Abelardo Ahumada

Vislumbres por Abelardo Ahumada.

El jueves de la semana pasada me tocó dar una charla en el Congreso, y les comenté ahí a los diputados unos cuantos datos relacionados con lo que política, social y militarmente ocurrió en los años previos a que en Colima se instalara la que vendría siendo la Primera Legislatura Estatal, y a que se eligiera el que tendría que ser, igualmente, el primer Gobernador del Estado.

Hoy, luego de agradecer la oportunidad que se me dio para subir a esa tribuna, retomaré muy brevemente el tema porque resulta que este martes 21 de junio se cumplieron 150 años exactos de que se llevaron a cabo las elecciones para elegir a dichos diputados y gobernador. Habiendo sido electos, en lo Legislativo, los señores Francisco Vaca,  Ramón R. de la Vega,  Pedro Brizuela, Miguel Escoto, Juan N. Salazar, Antonio Cárdenas y Liberato Maldonado. Mientras que como titular del Ejecutivo fue electo el Gral. Manuel Álvarez Zamora.

En aquel tiempo la población del Territorio de Colima era todavía muy escasa y estaba mal distribuida; pues de conformidad con el Ensayo Estadístico sobre el Estado de Colima, el Territorio tenía apenas un poco más de los 61 mil 243 habitantes contabilizados en un censo local de 1846, y que estaban distribuidos en una pequeña ciudad (Colima), con alrededor de 31 mil  500 habitantes;  la Villa de Almoloyan (hoy Villa de Álvarez), con sólo 5,163 pobladores dispersos en numerosos barrios de grandes huertas y solares; 13 pueblos (entre los que curiosamente todavía se mencionaban Tecalitlán y Jilotlán), 13 congregaciones, 20 haciendas y un buen montón de pequeños ranchos. Siendo entonces Manzanillo tan diminuto que apenas tenía 40 habitantes.

Con motivo de semejante distribución poblacional sólo hubo entonces siete distritos electorales, de los cuales  tres fueron asignados al municipio de Colima, uno a Almoloyan, otro a Comala, uno más a Tecomán, y el último a Ixtlahuacán, pueblos últimos, estos tres, que hasta la época de la Guerra de Independencia habían sido reconocidos por las autoridades virreinales como “Repúblicas de Indios”.

Así, pues, si las elecciones se programaron para el 21 de junio de 1857, la toma de protesta del gobernador y los diputados electos se programó para el martes 19 de julio siguiente. Por lo que podríamos tomar esta fecha como la que se concretó, hace siglo y medio, el largo anhelo de nuestros tatarabuelos en el sentido de que el Territorio se convirtiera, después de tantas vicisitudes, en el Estado Libre y Soberano de Colima.

Moraleja.-

Aunque no es pertinente abundar sobre esos asuntos, sí quiero recalcar un punto que ya no alcancé a exponer ante nuestros actuales legisladores: me refiero a la noticia de que a ninguno de aquellos primeros diputados se les ocurrió siquiera que tendrían que cobrar un peso por ser representantes populares, porque tal cargo “era honorífico”, y bastaba entonces el honor de ser reconocido como tal para sentirse completamente satisfecho de estar sirviendo a Colima.

En cuanto al gobernador Manuel Álvarez también debe saberse que, muchas veces, en lugar de cobrar el pequeño sueldo que tenía asignado, solía poner dinero de su propio peculio para completar o realizar algunas obras de carácter público.

Proporcionalmente los pocos jueces que había entonces también recibían un salario decoroso, y  ninguno soñó siquiera en que hubiese de llegar un día en que un miembro del Poder Judicial pudiese cobrar las ingentes cantidades que perciben los magistrados de hoy.

Estos datos (que no invento y que están perfectamente documentados) deberían de servir para que nuestros actuales diputados, los magistrados en funciones y el mismísimo gobernador, hicieran un profundo análisis de conciencia para que resolvieran si son merecedores (o no) de recibir los altos emolumentos que mensual y anualmente perciben, en comparación con los míseros salarios que reciben los trabajadores manuales.

Creo en ese mismo tenor que si dichos funcionarios y representantes populares hicieran, con honestidad, el análisis  que menciono, tendrían que llegar a la conclusión de que, en solidaridad con los más desposeídos de sus paisanos, deberían reducir sus dietas e ingresos cuando menos un 50 por ciento, porque aun cuando sea legal lo que perciben, no es justo que así sea.

Desaire mayúsculo.-

Totalmente desairada estuvo la marcha y manifestación por la seguridad que durante casi toda la semana anterior estuvieron convocando las directivas de las diferentes cámaras patronales existentes en nuestra entidad, como la Coparmex, la Canirac, la Canadevi, la Canaco, la Canacintra y otras.

A pesar de que en todo Colima existe una enorme preocupación por los altos índices de robos, extorsiones y violencia que nos acosan, y no obstante el lema que se utilizó para la convocatoria era: “#LaSeguridadNosUne”, todo parece indicar que a la raza en lo general no le pareció coherente asistir a una marcha convocada por dichas cámaras, como si en nuestra pequeña entidad estuviese muy viva la “lucha de clases” que pregonaban los antiguos marxistas.

Por otra parte fue muy notoria la ausencia de la muchachada. ¿Cómo interpretar todo eso? ¿Será que a il pópolo no le preocupa su seguridad?, o que ¿no quiere es convertirse en comparsa de los patrones ni con el gobierno al que los percibe aliados? Y en cuanto a los jóvenes, sin importar que sean estudiantes, trabajadores o ninis, ¿acaso les vale grillo ver la matazón que está ocurriendo cada día en nuestros alrededores? O ¿tampoco les interesó responder a la clase social que los convocó?

Su servidor, la verdad, no tiene respuesta para ninguna de esas interrogantes, pero de que fracasó la convocatoria, las fotografías que se publicaron demuestran completamente que sí. Porque a las 7 pm del lunes 19 (hora y fecha para las que fue convocada), los manifestantes no llenaban ni la parte central de la rotonda del monumento del Rey de Coliman.

Lluvias escasas.-

La lluvia, por lo regular, no suele ser motivo de atención y preocupación para los citadinos, porque para la inmensa mayoría de ellos el agua les llega a sus casas por una gigantesca red de tuberías que ya tiene muchos años ampliándose. Cosa contraria sucede con los campesinos y con los ganaderos que viven (o sobreviven) sólo si cae suficiente lluvia en sus predios y en sus pequeños embalses.

Para ellos es tan terrorífico que no llueva, como que llueva de más, y son contentísimos cuando hay un buen temporal. Pero… resulta que en muchos terrenos de nuestra entidad el estiaje se prolongó demasiado y ya son muchas las cabezas de ganado que a la gente del campo se les han ido muriendo de hambre y de sed.

Todas estas personas claman a Dios (y a San Isidro, o al Señor del Rancho de Villa, en su caso) para que ya caigan las lluvias y comiencen a fluir los arroyos y a crecer nuevamente los pastos. Pero algún funcionario de la Comisión Nacional del Agua vaticinó que este verano será muy poco llovedor en Colima y que, en consecuencia, habrá una precipitación menor al promedio que por lo regular cae cada año en las diversas áreas de nuestra entidad. ¿Estamos preparados para la sequía? ¿Tendremos que recurrir al más estricto racionamiento? ¿Somos conscientes de que siendo cada vez “más muchos” es, por obvias razones, menos agua la que nos toca a cada uno?

Creo que todo esto debería de preocuparnos en serio, y que así como el municipio capitalino tiene cuando menos el proyecto de revitalizar el Río Colima en el tramo que va desde la avenida de Los Maestros hasta la 20 de Noviembre, así deberían iniciar todas las municipalidades algunos proyectos concretos para revitalizar también sus principales ríos y arroyos, si no quieren que dentro de muy pocos años “el destino los alcance” y no tengan de donde agarrar para tomar un simple vaso de agua.

Casos diferentes.-

Cada uno de nuestros diez municipios ha ido resolviendo su propia escases del vital líquido de diferentes maneras, pero conociendo toda la entidad y habiéndola recorrido casi “palmo a palmo” durante varios años, puedo afirmar que no hay un solo municipio en que los ríos, los arroyos, o los diversos “cuerpos de agua” naturales (nacimientos, marismas, lagunas y manglares) no hayan padecido la violencia y los malos tratos que irracionalmente les hemos dado los seres humanos.

Debido a esas causas ahí está, por ejemplo, la resequedad que hace unas poquitas semanas se publicitó en cuanto a la laguna de Carrizalillos, al norte de Comala; pero también están resecos, desde hacer varios años, las lagunas Cuata y “de Pastores”, en Villa de Álvarez; los arroyos de El Manrique, Santa Gertrudis, El Tecolote y La Estancia, en Colima; los de La Caja, El Seco, Suchitlán y Cofradía, en Comala también; el de Agua de la Virgen en Ixtlahuacán; el de Las Adjuntas, el de Punta de Agua y el de Chandiablo, en Manzanillo; el arroyo del Peón y río Minatitlán, en el municipio del mismo nombre; los arroyos de El Frijol y Las Gruyas al menos, en Cuauhtémoc, y el Agua Zarca en Coquimatlán. Siendo Tecomán y Armería un par de casos no tanto excepcionales, sino diferentes porque aun cuentan con los esquilmos (cada vez menores) del Río Grande-Armería.

El hecho, pues, es que hay una constante en cuanto a la resequedad de ríos, arroyos, pequeños embalses y lagunas naturales, y que una de las principales causas de todo eso es la deforestación realizada en todas las regiones de nuestra entidad. ¿Qué estamos haciendo para remediar todo eso? Es más ¿estamos los ciudadanos, y están nuestras autoridades conscientes de la gravedad del caso? La verdad creo que no, porque tengo años insistiendo en todo esto y no veo nada que estemos haciendo para resolver esa problemática, que cada lustro se agrava más y más.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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