TAREA POLÍTICA por José Luís Santana Ochoa.

 Los dueños vitalicios de las jugosas  franquicias denominadas sindicatos de trabajadores al servicio de los ayuntamientos de Colima y Tecomán, Héctor Arturo León Alam y Audelino Flores Jurado, respectivamente, han hecho trío con su colega de Manzanillo, Joel Salgado Acosta, para presionar a la administración municipal porteña para que, con dinero del pueblo, les incremente a sus trabajadores sus  percepciones,  exigencias que hasta ahora no ha prosperado ni tenido la simpatía de los manzanillenses.

El sicario sindical Audelino Flores Jurado lleva más de 30 años imponiéndoles su Ley de Herodes a los ayuntamientos tecomenses legítima y democráticamente electos en las urnas, investidos de la autoridad formal que siempre termina siendo anulada por el poder real de Flores Jurado. Los alcaldes gobiernan pero el sicario sicario sindical manda, pone, dispone y descompone a su antojo, sin que nadie nunca jamás de verdad se lo haya impedido. La administración municipal del otrora rico y próspero Tecomán lleva años financieramente quebrada, sin recursos económicos para mejorar la infraestructura física ni la calidad y cobertura de los servicios públicos, todo lo cual le importa un comino al vividor Audelino que empeñado está en hacer lo mismo en Manzanillo a través de su cómplice Joel Salgado Acosta.

Ayuntado con otro líder sindical de su misma calidad moral, el de Colima Héctor Arturo León Alam, Flores Jurado se ha lanzado al asalto de la administración municipal porteña para tronarla como lo han hecho con la de Tecomán, replicando el mismo modelo gansteril. Los sicarios sindicales siempre van tras de lo que creen que es suyo, de sus familiares y aliados. No reparan ni en  los colores ni las siglas partidistas de quienes presiden los ayuntamientos por voluntad popular, mucho menos en los ciudadanos de quienes se han enriquecido hasta decir basta. No tienen hartadero.

Ni Flores Contreras ni León Alam ni Salgado Acosta se han dado cuenta de que en los nuevos tiempos de la “Cuarta Transformación” el sicarismo sindical ya no tiene cabida, creen que todo cambió para que ellos sigan  abusando del pueblo que les paga todas sus prebendas sin recibir a cambio de su parte el servicio y la atención que merece . Cegados por la soberbia y la codicia, no ven que si hasta el otrora poderosísimo cacique del Sindicato de los Petroleros, Carlos Romero Deschamps , cayó de la nube en que anduvo, ‘cuantimás’ morderán el polvo los sicarios sindicales de poca monta como los nombrados en párrafos anteriores.

Porque quien paga, el pueblo, no aguanta más, es tiempo ya de revisar a fondo y de forma integral el costo para la sociedad de las llamadas conquistas laborales que por su número, costo y complejidad, rebasa en mucho las remuneraciones prevalecientes en el mercado de trabajo del sector privado de la economía estatal. También, el tema de las dictaduras sindicales vitalicias como las que encarnan Héctor Arturo León Alam, Audelino Flores Jurado y otros de su misma calaña que llevan décadas sacrificándose por sus cautivos agremiados.

Porque las economías de los municipios no dan ni han dado para cumplirles sus costosas exigencias a los sindicatos al servicio de los ayuntamientos, no de la gente, urge una intervención gubernamental y social mayor, integral, que defina lo que es justo y sostenible para sus trabajadores y los ciudadanos que reciben mucho menos de lo que pagan. En tanto, los alcaldes deben resistir los embates del sicariato sindical,  con firmeza y decisión, nada más pero tampoco nada menos.

EL ACABO

  • Los lideres sindicales de los trabajadores de las obesas burocracias municipales van a terminar colapsándolas con sus exigencias.

  • En las pesadas cargas de los pasivos laborales generadas a los ayuntamientos por los sicarios sindicales deben poner su atención los múltiples organismos enemigos de la corrupción y devotos de la transparencia que operan en el estado.
José Luís Santana Ochoa

Analista político

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