Columna VISLUMBRES
Durante el miércoles 10 y el jueves 11 de este febrero presuntamente amoroso y amistoso, se suscitaron, aquí en Colima, algunos pequeños eventos que dieron mucho qué decir, y otros en los que sería pertinente reflexionar:
El más notable de todos ellos fue que finalmente se destrabó todo lo que había impedido que José Ignacio Peralta Sánchez se estrenara como gobernador y, dentro de ese contexto, un incidente del que no se supo sino hasta después, consistió en el hecho de que para la sesión solemne del Congreso estatal en que se le tomaría la protesta de ley al nuevo mandatario, sólo le dieron los diputados a él la posibilidad de invitar a 32 de las 240 personas que, según datos de Juan Ramón Negrete Jiménez, podrían entrar al recinto cameral y testificar el evento; propiciando la primera desavenencia entre ambos poderes; aunque el gobernador aguantó vara y seguramente dejó para mejor oportunidad el desquite de ése que, para él, había sido el primer agravio diputadil.
Otro de los eventos, necesariamente vinculado con los dos anteriores, fue el de la integración del también nuevo gabinete. En el que como ya lo habían previsto varios atinados articulistas locales tendrían (tendrían, sí) que repetir algunos de los elementos que formaron parte del gabinete interino. Y que, por lo mismo, ya desde entonces pintaba para terminar siendo lo que fue.
Otro más fue el desaire que JIPS hizo a las mujeres a la hora de integrar su gabinete. Todo ello pese a que una buena parte de su parentela dedicada a los negocios publicitarios y periodísticos había estado insistiendo, desde las primeras semanas de la campaña, que cuando Nacho se convirtiera en gobernador habría de tomar muy en cuenta la representatividad de las mujeres dentro de su gobierno. Anuncio que sólo se cumplió muy parcialmente, en la medida de que sólo a tres, como por no dejar.
Este hecho, por sí solo, ha puesto a reflexionar a las féminas más politizadas en el sentido de que si JIPS no nombró más mujeres para su gabinete fue porque: o no las considera capaces; o no conoce a las mujeres capaces que sí hay en Colima, o porque tal vez recuerda (con cierto rencor) que a él le tumbaron una senaduría por causa de la famosa cuota de género en materia político electoral.
Otro detalle que acaparó la atención de muchos de quienes asistieron a la ceremonia presuntamente popular que habría el mentado jueves, en el Jardín Libertad, de la capital el estado, fue el de que Nacho “no se bañó de pueblo”, como sí lo había tratado de hacer sobre todo durante la campaña extraordinaria, sino que se separó de él (del pueblo, insisto) mediante numerosos carriles y espacios delimitados por vallas metálicas. Espacios, como corralitos, en los que por cierto hubo distintivos de color subido (rojo, por ejemplo), para identificar a los invitados que habrían de estar entre los ciudadanos más allegados del gober. Comenzando por aquellos de los que ya se habla como la “nueva familia real”.
En ese mismo tenor, al templete subió él solo, y ni siquiera lo acompañaron los presidentes de los otros dos poderes, ni Manlio Fabio que vino desde México a echarle porras, ni Rogelio Rueda, presidente de su partido en Colima. Como dando a entender que ése era su evento y de nadie más; o como dando a entender, también, que el único que marcará el rumbo de Colima durante los casi 6 años que siguen, será él y ningún otro. Todo esto sin que se nos olvide que aquel templete ubicado en doble plataforma con figura hexagonal, estaba también sumamente alejado incluso de las primeras filas, donde le aplaudían a rabiar sus invitados VIP.
Finalmente, y para no desentonar con toda esa serie de eventos, hubo un individuo que generó una nota que pasó casi totalmente desapercibida: me refiero a que, aplacando de una buena vez todos los rumores que se generaron en el sentido de que el ex gobernador Fernando Moreno Peña estaría de algún modo implicado (o representado) en el gabinete nachista, éste salió a decir a los reporteros que no sólo “no ocupa (JIPS) que se le asesore, [porque] él está formado académica, y políticamente”; sino que, además, él ya no figurará más en este ámbito, porque – dijo: “Yo estoy retirado de la política”.
Declaración que aun cuando pudiese ser cierta, no provocó barullo. Tal vez porque los reporteros y los analistas simplemente no le quieren creer al también ex rector, porque muy bien que se le vio moviendo sus hilos de titiritero mayor durante la campaña extraordinaria, principalmente en Manzanillo.
En fin, estamos apenas por concluir la primera semana y ya comienza a dar color este sexenio. Un raro color verde, aparte, según se acaba apenas ayer de saber, con la designación (plenamente aprobada por JIPS) de Nabor Ochoa López como nuevo delegado de la Semarnat.
Designación que habrá de provocar algunas discordias entre los líderes de los demás partidos de la coalición, que ahorita se preguntan por qué a él (a Nabor) sí y a ellos no. A no ser que para ellos tenga Nacho también otros premios de agradecimiento por haberle aportado los votos que el PRI no logró aportarle para ganar.
Y, ya por último, ya van varios paisanos que opinan que durante este sexenio que inicia sí nos va a ir muy bien, porque Nacho tuvo la grandísima oportunidad de saludar incluso de mano al Papa Francisco. Dios quiera, en efecto, que por el bien de Colima ese significativo saludo se torne en una verdadera bendición para el pueblo colimote, sobre todo para la gente más pobre.

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