Abelardo Ahumada

Vislumbres por Abelardo Ahumada.

Durante casi todo el fin de semana anterior, la cúpula nacional del PRI estuvo maniobrando para propiciar la “renovación más profunda” que, según ellos, dicho organismo político ha experimentado en décadas. Reforma que se caracterizó, entre otros interesantes detalles, por hacer trizas a los gruesos “candados” que en sus mismos estatutos tenían establecidos para impedir que las candidaturas que cada tres años se disputan interior, pudiesen ser entregadas a personas carentes de militancia en sus filas.

Hace ventitantos años, cuando (des)gobernaba Carlos Salinas, una fracción del partido tricolor pretendió eliminar, a su vez, algunos “candados” constitucionales como el que impedía que, aun cuando hubiesen nacido en nuestro país, hijos de extranjeros pudiesen llegara a convertirse en candidatos a la presidencia de la república. Ni tardos ni perezosos, los panistas aprobaron la propuesta, no obstante saber que Joseph Marié Córdoba Montoya, francés de ascendencia española y naturalizado mexicano, era uno de los más cercanos apoyadores de Salinas y podría convertirse en candidato, pero también porque ellos habían llegado a considerar que Vicente Fox Quesada, guanajuatense de origen, pero hijo de la Madre Patria, podría convertirse en un buen candidato albiazul. Todo eso no obstante que las otras oposiciones la calificaron como una reforma “a modo”.

Hoy, valorando la enorme dificultad con que sus candidatos han logrado obtener magros triunfos electorales, viendo que nunca había existido un presidente tan cuestionado como EPN, y calculando además que su “caballada está demasiado flaca”, la fracción pragmática que controla los restos del antiguo partido oficial, decidió eliminar el candado de la militancia para inyectar  “sangre nueva” a sus candidaturas y tratar de evitar más dolorosas derrotas, siendo que “allá abajo”, entre sus militantes más genuinos, hay muchos que aspiran “a ser llamados”, pero que jamás han sido tomados en cuenta. ¿Cómo reaccionarán todos ellos ante la eventualidad de que se les convoque a trabajar para hacer ganar a candidatos foráneos o advenedizos?

Un dilema para los líderes estatales de Morena.-

La semana pasada el perredista Carlos Sotelo parece haber venido expresamente a Colima sólo con la intención de anunciar que, sin irse del PRD, él y varios de sus compañeros, apoyarán al candidato de Morena en su tercera carrera por la presidencia de la república. Revelación que dio unida con otra: que si la dirigencia del Sol Azteca logra, finalmente, hacer alianza en ese mismo sentido con el PAN, no cuente con ellos.

Mucho cuidado habrá de tener entonces la dirigencia estatal de Morena, porque conociendo cómo han operado Carlos Sotelo y adláteres, es de prever les querrán cobrar muy cara su colaboración a los “morenos”, y que reclamarán su pago justo en el momento en que se verifique el reparto de los puestos por los que aquéllos siempre han peleado: las plurinominales, desde  regidurías para arriba.

Y sobre eso mismo llama la atención lo que Marta Zepeda, delegada del PRD en Colima, muy crítica en otros asunto, dijo al respecto: que ninguno de los militantes perredistas que se pronunciaron junto con Sotelo serán sancionados y, que, por el contrario, su postura como apoyadores de AMLO “debe respetarse, en tanto [la dirigencia de] ese instituto no tome una decisión respecto a la política de alianzas para el 2018”. ¿Será que sus estatutos no cuentan? O ¿acaso ella misma tomará una decisión similar? ¿Qué pensará sobre el tema Sergio El Tigre Jiménez Bojado?  Y ¿qué, por su cuenta, el general Francisco Gallardo?

Cerrar el ISENCO.-

Aunque en un primer momento mi propuesta pueda parecer un desatino a los paisanos que nos leen, una de las más sabias y salomónicas decisiones que las autoridades educativas locales debieron de haber tomado desde hace unos quince años para evitar los problemas laborales que algunos profesores enfrentan hoy, fue la de cerrar por algún tiempo el ISENCO. Porque para muchos de esos dirigentes ya era muy claro que la vieja “Normal de Colima” estaba produciendo cada año decenas de egresados a los que no podría brindárseles una ocupación laboral.

En efecto, una parte de lo que sucede en estos mismos momentos en la SE deriva de que en vez de cerrar temporalmente al ISENCO, le adicionaron otras licenciaturas. Es decir, que en vez de encontrar una solución sensata, teniendo miedo de las consecuencias políticas que dicho cierre les podría ocasionar, le dieron largas al asunto. Con los resultados que están a la vista.

Hablando sobre estos temas, un día de la semana pasada, la maestra que obtuvo el primer lugar en el examen de oposición que cada año aplica la SE para asignar las pocas plazas disponibles, reveló ante un reportero curioso, que estaba muy gratamente sorprendida por haber obtenido ese primer lugar, y porque sin haber contado con el apoyo de algún familiar o amigo influyente, se quedó con una de las once plazas de preescolar que se ofertaron en esa ocasión, habiendo ido a presentar examen ¡más de mil aspirantes! De los que, obvio, la inmensa mayoría se quedarán “como el chinito”.

Así, pues, para ya no generar nuevos egresados sin esperanza de empleo, el ISENCO debe egresar solamente a los alumnos que ya tienen la carrera iniciada, y no debe admitir a nadie más durante unos siete o diez años; para dar pie a que en el ínterin vayan quedando, por vías de jubilación, fallecimiento o renuncia de profesores actualmente en funciones, plazas libres que puedan ocupar aquellos muchachos y muchachas que aún están sin ellas.

Por otro lado hemos sabido que nuestro gobernador viajero acaba de proponer que, para solucionar la falta de recursos federales para pagarle a los profesores de contrato que de momento se quedaron sin él, los gobiernos municipales le entren al quite bajo el criterio de aportar un peso por cada peso que aporte a su vez el gobierno estatal. Y que uno que ya cayó en la trampa, es el alcalde comalteco, uno de los dos únicos priístas que están gobernando alguno de los diez municipios locales.

Con esta propuesta el gobernador está tratando de trasladar a los presidentes municipales una responsabilidad que sólo es suya, siendo que, por otra parte, hay, según lo acaba de notificar la misma secretaría, 1 mil 304 supervisores escolares y directores de escuelas ya listos para dar arranque al nuevo ciclo escolar.

Si uno medita bien las cosas, mil trescientos supervisores y directores de escuela para poner en marcha a los maestros de grupo en Colima ¡son demasiados! Y para nada, o para muy poco inciden, por lo demás, en la educación que se brinda en el aula.

La Batalla de Los Martínez.-

Cuando lea este título no vaya a pensar usted en que acaba de aparecer un nuevo cártel el Colima. No. Con este título quiero hacer alusión a que el 16 de agosto de 1811 hubo, en los linderos de la Villa de Colima y el Llano de los Martínez (hoy Villa de Álvarez) una cruenta batalla entre dos bandos enemigos: los realistas que apoyaban la dominación española y los insurgentes que luchaban por la independencia de esta región respecto de España.

Respecto a lo que sucedió a partir de ese preciso día, sabemos que el 3 de mayo de ese mismo año, se levantó en armas a favor de los insurgentes, en el pueblo de Mascota, un antiguo  soldado español que se llamaba Ignacio Sandoval, quien hacia el mes de julio ya contaba con alrededor de 500 hombres bajo su mando.

La información de que se dispone es, lamentablemente, muy  exigua, pero hay indicios para inferir que Miguel El Lego Gallaga y José Calixto Martínez, Cadenas, lograron convencer a Sandoval de que se viniera desde Mascota para ayudarlos a tomar la Villa de Colima. Sandoval aceptó la invitación y, realizando un camino inverso al que realizan los peregrinos comaltecos en su viaje anual a Talpa, se vino atacando y tomando pueblos, como los de Ayutla, San Clemente y Autlán. Capturando españoles, pidiendo rescate por ellos, o haciéndolos fusilar o colgar cuando no recolectaba nada.

Así llegó, a principios de agosto, hasta Tuxcacuesco, pueblo al que saqueó y quemó porque sus habitantes no se plegaron de inmediato a sus dictámenes. Y lo mismo les pasó a los pueblos de Tolimán y Zapotitlán, ya más cerca de Colima.

El 5 o 6 del octavo mes pasó primero por Suchitlán, donde “hizo ahorcar al alcalde del pueblo”, porque envió a tres de sus paisanos a las autoridades de la Villa de Colima para avisar que Sandoval se había hecho presente allí.

Luego pasó por Comala, e hizo campamento muy cerca del Llano de los Martínez, pegado a uno de sus arroyos. Testigos, entre los que se encontraba otro presunto capitán insurgente colimote que se llamaba “Ramón o Félix Rejón”, declararon posteriormente que hasta ese campamento llegó un oficial realista “al que llamaban Lepe”, diciendo que se quería pasar a los insurgentes, pero que Sandoval sospechó que tramaba “una traición, [y] lo entregó a los indios para que le quitasen la vida”.

Tres o cuatro días duró Sandoval en ese campamento, y en el ínterin llegaron El Lego y Cadenas, con sus respectivos contingentes y, debe de haber sido el 10, cuando un pelotón de la tropa realista pasó por una hacienda cercana a Los Martínez, escoltando a unas damas hacia la Villa de Colima. Un grupo de insurgentes intentó detenerlos, pero aquéllos les hicieron frente y les mataron a tres o cuatro compañeros, propiciando el coraje de Sandoval, quien muy temprano, al día siguiente, ordenó avanzar hacia Colima, trabando combate con los realistas que cuidaban la plaza, muy cerca al parecer, del convento de San Francisco de Almoloyan, hasta que los hicieron replegar y llegaron al centro de la población, procediendo de inmediato al saqueo de las tiendas y las mejores casas, y liberando a los reos.

La próxima semana les platicaré de lo que sucedió después.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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