VISLUMBRES

Acabamos de enterarnos de que, aprovechando las oportunidades que les brindó a los inversionistas la reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto, un consorcio privado de capital estadounidense conformó en México una empresa petrolera sui géneris, que para los efectos fiscales se conocerá como el grupo “Refinerías Unidas de México” (Refmex), por sus siglas. Consorcio entre cuyas pretensiones está la de “instalar un total de nueve refinerías en el país, una de ellas en el puerto de Manzanillo, con una inversión de mil 29 millones de dólares”.

A primera vista, ésta parecería ser una muy buena noticia, pero conociendo  los reducidos espacios con que dicho puerto cuenta para su expansión, la pregunta que inmediatamente salta es: ¿Dónde la colocarán? Y, luego, imposible no ligar una cosa con la otra: ¿Cuál de los ecosistemas aledaños al puerto, o a la laguna de Cuyutlán, habrán de dañar para poder instalarla?

Petroprecios.

Y ya que tocamos el tema del petróleo y sus derivados, ¿qué tal les cayó, amables lectores, el aumento al gas y la gasolina que acaban de regalarnos nuestro amantísimo presidente EPN, y nuestro genial secretario Videgaray, amigazo de Nacho, por más cierto?

Revisando los precios con que Exon, Mobil, Shell, Chevron y otras petroleras están vendiendo ahorita sus gasolinas en los estados sureños de la Unión Americana, resulta que para comprar un galón de dicho carburante, los ciudadanos que allá viven, gastan algo así como dos dólares con un centavo, en promedio, mientras que si nosotros compramos el mismo galón gasolina debemos que gastar, en pesos, el equivalente a 2 dólares con 80 centavos. Y eso que “el petróleo es nuestro”. ¿Qué tal que no fuera así?

Para justificar una parte de dichos aumentos, nuestros excelentes gobernantes nos dicen que PEMEX está enfrentado el grave problema de que ya casi no se puede extraer más petróleo debajo de las “aguas someras”, y que, por lo mismo, la empresa se abrió a la participación de los capitales nacionales y extranjeros, para que puedan, en un futuro cercano, extraer el petróleo de los lagos subterráneos que según ellos existen bajo las “aguas profundas” del Golfo de México.

Aseveración gubernamental contra la que se tiene la creencia de que lo único cierto es que el gobierno peñanietista no está dejando que PEMEX extraiga todo lo que todavía es posible extraer, para que las empresas como la que mencioné al principio se beneficien también con la explotación de los mantos que subyacen ligeramente debajo de la plataforma continental. Todo ello mientras acaban por ahí de morirse, y dejan de ser una carga, las decenas de miles de trabajadores que fueron contratados por PEMEX durante los sexenios de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. “Tiempos de abundancia” en que se hinchó tanto la nómina petrolera que hoy debe vestirse con tallas extra.

 El verdadero problema.

Frente a estos dos afilados asuntos, y como derivación del aumento de precios en los combustibles, todos los demás precios están, por ende, subiendo, porque todo lo que se fabrica se produce mediante un gasto energético; y porque todo se transporta mediante otro gasto similar o aún mayor al de su costo de producción. Impactando con cruda rudeza nuestros bolsillos ya de por sí casi siempre vacíos.

Redundado un poco sobre este tema, y para entristecernos (o para encabritarnos) un poco más, conviene que nuestros lectores sepan que un obrero de salario mínimo en California gana 10.50 dólares por hora laborada. Lo que trasladándolo a 18 pesos (poco más o menos la paridad actual), equivale a 189 por hora. Cantidad que al reducirla incluso por los impuestos es más del doble de lo que los trabajadores mexicanos de salario mínimo general perciben en todo un día, pues para ellos, en este bien administrado gobierno peñanietista, su ingreso es de sólo 73 pesos al día.

No en vano, un día, al comentar sobre un tema similar, mi amigo Álvaro Meneses me dijo: “Es que estamos viviendo en un país que cobra impuestos del primer mundo y paga salarios como del cuarto o quinto”.

Reemplacamiento.

Corren (y arrecian) los rumores de que una vez más los integrantes del “Dream Team” administrativo de Nacho Peralta nos quieren atrinchilar a los indefensos ciudadanos propietarios de un auto, con un  nuevo, forzoso, ilegal e injusto reemplacamiento. Dizque  para incrementar la seguridad de los usuarios. Argucia por demás infantil pues para eso nos les pusieron chips en los parabrisas.

La verdad es que estos hijos del ITAM y anexas ya no hallan cómo sacarle dinero a los ciudadanos para poner su carísima administración a flote. Pues sólo a ellos se les ocurre la peregrina idea de que los propietarios de autos de los modelos 2012 a 2016, deben volver a comprar placas nuevas, no sólo porque prácticamente ¡acaban de hacerlo! Sino porque ni siquiera les están respetando un margen de portabilidad de placas de seis años de duración como solía ser antes.

“¡Ya párenle. No abusen!” Les podríamos gritar los simples ciudadanos a JIPS y sus ya cómplices; pero si nuestros flamantes diputados no les paran el alto, legalmente se van a volver a reír de nosotros. ¿Qué no tendrán madre y vergüenza dichos diputados y diputadas?

 Los demonios andaban sueltos.

El lunes 14 de agosto, Arnoldo Ochoa, secretario general y jefe del Gabinete de Seguridad del gobierno nachista, se reunió en cortito con los integrantes de la Junta Coordinadora Empresarial y del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, para informarles que desde “el 1 de abril a la fecha se ha detenido a 794 personas”, y que han disminuido también los “homicidios dolosos”. Señalando todo eso como algunos de los más importantes “avances en el combate a la criminalidad”.

El dato me parece muy importante porque de ser eso cierto significa que demasiados demonios andaban sueltos. Aunque por lo que uno sigue oyendo por ahí, de matazones y robos en donde quiera, bien se podría creer que son todavía muchos los que siguen afuera haciendo de las suyas, o que, habiendo entrado gran cantidad de malandrines a cárceles y penales, “más tardaron en entrar que en volver a salir”.

Esto sin mencionar la sospecha de que entre los 794 individuos capturados de abril para acá, se estén contabilizando los borrachitos callejeros que suelen caer al bote cada fin de semana.

Magra medalla

En cada Olimpiada es lo mismo: salen los comentaristas deportivos de las grandes televisoras a quemar incienso a tales y cuales deportistas mexicanos “de alto rendimiento”, para que mientras transcurre la “magna gesta deportiva” el pobre y siempre esperanzado público poco a poco se vaya desengañando de que los posibles ganadores de medallas olímpicas se volvieron imposibles. Y luego le comienzan a echar la culpa a la Comisión Nacional del Deporte, o como se llame hoy.

Pero la culpa no la tienen ni la Conade ni los deportistas que como quiera hacen su lucha, sino el gobierno federal, los gobiernos estatales y la SEP, porque toca a ellos organizar y apoyar el deporte desde la más tierna infancia. Cosa que no han hecho jamás, puesto que NUNCA, en ninguna escuela primaria o secundaria se ha visto que haya un equipo de profesores o instructores de educación física, y cuando mucho hay uno (o una), encargado, según esto, de activar hasta doce o quince grupos, con un mínimo de 30 alumnos por grupo.

Siendo ese el motivo por el que hoy, y hasta el momento en que redacto estas líneas, sólo el boxeador chihuahuense Misael Rodríguez, haya ganado una simple y sencilla medalla de bronce para México en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Parralense aguerrido que, aparte de irse diariamente a entrenar, se vio en la penosa necesidad de salir a “botear” en su tierra, para conseguir algún dinerito extra para irse a Brasil con algo más que la bendición que tan cariñosamente le dio su madre.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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