TAREA POLÍTICA

El primer funcionario público  en salir al aire con delirios de grandeza fue el hace siete años debutante alcalde de Colima, José Ignacio Peralta, con su guajira promesa de hacer de la ciudad de Colima una de clase mundial. Los resultados están a la vista de todos. Al arranque de la administración estatal nachista caracterizada por una “poco afortunada selección de los titulares de las distintas secretarías”, el titular de la de Fomento Económico, Carlos Domínguez Ahedo, de quien ya sentenciaron que “deben  de pagarle su boleto de avión a Monterrey y devolverle su carnet del PAN”, salió con su mafufada de que “Colima está para cosas grandes y puede aspirar a convertirse en la pequeña Suiza de México o el Singapur mexicano. Yo soy un convencido de que Colima es la pequeña suiza de México, estoy convencido que podemos ser Singapur, que tenemos el mejor puerto de América Latina, que no hay distancia más corta entre el Este de Estados Unidos y la Costa del Pacífico”.

Atenta a la gran visión y mayor ambición del panista vergonzante regiomontano Domínguez Ahedo, la Universidad de Colima, más rápido que inmediatamente, pensó en abrir un centro de estudios Suiza-Singapur y cursos de Hochdeutsch, mandarino,  malayo y tamil , al mismo tiempo que incrementar el turismo académico hacia ambos países. Como los malos ejemplos cunden, el Secretario de Educación, Óscar Javier Hernández Rosas, muy ufano él, ha sentenciado  que  “Colima tiene las condiciones para ser un referente de cómo se concreta la reforma educativa (…) también somos uno de los estados donde seguramente se va a pilotear. ¿Qué queremos hacer? Nuestra aspiración es hacer de Colima la Finlandia de América”.

De entrada, Hernández Rosas ya provocó con sus insensatez declarativa que la U de C ahora esté pensando seriamente en abrir un centro de estudios más, el que se ocupará del tema Finlandia; ofrecer cursos de finés e incrementar  los viajes   a la  república vecina de Suecia, Rusia y  Noruega, de sus estudiantes y profesores. Porque los colimenses quieren recibir los ingresos per cápita de suizos y singapurenses, tener la seguridad social integral de ellos, la tranquilidad que les dan sus gobiernos honestos y eficaces en la protección de su vida, bienes y derechos, y la calidad de la educación  que tienen los finlandeses, ojalá que los sueños guajiros del par de aretes,  Carlos Domínguez Ahedo y Óscar Hernández Rosas, se vuelvan realidad.

En lugar de soñar en que la luna es queso,  el sucesor de Rafael Gutiérrez Villalobos debe cumplir a cabalidad el compromiso que se impuso de “operar y hacer que todos los programas y partidas para el fomento de las inversiones y de la actividad económica funcionen perfectamente bien”, empezando por el SEDIFEC y su  enorme caja chica que se alimenta con el 2% de la nómina del sector privado de la economía estatal y que ha sido utilizada para financiar principalmente  a empresarios de salvia amigos del grupo silverista-anguianista-peraltista, y donde su nuevo titular, Andrés Rivas Franco, no ha encontrado anomalía alguna sino todo lo contrario.

Con sus risibles declaraciones e intervención indebida y desaseada en el relevo del rector de la Universidad Tecnológica de Manzanillo, UTEM, el hiperactivo Secretario de Educación  Hernández Rosas les está dando a quienes quieren su puesto, los argumentos necesarios para tumbarlo del macho. Por cierto, los logros que tanto presume no son de su autoría sino fruto del trabajo cotidiano de los maestros colimenses y de sus antecesores en el caro, pues  la evaluación ICRE encargada por Mexicanos Primero donde  Colima aparece en un envidiable  tercer lugar nacional fue realizada en el año 2015.

Óscar Javier Hernández Rosas disfruta el posicionamiento que le heredaron las anteriores autoridades educativas, pero el futuro educativo no le pinta nada halagüeño por todas las agresiones que  le ha infringido al magisterio colimense con  pagos indebidos al SAT y la indignante persecución laboral de que ha sido objeto, sello distintivo de su estilo personal de liderazgo centrado en chingar por fastidiar ninguneando al maestro en lugar de reconocerle sus valiosas aportaciones a la calidad del servicio educativo.

EL ACABO

  • Para los amigos incrustados en el “gabinete de inútiles” de José Ignacio Peralta, justicia y gracia. Para quienes no lo son, descalificación inmisericorde.
  • El que la misma prensa peraltista traiga ya a José Ignacio como perico a toallazos es claro indicador de que sus promotores le han perdido la fe, la confianza y la lealtad hasta la ignominia. Ante tal ensañamiento como que dan ganas de respaldarlo. ¿O no?
  • Ya en serio, una vez más, el tiempo vuelve a poner las cosas en su lugar.
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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