Rogelio Guedea

PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

 

 

En virtud de que en días pasados se hicieron a través de las redes sociales denuncias masivas sobre casos de acoso escolar sucedidos en el Bachillerato 1 de nuestra casa de estudios, pero luego extendidos hacia otros bachilleratos e incluso facultades, las autoridades universitarias, encabezadas por el rector Hernández Nava, tomaron la correcta decisión de actualizar su protocolo sobre violencia de género, estableciendo medidas mucho más seguras para atender estos casos que despertaron la alarma no sólo al interior de nuestra institución sino incluso fuera de ella. La respuesta del rector Hernández Nava y su grupo cercano de colaboradores a esta exigencia fue oportuna y me alegro que tomada con toda la seriedad que el asunto requiere, de tal modo que no sólo se están atendiendo los casos de acoso escolar ya denunciados en redes sociales, con las sanciones que los casos ameriten, sino que también se formó un Comité de Ética conformado por especialistas en derechos humanos, género y diversidad sexual y, además, una Comisión de Seguridad y Protección Civil. Asimismo, se lanzó una página electrónica (http://quejaviolenciagenero.ucol.mx/)  mediante la cual las víctimas de una conducta inapropiada pueden denunciar su caso, mismo que se irá directamente con el abogado general de la institución para su debido proceso. Como bien se ha indicado, este protocolo está vivo y sujeto a cambios constantes con el fin de que las lagunas que existan en conflictos que puedan imponerse complejos, puedan siempre ser suplidas ponderando más que la legalidad del procedimiento, el sentido de la justicia que debe permear el mismo. Tendrá que haber, por tanto, en lo que corra del próximo año, una serie de pláticas informativas sobre cómo funciona este protocolo, qué es y qué no es (aunque decirlo parezca absurdo) violencia de género, y además cuáles son las claras consecuencias tanto de resultar culpable de acoso, como incluso de presentar una denuncia por el solo hecho de causar un perjuicio a alguien, pues el protocolo (como cualquier ley) debe contemplar tanto la protección total de las presuntas víctimas como también la no desprotección de los presuntos victimarios. Lo que se trata, por encima de todo, es que establezcamos un código de ética personal tan sólido que, como decía Platón en Las leyes, el protocolo se haga inoperable, esto es, que no tengamos necesidad de usarlo nunca puesto que nuestro comportamiento hacia los otros será respetuoso y tolerante. Sí debe establecerse también, eso sí, un Código de Ética tanto para alumnos como para trabajadores universitarios sobre el uso de las redes sociales y el correo electrónico oficial, pues uno puede ver a profesores universitarios y a estudiantes que hacen un uso inapropiado de las redes sociales, con lo cual no solo manchan a su propia persona sino a la misma institución educativa de la que todos formamos parte. Yo, por ejemplo, hace muchos años decidí no usar una cuenta personal de Facebook sino una fanpage en donde subo información principalmente de tipo profesional sobre mis actividades académicas, literarias y mis colaboraciones periodísticas, sin interactuar prácticamente con nadie salvo para eliminar mensajes de odio o para agradecer algún comentario generoso. Si bien nadie es perfecto, la idea de crear entornos armoniosos y de respeto es un imperativo sobre todo para las instituciones educativas, por eso el lanzamiento de este protocolo de atención a casos de violencia de género deberá convertirse también en un ejemplo para que después lo retomen gobiernos municipales de nuestra entidad, organismos descentralizados, el mismo gobierno del Estado y la propia iniciativa privada.

 

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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