Héctor Gutiérrez Magaña

Los diputados que armaron el juicio político contra Rafael Mendoza activaron un tenue conflicto político en el Estado, le dieron al PAN un elemento para delimitar enemigos y producir unión, y ofrecieron al edil una oportunidad de oro para seguirse calzando el traje de incomprendido héroe popular.

Independientemente de los senderos legales que tome este asunto, parece que al PRI y sus aliados les puede resultar negativa la exagerada sanción tramada contra el alcalde electo de Cuauhtémoc. Dudo que el PAN y el propio Mendoza vayan a aprovechar la oportunidad de oro para buscar el encanto popular; pero lo cierto es que al PAN como oposición le pusieron gasolina (a ver si así empieza a andar).

Una de las cosas más relevantes de este asunto es que pareciera sacado de los años noventa o cualquier otra legislatura que haya antecedido a esta: el congreso se mueve con un claro empuje de la mano del ejecutivo, se impone el criterio político de una mayoría que no necesita consensos, se interpreta la ley a conveniencia y se ejecutan acciones con excesos y torpezas.

Ni el oficialismo ni la oposición parecen interesarse en echar a andar el poder legislativo como debiera. Cuando el PAN arrancó con mayoría se dedicó a repetir las mismas prácticas con las que sus antecesores se habían adueñado del congreso estatal. Hoy se quedó con las manos vacías.

En dos años de legislatura ya han desfilado tres oficiales mayores. La burocracia que hace que funcione la principal asamblea política del Estado es elegida bajo quién sabe qué criterios, los asesores técnicos y políticos no son de planta, y la agenda de la institución a veces no la conocen ni los mismos diputados.

Y es que el legislador colimense está ocupado, la mayor parte del tiempo, organizando torneos deportivos, otorgando asistencia médica en las colonias, repartiendo despensas o paseándose por los eventos de gobernador y alcaldes.

La asamblea importa para ejecutar instrucciones o negociar poder y dinero. El congreso es plataforma política no por la oportunidad de forjar una imagen que reconozcan los ciudadanos, sino de generar favores que se traducen en voto corporativo y asignación de candidaturas.

¿Cuántas leyes importantes ha producido esta legislatura? ¿Hay alguna reforma profunda realizada por los actuales diputados? ¿Han innovado en algo? Faltan cuatro meses para que arranque el Sistema Local Anticorrupción y no tenemos ni leyes secundarias ni una ruta de cómo se va a construir la nueva vía de control sobre los asuntos públicos.

Lo curioso es que en esta legislatura se compone por varios jóvenes. Tal parece que las instituciones gubernamentales en Colima no sólo son añejas, sino que tienen el poder de añejar a los ocupantes.

Héctor Gutiérrez Magaña

Analista político

Maestro en investigación en Ciencias Políticas.

 

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