Rogelio Guedea

AL VUELO

En la Divina comedia, de Dante, la traición está considerada como el peor de los pecados humanos. Contraria a la traición está la lealtad, la caridad y las virtudes morales. El noveno círculo divide a los traidores en varias categorías: los traidores a la familia, los traidores a los benefactores y los traidores a la patria o a su partido político. Es esta última categoría la que parece resaltar sobre las demás: la de los traidores a la ciudad o a su partido político, mismo que es representada con la figura emblemática de Antenor, quien fuera consejero del rey de Príamo de Troya y quien, sobre todo, fuerza condenado por su traición a su pueblo durante el acecho griego, descrito perfectamente, como ya sabemos, por Homero en la Ilíada. Dante representa la traición con la imagen de un lago gélido y oscuro, y a los traidores con el rostro del mismo demonio y de la crueldad, incluso con el rostro de la hipocresía. Aunque sobran las referencias sobre casos de traidores en la historia universal, basten dos referencias literarias para pintar el ruin actuar de estos. El primero, de Pedro Calderón de la Barca, alcanza una categoría moral cuando, comparando a los traidores y a los leales, designa el destino que le deparará a cada uno de ellos: “Los traidores y los leales,/mezclados confusamente/no se distinguen; porque/neutrales e indiferentes/ los más están en la mira/ que en comunidades siempre/el traidor es el vencido/y el leal es el que vence”. Félix María Samaniego, también movido por este tentador pecado, escribió en su fábula “El cazador y la perdiz”:  “Una perdiz en celo reclamada vino a ser en la red aprisionada. Al cazador la mísera decía: -Si me das libertad en este día, te he de proporcionar un gran consuelo. Por este campo extenderé mi vuelo, juntaré a mis amigas en bandada, que guiaré a tus redes engañada, y tendrás, sin costarte dos ochavos, doce perdices como doce pavos. -¡Engañar y vender a tus amigas! ¿Y así crees que me obligas? – respondió el cazador -. ¡Pues no, señora; Muere, y paga la pena de traidora! La perdiz fue bien muerta, no es dudable. La traición, aun soñada, es detestable”. Dante, Calderón de la Barca y Samaniego coinciden no sólo en que la traición es el peor de los actuares civiles, sino incluso el más bajo de los sentimientos humanos, porque el que traiciona a otro está, al mismo tiempo, cometiendo contra su propia honra la más condenable de las vilezas: traicionarse a sí mismo.

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Rogelio Guedea

Poeta y académico

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