad colimense lo tendrá que ver y se podrá sentir tranquila de que está el gobernador trasparentando cómo encontró la administración, sea lo que sea”, promete y se compromete el joven funcionario peraltista.

Sin embargo, más tardó en hacer su anunció que en ponerse a descubierto las trapacerías cometidas por la transnacional que van desde la negligencia hasta la evasión fiscal orquestada con los gobiernos y empresas a las que ha prestado sus costosos servicios, por lo que no es garantía de que el famoso libro blanco peraltista de las finanzas públicas estatales contenga la verdad histórica sobre la corrupción imperante en el último tramo del gobierno anguianista sino todo lo contrario, mucho menos encuerará a ex funcionarios anguianistas y selveristas que muy campantes siguen en delegaciones federales y en importantes cargos de la administración peraltista.

La “solvencia y reconocimiento internacional” que José Ignacio Peralta le atribuye a PwC no da ninguna confianza en la calidad de los dictámenes que llegue a emitir, pues sus corruptelas ahora han sido evidenciadas por los Panamá Papers, así el egresado del ITAM y de Essex University jure y perjure su disposición a ratificar, “como lo hice al inicio de la administración estatal, que los resultados de este libro blanco y la revisión financiera que lleve a cabo la firma PwC serán totalmente transparentes, sin letras chiquitas, pues todo estará disponible para que cualquier persona pueda consultarlo”.

Los colimenses de a pie no tienen ninguna seguridad de la tan cantada auditoría no sea pura faramalla para, una vez más, los priistas que entran les tapen a los que se han ido. O lo que es lo mismo, el imperio de la ley tricolor, del perdón y olvido, de lo pasado pisado, total, que el pueblo volverá a pagar los platos que no rompió.

A Peralta sí le queda claro que si el resultado de su auditoria arroja algún tipo de anomalía remitirá las conclusiones al legislativo lcoal, “Poder que legalmente tienen la atribución para realizar las tareas de fiscalización de los recursos públicos a través del Órgano Superior de Auditoría y Fiscalización, el cual se encuentra facultado para formular las denuncias o querellas correspondientes”, pero nunca al revés volteado como alegan columnistasnachoperalta@gmail.com en vano intento de culpar al OSAFIG de que las ratas del sexenio anguianista sigan libres, no se diga de las silveristas de quienes nadie se acuerda ya.

EL ACABO

• Si de verdad el dirigente estatal del PRI-Colima quisiera limpiar el lodazal tricolor, debe empezar con el tema de las desviación a las arcas cenecistas de tres millones de pesos provenientes de las prerrogativas de ley que le fueron otorgadas a su degradado partido en tiempos cuando fue dirigido por su compañero de sector Francisco Ánzar Herrera, y su primo hermano Jorge Armando Gaytán Sánchez estuvo a cargo de la CNC, beneficiarios todos de la corrupción imperante al menos en los últimos diez años de gobiernos priistas. Ya encarrerado, también debiera subir a la báscula a otro coquimatlense que lo antecedió en el cargo, Martín Flores Castañeda.

• Si el INE y el TRIFE no pasan por sus armas a Francisco, Jorge Armando y a todos los que tengan vela en el entierro, desviación, Rogelio Humberto Rueda Sánchez, feliz y contento. A lo mejor lo más que se atreverá será a anunciar con bombo y platillo una auditoría tipo PwC que los exonere para que siga el mismo cochinero, lodazal, al interior del partido que dirige.

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