Abelardo Ahumada

Vislumbres

El Noticiero de Colima, publicó este martes 21 de marzo, una nota de nuestra buena amiga Anilú Salazar en la que se informa que se tiene la pretensión de transformar el Palacio de Gobierno del Estado en “un Museo a Juárez”. Información que me parece muy oportuna tratándose de la más juarista de todas las fechas del calendario cívico, pero que más allá de sí misma revela no sólo algunas curiosas contradicciones, sino, tal vez, la intención (no sé si involuntaria o malintencionada) de despojar de ese edificio al Ayuntamiento de Colima, quien es, realmente, su verdadero y más antiguo dueño.

Sobre este último dato abundaré más adelante, pero primero, sin pretender agredir el  profesionalismo de nuestra amiga reportera, desglosaré el contenido de la nota como si tuviera incisos:

Inciso A: “El secretario de Desarrollo Urbano, José Romo, mencionó que la Secretaría de Cultura tiene un proyecto para… hacer del Palacio de Gobierno un museo de Benito Juárez… pero hay que sopesar esa inversión porque no podemos hacer todo el palacio museo, porque ¿cuántos museos tenemos y cuánta gente los visita?”

Inciso B: “El edificio de Palacio está deteriorado… Hasta el momento se han invertido tres millones de pesos para remodelarlo y falta determinar el monto que se requiere para recuperarlo todo”.

Inciso C.- “Para este año, dijo, se tienen presupuestados 40 millones en una primera etapa, especialmente para la estructura [¿física, arquitectónica?] y para lo eléctrico, que tiene un sistema ya en estado grave”.

Colateralmente, Anilú Salazar destacó algo que no he mencionado aún, y que al parecer comentó don José Romo: “que este edificio no debe dejar de tener oficinas”, porque de lo contrario el centro se quedaría más solo de lo que de por sí está. Aunque en la nota utilizó el verbo deshabitar, que no creo ser apropiado.

Y ahora sí van mis comentarios: En el primer inciso de esta glosa se puede advertir, sin más ni más, que hay dos visiones distintas en dos secretarios de estado: uno que al parecer quiere convertir a todo el ex Palacio de Gobierno en un museo; otro que sólo lo admite en parte y a regañadientes, porque está convencido que en nuestra ciudad hay como quien dice museos de sobra y muy poca gente que los visita y saca jugo de ellos. A no ser, añadiríamos nosotros, los muchos o pocos empleados que muy puntualmente cobran sus quincenas aunque a varios de esos museos casi ni siquiera entran las moscas.

En los otros dos incisos finalmente, y después de muchas denuncias que al respecto se habían publicado en diferentes medios, se reconoce que dicho edificio está en situación ruinosa y necesita una urgente reparación en varios sentidos. Pero, por otro lado, se advierte que al señor secretario de Desarrollo Urbano le pesa gastar no sólo los  cuarenta millones que se tienen previstos en una primera etapa de remodelación y acondicionamiento, sino en los muchos más que seguramente se tendrían que erogar en una segunda y tercera etapas de reconstrucción; y le disgusta que una erogación tan grande acabe por convertir a dicho edificio en un museo más, así sea dedicado a Juárez.

En la contraparte de todo esto, no sé cuál será la opinión que tenga el ya mencionado Secretario de Cultura, ni cuáles sean realmente los alcances de su proyecto; pero aun sin haber escuchado o leído lo que Carlos Ramírez Vuelvas pudiese al respecto decir, sí creo que de algún modo su colega de Desarrollo Urbano puso el dedo en la llaga cuando mencionó que son muchos los museos que ya existen en nuestra capital, y muy poquita la gente que los visita. Dato, evidentemente, que no es de hoy, sino que viene desde el sexenio de Fernando Moreno Peña, cuando se presumía, incluso en carteles espectaculares, que Colima era “el estado con mayor número de museos per cápita”. Como si ése también fuera un indicador económico.

Más allá, sin embargo, de las posibles disputas o de las encontradas visiones que pudiesen tener los secretarios de Cultura y Desarrollo Urbano, y más allá incluso de lo que pudiese indicar su jefe, el Gobernador, yo quiero reiterar aquí algo que ya he publicado varias veces, desde que precisamente FMP decidió iniciar la construcción del Complejo Administrativo del Gobierno del Estado en las cercanías del Hospital Regional Universitario, con la pretensión de crear un “SubCentro” de la ciudad capital, que aun cuando muchos lectores no me quisieran creer, así le llamaron. Y ¿qué es ese algo a lo que me refiero?: que el verdadero y más antiguo dueño del edificio todavía llamado Palacio de Gobierno (aun cuando allí ya no despache el Gobernador y no contenga tampoco la mayoría de las Secretarías de Estado) es el Ayuntamiento de Colima.

Alguna persona importante de un gobierno estatal inmediato al fernandista me dijo que si yo había visto alguna vez las escrituras que probaran la propiedad del edificio por parte del Ayuntamiento, o que si tenía al menos una fotocopia de ellas para demostrar mi afirmación, pero le dije que no, que no hay, ni pueden haber escrituras al respecto, ni se necesitan para probarlo o demostrarlo porque para eso existe algo que se conoce como “la verdad histórica”. Y la verdad histórica en ese sentido explica que las primeras edificaciones oficiales que hubo donde hoy está edificado el multi-referido Palacio de Gobierno del Estado de Colima, eran las Casas Reales o Consistoriales, donde tenían su sede los Alcaldes Mayores de la Provincia de Colima, cuya cabecera era el Ayuntamiento de la Villa de Colima. Todo esto a partir de 1554 y hasta 1824, cuando habiéndose separado dicho Ayuntamiento (más los de Almoloyan, Comala, Ixtlahuacán y Tecomán) del naciente Estado de Xalisco (así, con equis), sus integrantes y varios paisanos enterados, invocaron la protección del Gobierno Federal para que el conjunto de todos estos ayuntamientos formaran un estado más, aunque sólo pudieron constituirse como Territorio de la Federación.

De esta época data a su vez la existencia de los Jefes Políticos del Territorio de Colima, quienes tenían bajo su responsabilidad no sólo gobernar dicho territorio como autoridad mayor, sino lo que hoy es también el municipio de Colima. Y ¿saben los lectores donde despachaban ellos? En el edificio que desde muchísimos años atrás era precisamente conocido como Palacio del Ayuntamiento.

Hace 160 años, cuando se promulgó la Constitución del Estado de Colima, cuando el Gral. Manuel Álvarez era el último Jefe Político del Territorio y hacía las veces de alcalde de la municipalidad, seguía, igualmente, despachando en el antiguo Palacio del Ayuntamiento. Nombre, sin embargo, que de inmediato se le cambió por el de Palacio del Gobierno del Estado a partir de que dicho Territorio asumió la categoría estatal. Porque no hubo, en esa época, nadie que pensara que fuera necesario edificar un nuevo recinto para que ahí despachara el nuevo (y primer) gobernador.

Fue en ese entonces cuando aparecieron los primeros presidente municipales de Colima ya con esa designación y, por ende, tuvieron su despacho propio, pero en el mismo edificio en donde los demás antiguos alcaldes, desde 1554 habían dirigido sus respectivos ayuntamientos.

Para finalizar debo decir que en 1877 fue demolido el viejo edificio de piedra que allí había existido por siglos, y en su lugar comenzó a ser edificado el que conocemos hoy, que fue terminado de amueblar y acondicionar allá por 1906, precisamente por el último gobernador porfirista, don Enrique O. de la Madrid, antepasado directo de José Ignacio Peralta Sánchez, actual primer mandatario.

No obstante lo anterior cabe una última aclaración: tanto las oficinas del Ayuntamiento de Colima, como el único salón donde sesionaban los diputados locales, ¡estaban también en el mismo edificio del Palacio de Gobierno! Y así lo siguieron estando hasta que casi en punto de la 1 de la tarde del día 15 de abril de 1941, hubo un fortísimo terremoto de varios minutos de duración, que dejó a dicho edificio estragado, obligando a las autoridades a tomar una decisión salomónica en la que quedaron todos de acuerdo: desalojarlo para poderlo reparar casi completamente.

Al desalojarlo, el Gobierno del Estado decidió irse a ocupar el edificio de la por entonces recién creada Universidad Popular de Colima, al norte del Parque Hidalgo; obligando a sus estudiantes y profesores a regresar al edificio que había sido sede de la Normal Mixta, justo en la muy céntrica calle Gregorio Torres Quintero, ahí donde hoy es la Presidencia Municipal. El pequeño local del Congreso no tuvo ningún problema para ubicarse en cualquier otro lugar, pero las oficinas del Ayuntamiento de Colima requerían de un mayor espacio, y a ellas se les brindó un edificio frontero al de la antigua Normal Mixta, que hoy es el edificio de la Tesorería Municipal.

Dos o tres años después, sin embargo, cuando las reparaciones del Palacio de Gobierno ya estuvieron concluidas, el gobernador en turno decidió que casi todas las oficinas del gobierno estatal se quedaran en el edificio junto a Catedral; que allí mismo (¿para tenerlos vigilados y bajo control?) tuvieran su salón de sesiones los diputados integrantes del Congreso Local; que los estudiantes de la Universidad Popular volvieran a su sede, y que las oficinas del Ayuntamiento de Colima se expandieran a donde está hoy la Presidencia, quedándose, además, con el actual edificio de la Tesorería.

Históricamente, pues, se podría afirmar que por simples usos y costumbres, o por no haber necesidad de otro edificio, primero los Jefes Políticos del Territorio de Colima, y luego los gobernadores, comenzaron a gobernar en lo que durante siglos fue el Palacio del Ayuntamiento de Colima, cobrando éste o adquiriendo éste (el edificio) la preeminencia de su nueva categoría, aunque sin perder al menos algunos de sus espacios que hasta 1941 quedaron reservados al Ayuntamiento.

Los reacomodos político-administrativos provocados por el temblor del 15 de abril, terminaron por despojar a la Presidencia de Colima de su más antigua sede. Pero no de la verdad histórica que demuestra ser su más antiguo y verdadero dueño. Con lo que se concluye que en vez de que a dicho edificio se le dedique hoy a convertirlo en un museo más, debe ser devuelto al Ayuntamiento capitalino para que ahí vuelva a ser, como antaño lo fue, el también verdadero Palacio de Ayuntamiento.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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