Abelardo Ahumada

Vislumbres por Abelardo Ahumada.

¿Se acuerdan de Ripley? Se llamaba Robert Ripley, y solía escribir acerca de los eventos más raros que se pueda uno imaginar, siempre con la advertencia: “¡Aunque usted no lo crea!”. Relatos, descripciones que después adaptaron a la televisión, y que más tarde sirvieron para establecer una especie de museo del horror o, al menos, de casos y sucesos extrañísimos.

Guiándome con el mismo esquema de Ripley, quiero comentarles hoy que, “aunque usted no lo crea”, la decisión expresada el lunes por el ex secretario de Hacienda, en el sentido de que se habrá de registrar como precandidato a la presidencia de la república por parte del PRI, es uno de los casos más raros y fuera de lo común que registra la historia política de nuestro país, al menos desde que en 1929 nació el PNR, que como se sabe era el partido que hoy muy bien podríamos denominar “el abuelito del PRI”. Pero “¿por qué es rarísimo ese acontecimiento?” Pues porque ésta es, desde 1929, la primera ocasión en que un presidente de la república de la república mexicana decide entregar la candidatura para su eventual sucesor a un individuo presuntamente ajeno a su partido. “¡Pero aún hay más!” Dijera aquel viejo conductor de programas dominicales…

Lo que no es novedad.-

Antes de que nos metamos, sin embargo, a escarbar un poco más en este caso singularísimo, déjenme comentarles cuál (o cuáles) de todos los detalles involucrados en la precandidatura del Dr. Antonio Meade Curibeña no constituyen una novedad:

Lo que no es, en efecto, una novedad, es que el actual titular de Los Pinos se haya decidido a dirigir su “dedazo” a un técnico en economía como lo es el ex Secretario de Hacienda, porque ya eso ya había sucedido varias ocasiones en el PRI, como cuando José López Portillo se pronunció a favor de Miguel de la Madrid Hurtado, quien era su secretario de Programación y Presupuesto. O como cuando seis años después, MMH se pronunció a favor de Carlos Salinas de Gortari, que igualmente había sido el titular de la SPP. Y cuando éste, luego de haber designado al sonorense Luis Donaldo Colosio, terminó por concederle la candidatura a Ernesto Zedillo Ponce de León, quien asimismo era economista.

Y, en otro tenor, en 1976 Luis Echeverría Álvarez se pronunció también por un Secretario de Hacienda para habilitarlo como su sucesor. Iniciando, por cierto, una época que se prolongó hasta finales del 2000, en la que los mexicanos vivimos en crisis económica y macroeconómica, que a nivel interno se caracterizó por una inflación galopante y una devaluación acelerada; mientras que a nivel externo se abusó tanto de los préstamos obtenidos en los bancos mundiales (empeñando la producción petrolera), que después ya no había nadie que le quisiera prestar al gobierno mexicano, hasta que (debo reconocerlo) apareció Zedillo y le metió freno a ese desbarajuste.

Otro detallito que no es ninguna novedad, lo constituye el hecho de que don José Antonio Meade obtuvo su doctorado en economía en la Universidad de Yale. Institución de la que surgió también Ernesto Zedillo, y que junto la famosa Harvard ha dado maestrías y doctorados a los ya dichos Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y varios otros grandes “cerebros” del gobierno mexicano.

Lo que es una incógnita.-

Pero lo que sí constituye una gran incógnita es por qué, si todos ellos se han graduado en economía en dos de las universidades que mayor fama mundial, México ha estado tan super-jodido durante sus gobiernos. Jodidez, que como ya dije, inició con la devaluación del peso que anunció Luis Echeverría Álvarez el 1° de septiembre de 1976, y de la que quienes comenzamos a trabajar en aquella década no hemos podido reponernos del todo y, por lo visto, por nuestra edad, ya no podremos reponernos jamás.

En este mismo contexto y tomando en cuenta que aparte de haber doctor en economía por la Universidad de Yale, Meade ha sido dos veces secretario de Hacienda (una con Calderón y otra con Peña Nieto), ¿con qué cara viene a decirnos que él sí puede acomodar las cosas para que todos los mexicanos tengamos seguros casa, vestido y sustento?

Lo que se sabía desde antes.-

Algunos columnistas que se las dan de muy gallos para dilucidar los mensajes presidenciales “entre líneas”, y para encontrar los simbolismos de los tejes y manejes de los grandes y pequeños grillos de nuestro querido pero bien fregado México, andan diciendo desde el lunes  27  que “Enrique Peña Nieto supo tejer muy fino” para no romper con el PRI, pese a designar e imponerle a sus correligionarios un candidato que si bien formó parte de su gabinete, no milita en las filas del partido tricolor. Pero ¿acaso no era ésa la intención desde que en la más reciente asamblea nacional del PRI se “abrieron los candados” que impedían postular para cualquier cargo a un individuo ajeno a sus filas?

Otros que también se jactan de tener un gran conocimiento de todos esos intríngulis “se las olieron” en el sentido de que tal apertura de candados tenía, evidentemente, una dedicatoria personal, y como veían, por ejemplo, que Osorio Chong no pegaba chicle, y que “el joven Nuño” ni siquiera se había conseguido las simpatías de las secretarias más feas de la SEP, llegaron a la conclusión de que “es Meade”. Y Meade está siendo, aun cuando, según las patrañas que se cuentan en las cúpulas del tricolor, todavía hay margen para que se inscriban otros aspirantes hasta el próximo día 3 de diciembre.

¿Habrá un priista tan osado/ o tan loco que se atreva a ir al registro de los candidatos presidenciales del partido tricolor?

La cargada.-

Hace muchísimos años (bueno no tantos, unos treinta), era un uso común entre “las fuerzas vivas del Partido Revolucionario Institucional”, que sea quien fuera el candidato que el presidente en turno designaba, luego-lueguito se le consideraba “el mejor prospecto que se pudiera haber encontrado jamás” y, por ende, todos se iban “a la cargada”, es decir, a levantarlo simbólicamente en hombros y a darle la vuelta al ruedo para reconocerlo como el más digno, noble, leal, ilustre y capaz de todos los mexicanos del momento. Y no había nadie (al interior del PRI, por supuesto) que se atreviera a decirle que no, o a encontrar y denunciar sus defectos.

Esa cargada que ya teníamos mucho tiempo sin ver, y que hasta creíamos que había desaparecido, se manifestó, al más puro estilo de los cincuentas y los sesentas del siglo pasado, este mismo lunes 27, cuando los representantes de los tres más grandes sectores del Revolucionario Institucional, dijeron a coro que don José Antonio tiene los tamaños y las capacidades para ser el mejor presidente que haya tenido México jamás. Vean si no, queridos lectores, cómo se transfiguraron en dulces miradas los rostros normalmente agrios de los líderes cetemistas, cenecistas y demás fauna por el estilo en el momento de manifestarle al precandidato el apoyo de “las bases” que supuestamente representan.

El futuro que viene.-

No soy zahorí (pero ni falta me hace) para saber un poco de lo que ocurrirá de aquí a enero, luego de que don Pepe Toño Meade quede registrado como el único aspirante del PRI a la candidatura presidencial. Pues en este sentido me queda muy claro que no por no ser militante del tricolor, el ex secretario de Hacienda se podrá quitar el estigma de ser “el candidato de Peña Nieto, Carlos Salinas y anexas”.

Allá, en lo más alto de la cúpula del poder, suponen que no siendo el precandidato un hombre cuestionado por sus malos manejos de los recursos públicos, ni un “distinguido militante del partido que tanto a contribuido al progreso de México”, los electores no podrán encontrarle un pero ni podrán ponerle una tacha.  Pero se olvidan que éstos ya no son los tiempos en que los mexicanos sólo llegaban hasta tercero de primaria y que, para fortuna de la mayoría, hay todo un cúmulo de muchachos que navegan en las redes sociales, que no sólo no se tragarán tamaño anzuelo, sino que ya le están hallando a don Pepe Toño hasta “las fotos que no quisiera que se conocieran”. Como ésas en las que se le ve, siempre sonriente, posando por ejemplo con el pillo Duarte, cuando éste gobernaba Veracruz.

Y de lo demás no hablaré, pero sí quiero cerrar con un pronóstico que había hecho El Peje: “Será Meade”. Y Meade fue. ¿No hay, acaso, un solo y verdadero priísta que hubiese podido levantar el honor de su partido a base, también, de su honorabilidad y capacidad? Creo que esa pregunta se la están haciendo ahora los priístas más sinceros. Y les está doliendo la respuesta que vieron de parte “del primer priísta” a nivel nacional.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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