Abelardo Ahumada

Vislumbres – Abelardo Ahumada

¡Ah, los turistas!-

Las vacaciones de primavera ya se terminaron y el asunto se presta para una pequeña reflexión:

Viendo las cosas desde la perspectiva de los prestadores de servicios da gusto que llegue la Semana Santa; pero viéndola desde la perspectiva de quienes no somos muy amantes de las multitudes, da un poco de miedo y flojera. Da gusto porque con las vacaciones rompe uno con la rutina, puede cambiar de actividad y hacer algo que pospuso, o que simplemente tenía ganas de hacer. Pero da miedo también porque casi tan súbito como el brote de una epidemia, se provoca una avalancha de turistas y los espacios que solían ser sólo para la gente de Colima de repente se ven invadidos por un cúmulo de personas muy parecidas entre sí, surgidas como por un acto de generación espontánea. Individuos que pululan como imitaciones o copias unos de los otros. Pues van con sus lentes negros, con sus pantaloncitos cortos, con las sandalias o con los huaraches que jamás usan en sus lugares de origen, con las zancas blancas a fuerza de no asolear, y con un aire de novedad en el que se perciben las ganas de tener un buen rato de reventón en los antros o en las playas. Sin que les importe un carajo dejar un mugrero por donde pasan o permanecen un rato.

En las carreteras, como vomitados por su propias ciudades, por sus escuelas, por sus negocios, por sus oficinas, algunos de los turistas son una suma de peligros, pues salen desaforados, manejan como cafres, y en muchos se ve que arden las ganas de llegar al sitio que se pusieron como meta vacacional. Máxime si son destinos de playa. Porque para ellos es como un dogma de fe aquel verso que dice: “En el mar la vida es más sabrosa”.

Pero el problema es que en su afán de llegar a su provisional destino cruzan como bólidos a través de cientos de kilómetros, viendo sin observar los paisajes por donde atraviesan, como si éstos no tuvieran belleza y encantos propios. Pero al ir tan raudos ponen en peligro sus vidas y las de los demás, y en cada vacación o “puente” las carreteras cobran sus cuotas de muertos.

Los turistas semanasanteros que por su buena suerte tienen un recorrido sin incidentes, no bien llegan a las playas cuando inicia su gran penar porque prácticamente son asaltados y desvalijados por los comerciantes del rumbo, los restauranteros, los hoteleros y hasta los vendedores de tacos, hot dogs y tostadas de simple ceviche. Porque siempre se da el caso de que aprovechando al máximo el esquema de la oferta y la demanda, todo en estos días de vacaciones cuesta un dineral: en la playa las sombrillas suben cosa de un cien o más por ciento; los mariscos vuelan más alto que las gaviotas, y todos los prestadores de servicios hacen su agosto en marzo o abril, según se haya movido la Semana Santa.

Y en su desapego por lo santo, el día en que los turistas regresan a sus lugares verán su realidad cual es: comenzando por las larguísimas colas de coches, camionetas y camiones que se forman sólo para entrar, por ejemplo a Guadalajara. Ya no se diga a Toluca o al Distrito Federal, y terminan con la visita forzada de muchos al Monte Pío, para empeñar las alhajas y recomenzar la rutina de la que salieron corriendo apenas cuatro o cinco días antes.

En la contraparte de todo este peregrinar turístico está la felicidad de los prestadores de servicios que los asaltaron en cada sitio de playa donde estuvieron. Y serán los secretarios o los directores de turismo de cada entidad o municipio quienes dentro de los días siguientes informen: “Hubo una derrama económica de tantos millones de pesos”. Mientras que, inextinguibles, irredentos, los turistas en sus trabajos ya estarán pensando a dónde habrán de ir las próximas vacaciones o el siguiente puente largo que aparece en el calendario.

Fiscalizadores ciudadanos con cargo al erario.-

Desde que hace casi dos años hicieron su aparición en la escena política estatal, los integrantes de la asociación “¿Cómo vamos Colima?”, comenzaron a levantar ampolla por tratarse de algunos ciudadanos que jamás habían sido vistos  en este escenario y por ser, varios de ellos, reconocidos hombres de empresa, poseedores de un gran capital.

Empezaron bien estos señores, invitando a los entonces candidatos a ocupar la gubernatura a dialogar con ellos y a asumir algunos compromisos muy específicos si ganaran la contienda, siendo por entonces el único de los candidatos que no les respondió, el panista Jorge Luis Preciado. Pero desde esos mismos días llamó la atención de muchos ciudadanos libres el hecho de que entre la serie de planteamientos que dichos asociados expusieron a los candidatos contendientes, hubiera uno en el que se le requería que, a quien resultara triunfante se le iba a pedir que aportara, para sostén o financiamiento de “¿Cómo vamos Colima?”, algo así como ocho millones de pesos al año, extraídos de un impuesto sobre la nómina que anualmente pagan también todos los empresarios que operan en la entidad. Pedimento sui géneris que, por supuesto, en su afán de ganar la contienda, JIPS suscribió sin meditar.

Cuando Nacho, finalmente obtuvo su ratificación como gobernador electo, reiteró su compromiso con dicho grupo, no obstante que el público en las redes (y no pocos analistas en los medios) habían criticado el hecho de que tales empresarios estuviesen reclamando un subsidio millonario anual para certificar los avances del gobierno encabezado por el propio JIPS.

El primer año del sexenio transcurrió sin que “¿Cómo vamos Colima?” recibiera su subsidio, pero los empresarios en cuestión se abstuvieron de reclamarlo, como si hubiesen entendido que deberían esperar un poco para el nuevo gobierno tratara de nivelar barco de la economía estatal. Sin embargo hoy han vuelto a lo suyo y reclaman el cumplimiento del compromiso firmado.

Es muy posible que para los señores de “¿Cómo vamos Colima?” ocho millones de pesos representen muy poca monta, pero para quienes no nos movemos en la esfera que ellos se mueven tal cifra es mucho dinero, y no aprobamos la idea de que les sea entregado año con año ni siquiera para calificar al gobierno estatal. Esperamos que los diputados locales no se presten a ese juego y que, si los empresarios de dicha agrupación quieren calificar al gobierno lo hagan manteniendo su independencia respecto de mismo régimen y con recursos propios, tal y como por cierto lo hacemos muchos ciudadanos desde nuestras respectivas trincheras.

Ferias y festivales que se empatan.-

Es muy claro que la décima edición de la Feria del Ponche, Par y Café Comala 2017, realizada durante las semanas Santa y de Pascua se superó respecto de las ediciones anteriores y que por lo mismo fue un gran éxito para las autoridades municipales, aunque no tanto para algunos vendedores y expositores que por ser tantos hoy quedaron fuera de las tres cuadras aledañas al jardín principal, donde cada una de las tardes y noches pasadas se concentraba la multitud de los visitantes. Una bonita feria de pueblo que nos hizo recordar las descripciones que otros cronistas hicieron de cuando la Feria de Todos los Santos, en Colima, se desarrollaba casi totalmente en los andenes del Jardín Núñez y calles inmediatas.

Colateralmente ya está por iniciar el Segundo Festival Internacional del Volcán, convocado y organizado por la presidencia del municipio capitalino, con un gran abanico de opciones para el público que lo visite, y que se llevará a cabo del 28 de abril al 7 de mayo.

En su primera y vistosa edición es indudable que dicho festival fue un éxito también, pero no sé por qué se eligieron para celebrarlo las mismas fechas en que desde hace décadas se llevan a cabo las tradicionales las Fiestas de Mayo, en Manzanillo, siendo que su realización simultánea puede influir en el no éxito de tan magnos eventos, porque ambos festejos se disputarán al menos a un segmento del público y de los posibles visitantes.

En este 2017 ya no sólo serán simultáneos las Fiestas de Mayo, en Manzanillo, y  el Segundo Festival Internacional del Volcán, en Colima, sino que lo será también (aunque sólo durante tres días) el Festival Mítica Comala, cuyas realizaciones anteriores han sido esporádicas y no han contado con un público suficiente, tal vez porque la mayoría de los colimotes no son muy “rulfianos”, que digamos, y porque el tema recurrente de dicho festival ha sido el de Juan Rulfo y sus escritos. Un gran escritor, por cierto, quien, de estar vivo, este año cumpliría 100 de haber nacido.

Pero como quiera que sea es preferible que haya muchos festivales culturales a que no haya ninguno. Aunque lo más recomendable sería que los de inicio más reciente adoptaran nuevas fechas para que no se empaten o compitan con los más añejos y tradicionales.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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