Viendo los acontecimientos desde una perspectiva no partidista, cualquier observador más o menos objetivo podría llegar a la conclusión de que los elementos que más ayudaron a José Ignacio Peralta Sánchez a ganar tanto la elección ordinaria como la extraordinaria no fueron los militantes que conforman el voto duro y tradicional del PRI, sino los de los tres partidos explícitamente aliados con el tricolor y, sobre todo, algunos fuertes liderazgos emanados del PAN, que en ambas contiendas operaron en contra de Jorge Luis Preciado Rodríguez. Individuos a los que con muy justas razones algunos de sus correligionarios han identificado ya como…

LOS GRANDES TRAIDORES DEL AÑO

Durante las últimas dos semanas, varios actores políticos y periodísticos que operaron a favor de JIPS, han estado clamando para que la suma de los ciudadanos que no votaron por aquél, hagan una especie de “borrón y cuenta nueva”, se olviden de la mugre que se dejó correr en contra del candidato panista y se pongan a trabajar en paz, para que el PRI y sus partidos aliados hagan lo que tengan que hacer con miras a la integración del nuevo gabinete gubernamental y lo que derive de ello.
Si por ellos fuera, pues, los ciudadanos que sufragaron al margen del PRI, tendrían que hacer de cuenta que durante las elecciones extraordinarias no se cometió abuso, ni delito alguno por parte del gobierno federal, del gobierno estatal, o del PRI y sus compinches. Pero eso sería tanto como comenzar a echarle tierra a los hechos para que nadie escriba después la historia de cuanto aconteció, incluyendo dentro de todo ello las numerosas traiciones que cantidad de panistas hicieron respecto de su propio partido, comenzando con las “ejemplares” acciones emprendidas por Virgilio Amezcua Mendoza, Leoncio Morán Sánchez y Pedro Peralta Rivas, entre los más notables.

Da pena, en ese mismo sentido, que Virgilio, por ejemplo, habiendo sido a principios del año anterior el precandidato opositor más fuerte de cuantos se mencionaban para enfrentar al que pusiera el PRI, no sólo le sacó al parche, sino que se cambió de chaqueta, se mudó hacia el Partido Verde y se puso a trabajar en la campaña nachista, sin acordarse siquiera que las dos veces en que fue presidente municipal de Manzanillo, lo fue habiendo sido candidato del PAN.
Del mismo modo actuó Leoncio Morán Sánchez, quien habiendo sido beneficiado con una alcaldía, una diputación federal y dos candidaturas para senador y gobernador por parte de ese mismo partido, se brincó de repente al Movimiento Ciudadano, a sabiendas de que, al hacerlo, dividiría los votos panistas y ayudaría a que el PRI, como partido, continuara detentando el poder, a pesar de ser ya la segunda fuerza electoral del estado.

Y qué decir, además, del cinismo con que se comportó Pedro Peralta Rivas, quien habiendo sido diputado local, diputado federal y candidato a la presidencia municipal de Colima por parte de Acción Nacional (quedando al último como regidor), no dudó, tampoco, en traicionar a su bando, para irse descaradamente a sumar a las huestes de campaña de su primo segundo, con quien piensa que va a serle muy fácil seguir haciendo los jugosos negocios inmobiliarios a que está muy acostumbrado.
Tres notables panistas, pues, a los que, como dije arriba, sus ex correligionarios han catalogado ya como “Los Más Grandes Traidores del Año”.

OTRO GRAN CHAQUETERO

A sabiendas de que si entraban a la campaña extraordinaria con su candidato propio iban a volver a perder, los miembros directiva estatal del Partido del Trabajo (es un decir), organizaron una asamblea con la gente que realizó la campaña ordinaria en favor de David Munro, para, supuestamente, tomar una decisión al respecto y, así, mientras que el ex candidato petista a gobernador y una gran parte de su equipo opinaron que para mantenerse congruentes con lo que habían dicho y hecho durante la campaña de junio, lo mejor que podrían hacer era apoyar la candidatura del JLPR, único elemento capaz de derrotar al candidato del PRI y sus adláteres, Joel Padilla, dueño indiscutible de la franquicia electoral de ese partido en Colima, decidió que lo mejor sería apoyar a JIPS; para que si éste ganara la gubernatura, les pudiera seguir favoreciendo no sólo con los recursos que (aparte de las prerrogativas electorales) indebidamente les han venido otorgando los sucesivos gobiernos priístas para sostener sus guarderías infantiles y el colegio que tienen. Mismos que por ser instituciones particulares, y además político-partidistas no tienen ningún derecho a recibir subsidio federal o estatal, y deben de funcionar única y exclusivamente a base de cuotas de quienes llevan sus niños allí, o de quienes estudian en dicho colegio.

No conforme con chaquetear, Joel les quitó sus respectivos empleos (en el colegio y en las guarderías) a David Munro y a los colegas que junto con él apoyaron a Jorge Luis Preciado.
Éste es, pues, otro ejemplar aliado de los que Nacho tuvo a bien llevar a su campaña extraordinaria.

HACIENDO CUENTAS

Confabulados para defender sus intereses, los líderes locales del Partido Verde, Mariano Trillo Quiroz; del PANAL, Alfredo Hernández Ramos, y del Partido del Trabajo, Joel Padilla Peña “concordaron” – dice una nota del jueves 28- en que sus “institutos políticos le aportaron al PRI una cantidad importante de votos, logrando una victoria contundente”.
El PANAL, según Hernández Ramos, le aportó 10 mil 607 sufragios; el Verde “casi 11 mil votos”, afirmó Trillo, y los del PT “aproximadamente 8,600 sufragios”, dijo en su momento Joel Padilla Peña, último en aliarse, y quien completó diciendo: “Nacho Peralta ganó con 9,994 votos, por lo tanto, los votos aportados por el PT son la diferencia entre ganar y no ganar. El PT ha cumplido la tarea [… y] marcó la diferencia [porque en la elección anterior JIPS] había ganado con 500 sufragios”.
Independientemente de que las cuentas de Joel Padilla no cuadran, el hecho de que todos ellos “concordaran” el jueves 28 para publicar sus números, nos está dando cabal muestra de que lo que ellos quieren es que su candidato, ahora sí reconocido como ganador, los tenga en su consideración a la hora de integrar su gabinete. Sólo que JIPS ha declarado que él no contemplará para eso cuotas partidistas sino perfiles y capacidades de sus integrantes. ¿En qué papel va a dejar entonces a todos esos lacayos electorales que tantos (reales o supuestos) votos le acarrearon para que ganara? Y, luego, ¿se quedarán ellos muy conformes? – Está por verse.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.