Abelardo Ahumada

VISLUMBRES por Abelardo Ahumada

Ése fue el título en español de una película franco-italiana que se proyectó hacia principios de la década de los cincuentas del siglo pasado, en la que de un modo muy crudo (pero creíble) se habla de los peligros que afrontaron cuatro empleados europeos de una empresa petrolera norteamericana para transportar, sobre unas brechas apenas dibujadas en cerros selváticos, varios camiones cargados con cajas con botellas de nitroglicerina, que serían usadas para taponear, mediante una explosión inducida, un pozo petrolero que se había incendiado en el corazón agreste de una de tantas “repúblicas bananeras” que existían entonces en Centro y Sudamérica.

Y el título “El Salario del Miedo” venía muy al pelo con aquella trama porque, siendo la nitroglicerina altamente explosiva, los tumbos que daban los camiones sobre la mala brecha y los ríos crecidos que tuvieron que atravesar, amenazaban con hacer trizas en cualquier momento a los conductores y sus copilotos que, por exponer sus vidas, iban cobrando miles de dólares.

Y salario del miedo parece ser, también, aunque muy exiguo, el que cobran los agentes de las diversas policías que hay en nuestra entidad, debido al terror que tienen por tantos muertos como siguen apareciendo en casi todos los municipios colimotes. Un salario, pues, que no se atreven a dejar de percibir porque, como cualquier hijo de vecino, tienen necesidades por satisfacer, pero que tampoco devengan con el arrojo que se le atribuye a los policías valientes, porque se estarían enfrentando a individuos desalmados y cabrones que, como bien se sabe, “tiran a matar”. Y aquéllos no quieren dejar huérfanos a sus críos.

Por otra parte hay varios indicios que nos dan pie para sospechar que algunos de los diez alcaldes colimotes, y tal vez hasta el gobernador, cobran también (aunque más jugoso) su propio salario del miedo, ya que no hacen gran cosa por atender y resolver el creciente problema de la inseguridad. Tal vez porque, una de tres: o están amenazados para no meterse donde no les llamen, o están comprados para hacerse disimuladitos, o ambas cosas a la vez. Porque no de otro modo se explica que mientras los espacios refrigerados del Semefo ya son insuficientes para recibir tanto cadáver, las capturas de los perpetradores son mínimas y los asesinos siguen sueltos, haciendo de las suyas.

Pero volviendo al tema de la película que reseñé, les recomiendo que si no la han visto aún, la busquen en la internet. Pues es una de esas películas que ya se hicieron clásicas y que, como solía decir nuestro buen amigo Héctor Flores, “mantienen al espectador al filo de la butaca”.

Después de la Ola Azul.-

Quienes ya tengan algunos años andados, sabrán, tal vez, que durante  la segunda década del siglo XX hubo en nuestro país unos grupos pseudo-revolucionarios que fueron conocidos como los “batallones rojos”, impulsados en Colima por el ex seminarista zapotitlanese Basilio Vadillo. Y que igual hubo en Tabasco, en la tercera y cuarta décadas de dicho siglo, unos grupos de golpeadores y asesinos a sueldo que se llamaban “camisas rojas”, impulsados y sostenidos por el entonces gobernador tabasqueño Tomás Garrido Canabal, de feroz espíritu jacobino. Y que, aquí en Colima, hace unos poquitos años, hubo asimismo, evocando aquellos viejos ayeres, varios grupos de militantes del que ahora se conoce como “el otro PRI”, que encabezaba (o tal vez encabeza aún) el ex gobernador  Fernando Moreno Peña, quien como distintivo los hacía portar, igual que su antecesor tabasqueño, camisas y blusas rojas. Llegando al grado de que, por ser  tantos y tener el propósito de contrarrestar “la Ola Azul” impulsada por Vicente Fox y aliados,  fueron conocidos como “la Marea Roja”. Marea que como ocurre usualmente en las costas, desde hace un buen rato ha ido “a la baja”, y que según se avizora (no nada más en los municipios costeños) no será durante el próximo año electoral cuando recupere los altos niveles que tuvo.

“El efecto Peje”.-

A diferencia de como está ocurriendo en otros estados, en Colima no figura el partido de Andrés Manuel López Obrador, aunque él afirme que “Morena no tiene dueño”.

El hecho de que Morena casi no figure ni haga bulto en Colima no quiere decir, sin embargo, que no figurará y que no crecerá exponencialmente dentro de unos poquitos meses, porque como bien se sabe, ya se comienza a sentir en todo el país “El Efecto Peje”, como cuando en vísperas de las elecciones del años 2000, se comenzó a sentir también “El Efecto Fox”, que hizo ganar incluso a  muy malos candidatos que en algunos lugares puso el PAN.

Esto que digo, y que no es pronóstico sino una realidad que se está palpando, ya lo percibieron también, a nivel local, algunos actores políticos de todos tipos y colores desde cuando menos el primer mes del año en curso. Mismos que estuvieron todo este tiempo a la expectativa de cuanto ocurriría, sobre todo en el Estado de México, durante las elecciones del primer domingo de junio. Espectadores políticos a su vez que, aun viendo la derrota de “la maestra Delfina”, valoraron los votos que tuvo Morena “con el sabor de una victoria”, porque los dos puntitos que con muchísimos trabajos le ganó el primo del presidente Peña Nieto, no sólo le costaron miles de millones a los gobiernos estatal y federal, sino porque al obrar así se pusieron en evidencia delante de todos los electores más o menos inteligentes del país, que les cobrarán carísimo ese “triunfo” el año que viene.

Pruebas fehacientes de que dichos actores políticos colimotes ya ventean en el aire los influjos del “Efecto Peje”, fueron, por ejemplo, las presencias que concitó durante su pasada visita a Colima el ex jefe del gobierno del Distrito Federal, aun cuando algunos de esos elementos hayan sido evidenciados y mal recibidos por la raza que desde hace años o meses se afilió a Morena.

El dilema que viene.-

El problema que gracias al “Efecto Peje” enfrentará Morena en muchos estados, es que, intuyendo que ahora sí sus candidatos tendrán muy grandes posibilidades de ganar, habrá, en consecuencia, muchos querendones para quedarse con las candidaturas y se armarán, obvio, grandes disputas para quedarse con ellas.

En Colima se ha visto que hay, lo menos, tres corrientes: la que encabeza su primer dirigente estatal, Vladimir Parra Barragán, hoy presidente del Consejo local; la que encabeza o encabezó el general José Francisco Gallardo Rodríguez, ex candidato por ese mismo partido a la gubernatura estatal, y la que dirige Sergio El Tigre Jiménez Bojado, su actual presidente y líder estatutariamente legítimo.

A ésas tres fuerzas internas (pequeñitas cada una por sí) les debería caber en la cabeza que lo que menos deben de hacer es jalar cada cual “como mayate con su hebra”, y que, si quieren aprovechar la oportunidad que les brindará el 2018, lo primero que deben hacer es unirse y jalar parejo, no como yunta de bueyes o mulas acicateadas por un picador, sino como veloz y eficiente cuadriga de un carro de guerra romano.

Tiempo tienen para meditar en esto. Ojalá tengan cacumen para percibirlo.

Y en cuanto a SJB, actual presidente de dicho organismo, le tendría que quedar muy claro también que aun cuando no debe negarse al ingreso de nadie que quiera participar en Morena, sí debe tener un ojo avizor para detectar quiénes entran, qué aportan, en qué se comprometen y qué tanto quieren obtener por participar, porque a estar alturas nadie puede ser tan iluso como para negar que muchos de quienes buscarán incorporarse a ese partido, lo harán porque quieren ser candidatos a cualquier cosa. ¡Faltaba más!

Alerta de género.-

Desde cuando se comenzó a manejar la idea de proclamar la famosa alerta de género por el aparente incremento de asesinatos de mujeres, vi que había una mirada muy chata y egoísta de parte de algunas personas que la promovieron, y me negué a dar mi insignificante apoyo al respecto.

Duele, ¡por supuesto que sí!, que algunos hombres perversos y desalmados maten muchachas, señoras e incluso niñas y adolescentes. Pero ¿acaso no duele (o tendría) que doler igual que los hombres se maten entre sí y que en esos desventurados afanes se acribillen o se acuchillen a docenas por semana?

Algunas de esas personas que digo no parecen, empero, tomar muy en cuenta esa otra incidencia de hombres y jóvenes asesinados, pues nada dicen en cuanto al número de cuantos están matando. Número que, lamentablemente, no tiene comparación con el que se refiere a las mujeres asesinadas porque es indiscutiblemente mayor. Número, asimismo, que nos debería llevar a emitir, en su caso, una alerta general y no nada más una alerta de género.

Todo ello sin haber precisado aún que la insistencia en ya no llamar homicidio a un asesinato de mujer, y designarlo “feminicidio”, no deja de ser una pifia legal con su paralelo gramatical, porque la palabra latina homo, de la que proviene, no designa al  hombre en tanto que varón, sino al género humano. De ahí que cuando los científicos dijeron: Homo sapiens no se referían al macho humano que logró darse cuenta que “sabía que sabía”. Sino a la especie humana, a la especie que, sin tomar en cuenta que sus individuos tuvieran pene o vulva, tomó consciencia de saber.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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