Dentro del Festival Colima de Danza, el pasado mes de septiembre, hubo diversas propuestas dancísticas, dentro de las cuales destacó la compañía suiza CoBalt.

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El pasado 24 de septiembre, el Teatro Hidalgo se engalanó con la presencia de la compañía suiza de danza CoBalt. Como parte de la decimosegunda edición del Festival Colima de Danza –organizado en conjunto por la Secretaría de Cultura, la Universidad de Colima y el Instituto Nacional de Bellas Artes–, la Asociación CoBalt presentó la obra Spirituel Délire.

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Los estudiantes de la Licenciatura en Danza del INBA, impulsores de este festival, se encargaron de recibir los boletos desde las 8 de la noche. El público esperó impaciente la puntual tercera llamada, a las 8:30. A esa hora, el teatro se oscureció y el público se dejó llevar por los suaves movimientos de la directora, coreógrafa e intérprete Rébecca Spinetti.

Al ritmo de la música en vivo y siguiendo un juego de luces y sombras, el espectáculo constó de 4 cuadros en escena: en la primera, ante la expectativa de los asistentes, la música y los movimientos fueron de carácter primitivo, logrando conectar con el lado instintivo.

El segundo cuadro fue interpretado con exquisitez al son de un violinista, buscando representar la perfección. El tercero, de una manera agitada y a través de movimientos más bruscos, transmitió ansiedad de manera exitosa.

Los espectadores aplaudieron el multidisciplinario número, agradeciendo la fluidez de la artista y la originalidad de la música. Un violín y un djembe fueron los acompañantes perfectos para los movimientos de la bailarina.

Pasando el tercer cuadro, cuando ya había comenzado la parte más delirante de la obra, Spinetti sorprendió al público al subirse a un par de cuerdas. El sonido de las cámaras fotográficas no se hizo esperar cuando la bailarina –y modelo– suiza se lanzó al aire, ofreciendo una postura perfecta en cada uno de sus lances. Tras varios minutos de agitados movimientos, a manera de un elegante trapecio, la música y la danza pararon para escuchar los aplausos del público. La gente se congregó a las afueras del recinto para comentar el espectáculo; las sonrisas denotaban la satisfacción con el mismo y las ganas de volver a asistir a las siguientes presentaciones del festival.

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Por Alejandro Ponce de León P.

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