TAREA POLÍTICA por José Luís Santana Ochoa

 

De los tres niveles de gobierno contemplados en la Constitucional Política de los Estados Unidos Mexicanos, el municipal donde se da el contacto directo y personal entre autoridad y ciudadanos, es el que tiene menor capacidad de respuesta institucional a las demandas de seguridad para la vida y los bienes de  las personas. La magnitud de los problemas que enfrenta contrasta con la insuficiencia crónica de recursos de todo tipo que adolece para atenderlos. Pequeño gran detalle que pasan por alto quienes le cargan todas las pulgas de la violencia imperante en el territorio estatal sin que el gobernador Peralta se inmute ni el de la Cuarta Transformación.

Como la delincuencia organizada y la individual operan necesariamente en el territorio municipal, toda la culpa se la cargan a los alcaldes cuyas fuerzas policíacas son las menos entrenadas y  equipadas, mal  remuneradas y más expuestas a ser cooptadas y agredidas por los malandrines. Los policías muncipales cuyos domicilios y entorno conoce la delincuencia, son el eslabón más débil de la cadena de contención de las conductas antisociales. Su papel, en el mejor de los casos, se limita a voltear para otro lado.

Las policías muncipales que son presa fácil de los jefes de plaza de la delincuencia organizada también sufren la desconfianza y la presión de entidades federales como la Marina Armada de México, el Ejército y la Secretaría de Seguridad. En el sexenio presidencial de Felipe Calderón Hinojosa les fue como en feria al haber sido desarmados, encarcelados, torturados, cesados, denostados y todo lo que termine en “ados”, sin defensa jurídica alguna, mucho menos reivindicación e indemnización cuando las acusaciones sobre ellos resultaron infundadas.

Ya en estos tiempos de la “Cuarta Transformación”, la semana anterior, el alcalde de Alvarado, Veracruz, Bogar Ruiz Rosas, les entregó resorteras a sus policías a los que el muy limitado de entendederas gobernador Cuitláhuac García Jiménez les había decomisado sus pistolas y armas largas. Para no ir muy lejos, la mayoría de los policías a las órdenes del alcalde de Colima, Leoncio Morán Sánchez, liderados por el Coronel Araña, sólo portan desarmadores como armas punzantes para combatir robos, asaltos y demás.

Las quejas por carecer del número de patrullas que necesitan para recorrer las numeras colonias y comunidades de los municipios de Manzanillo, Tecomán y Villa de Álvarez, por ejemplo, y la insuficiencia de recursos económicos para combustible y mantenimiento, son la constante de sus alcaldes que ya no sienten lo duro sino lo tupido ante la escalda de violencia que los tiene con el Jesús en sus bocas, al gobernador del estado durmiendo a pierna suelta y al presidente de l república decidiendo a mano alzada.

De los diez municipios del estado, es Manzanillo donde el tráfico portuario de mercancías lícitas y prohibidas genera una enorme presión sobre la ciudad puerto que rebasa por mucho la capacidad de respuesta del gobierno municipal, tanto en el tema de la infraestructura urbana como en el de la seguridad. Soldados, marinos, policías federales y estatales desfilan blindados hasta sus dentaduras por las principales avenidas del puerto sin espantar a los sicarios que todos los días y a cualquier hora surten de cadáveres a las funerarias.

Ante el fracaso de los despliegues de las fuerzas federales dizque de apoyo a la seguridad municipal y estatal, ahora los manzanillenses tienen cifradas su fe y esperanza de recuperar la paz y la tranquilidad perdidas, en la futura arribazón, muy futura,  de los guardias nacionales amloistas muy ocupados por ahora en la contención de inmigrantes centroamericanos, caribeños, africanos y asiáticos. Ojalá que el remedio no les resulte peor que la enfermedad.

Serenidad y paciencia, y mucho aguante, deberán seguir teniendo los manzanillenses y los colimenses en general porque la demanda de guardias nacionales supera enormemente la capacidad de quienes los están entrenando, motivo por el cual su presencia en los municipios tardará varios meses en darse. Quizá hasta entrado el año próximo.  En tanto, los alcaldes seguirán siendo los paganos de que los delincuentes sigan ignorando la declaración unilateral de paz que desde el arranque de su gobierno les hiciera Andrés Manuel López Obrador.

EL ACABO

  • Hasta ahora los sicarios siguen rechazando convertirse en becarios , y los balazos todavía superan por mucho a los abrazos. Sorprende la capacidad de sufrimiento del pueblo bueno y sabio que no pierde sus esperanzas de que el tiempo le cure todo.
  • Los tres policías municipales lesionados a balazos por presuntos sicarios la noche del viernes anterior sobre la avenida Elías Zamora, Barrio 3, Valle de las Garzas, del puerto de Manzanillo, cuando circulaban en la unidad SP303, son claro ejemplo de la vulnerabilidad en que desempeñan sus labores de vigilancia.
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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