Abelardo Ahumada

Vislumbres

Vallarta va al cien.-

Estoy redactando estas notas desde un “cíber” de Puerto Vallarta, a donde fui invitado a participar en el “Encuentro de Cronistas del Occidente de México”, que el Ayuntamiento de esta ciudad turística organizó junto con la Asociación de Cronistas Municipales del Estado de Jalisco, como una parte el programa cultural del “Mayo Fest 99”, que se está celebrando aquí con motivo de que este preciso mes y año Vallarta está festejando el hecho doble de cumplir 99 años de haber sido erigido como municipio, y 49 de haber sido elevado su cabecera a la categoría de ciudad. Y de que, por ende, Vallarta cumplirá en 2018 sus primeros 100 años como municipio.

En razón de lo anterior y de que los colegas de Jalisco se habían enterado de que hace algunos años publiqué un librito donde narré el ataque de unos piratas holandeses al antiguo puerto de Salagua, en la bahía de Manzanillo, me invitaron a dar una conferencia sobre los piratas que incursionaron en estas costas durante la época virreinal.

Y, por ser ésta una historia que les puede ser muy interesante a nuestros lectores, quiero compartírselas hoy también, con un par de dedicatorias muy especiales: una para el Profr. Juan Manuel Gómez Encarnación, Cronista Municipal de Puerto Vallarta, nuestro anfitrión, y otra para los anónimos colimotes que “a sangre y fuego” defendieron al puerto de Salagua frente al acoso de los piratas.

He aquí, pues, resumidas, las palabras que pronuncié en dicho evento:

Los piratas del Pacífico.-

Hace algún tiempo, cuando con mis hijos fui al cine a ver la tercera parte de la película Los Piratas del Caribe, recordé que por más que hoy nos pudiera ser increíble, también hubo piratas, corsarios, bucaneros o filibusteros que llegaron (y eventualmente atacaron) a las costas de la Nueva España, que en un principio, cuando Hernán Cortés, sólo tuvieron a su disposición cuatro muy pequeños puertos: Acapulco, Zacatula (junto a la desembocadura del Balsas), Santiago de Buena Esperanza (más tarde Salagua) y Navidad.

El primer pirata del que se tiene noticia y anduvo por estos lares hacia 1567, era holandés y se llamaba Francisco Chambric. Pirata que recaló en “el puerto de Navidad”, que por entonces seguía perteneciendo a Colima, a comprarles ganado y alimentos frescos a los indios del rumbo.

Otro de los que inmediatamente se hicieron presentes por acá, fue el famosísimo pirata inglés, sir Francis Drake; quien tenía permiso de su reina para atacar, robar y aun hundir a los galeones españoles y portugueses. Él estuvo, al parecer en Salagua, con su barco The Golden Hind, en 1579.

Posterior a él estuvo Thomas Cavendish, por primera ocasión el 2 de septiembre de 1586, y otra en agosto del año siguiente, tras de haber atacado a la nao

Santa Ana, procedente de las Filipinas con dos de sus naves, una de ellas llamada Desireé.

Mientras transcurría el lento siglo XVII, hubo algunas ocasiones en las que la modorra y la monotonía que parece haber caracterizado la vida de los colimotes de ese tiempo se alteró fuertemente. Entre los eventos que la quebrantaron e hicieron vibrar de miedo y deseos de aventura a sus gentes, estuvo la presencia dicha de los piratas. Antes, sin embargo, de referirnos a esos eventos, es justo hacer mención que, aun cuando Salagua y todo el litoral en sí estaban casi enteramente despoblados, no eran pocas las noticias que se concretaban en esos lugares. Como cuando, en mayo de 1602, pasaron por el puerto unos expedicionarios que iban a reconocer las costas de las Californias. Datos que en ese tiempo significaban toda una novedad:

Ese año, el día 5 de mayo, salieron desde Acapulco cuatro embarcaciones a reconocer las Californias y a establecer una base en ellas. Al mando iba el navegante Sebastián Vizcaíno, quien por las vueltas que da la suerte, trece años después habría de tener una importante participación en la defensa del puerto y de Colima.

A su paso frente a nuestras costas el “cosmógrafo mayor” de la expedición, don Jerónimo Martín Palacios, iba tomando nota puntual de las características de la misma. Notas que afortunadamente todavía se pueden consultar. En ellas, después de haber dicho que en el morro, o la Punta de Suchissi, a cuyas espaldas estaba la Sierra de Maquilí y terminaba la provincia de Motines, el “cosmógrafo mayor” hizo la siguiente descripción con su muy propio estilo de redactar y algunas aclaraciones mías:

“De esta punta de Suchissi (quizá el sitio que hoy llamamos el Mirador de San Juan de Alima, Michoacán) va la costa de tierra llana, de manglares, y a una legua de la dicha punta está un río que baja de la serranía, llámase este río de Colima (el Coahuayana actual); prosiguiendo la costa están unas lomas bajas llanas de sabanas cerca de la playa, y al remate de ellas, de la banda de les sueste están las pesquerías de Colima (hoy laguna de Cuyutlán), y de ellas al nordeste, va perlongando un valle por en medio de unas lomas gruesas, llamase el Valle de Caxitlan, a donde hay muchas huertas de cacao y si se hace un claro (es decir, si no hay nubes) se verá el volcán de Colima que está quince leguas de la mar y echa humo, y a dos leguas de estas pesquerías por la costa adelante está el puerto de Salagua… (en el cual)… hay una playa grande llena de arboleda verde… un puerto muy bueno y grande para muchas naos, muy abrigado y seguro…tiene leña, madera, y agua, hallarase en medio de la ensenada en donde está un platanal, y de él al pueblo (de Totolmaloyan, cerca del cual se estableció después la hacienda de Miraflores) hay dos leguas”.

Descripción que me permití citar porque habla del escenario donde ocurrieron los hechos siguientes:

El ataque de los Pichilingues al Puerto de Salagua.-

Por lo que corresponde, ahora sí, al ataque más importante que se tiene documentado, cabe anticipar que hacia finales del año de 1615, hubo unos piratas que llegaron hasta Salagua, y a los que en forma particular algunos coterráneos identificaron como Los Pichilingues.

El hecho fue que durante los primeros días de quincena de noviembre de 1615, Colima entera se convulsionó con la noticia de que el 26 de octubre anterior, el pirata holandés Jorge Spilberg (Dutch Admiral Joris van Speilbergen), quien merodeaba por la costa de la Mar del Sur (así llamaron los españoles a esta parte del Pacífico) con sus flota de cinco navíos en busca del Galeón de las Filipinas, había interceptado y capturado “frente a las costas de Zacatula, un barco cargado de perlas y pescado, de la Compañía Pesquera de Tomás de Cardona, que de las Californias volvía al puerto de Acapulco”, y que con toda probabilidad, muy pronto tendría que hacer acto de presencia en Salagua, para proveerse de bastimentos frescos, agua y leña.

Este particular aventurero había sido “comisionado (un año antes) por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales para atacar e interrumpir el comercio entre la Nueva España y las Filipinas”, y zarpó de Tessel, Holanda, en 1614, al mando de una flota compuesta por seis navíos: el Groote Sonne (El Sol) era la nave capitana, armada con 48 cañones; le acompañaban Grotte Maane (La Luna), de igual capacidad que la anterior, y cuatro barcos menores llamados Morgensterre, Aeoulus, Jaeer y Meeuwe. Uno de los cuales parece haberse hundido antes de llegar a costas hoy diríamos mexicanas.

“En agosto de 1615 ya corría por toda la Nueva España la noticia de la presencia de Speilbergen en las costas sudamericanas, donde saqueó puertos de Chile y Perú, tomando españoles como rehenes, que posteriormente, en octubre, canjeó por víveres y agua en el puerto de Acapulco. Allí, debido a lo limitado de las defensas con que contaba entonces el puerto, las autoridades prefirieron negociar con el pirata; pero una vez que zarpó, de inmediato procedieron a organizar la defensa del resto de los puertos del Mar del Sur, poniendo las milicias al mando del capitán Sebastián Vizcaíno”. Quien, aparte de ser un buen marino, era un soldado excelente, y que, de pura casualidad, estaba por esos días reposando precisamente en la Villa de Colima. Razón por la que, en cuanto el Alcalde Mayor se enteró de la infausta noticia relacionada con el navío atrapado por la flota de Speilbergen, se comunicó con él, y juntos dedujeron que no tardaría en hacer su aparición en Salagua, para recoger agua, fruta y verdura frescas, lo mismo que algún ganado como peculiar provisión. Como sucedió en efecto.

Así, pues, el alcalde mayor Rodrigo de Ibarra, y el capitán Sebastián Vizcaíno, decidieron adelantar vísperas, organizaron a todos los hombres más habilitados que había en la Villa de Colima y, con más de 150 lanceros y fusileros bajo su mando, partieron hacia Salagua en la madrugada del domingo 8 de noviembre.

La estrategia les resultó positiva, pues antes de llegar hasta la desembocadura del arroyo de Salagua se encontraron con el capitán Cardona y sus hombres, que desde Zacatula se habían venido a pie, incrementaron su contingente. Todos llegaron hasta Salagua un día antes de que, por mar, hicieran lo propio los piratas y tomaron sus posiciones escondidos entre la maleza, y un poco más lejos, para no delatarse con los posibles relinchos, los de la caballería. De modo que cuando aproximadamente unos 200 piratas bajaron a tierra el día 11, con los propósitos ya dichos, los defensores simplemente los esperaron a que llegaran cerca de ellos y comenzaron a dispararles, causándoles algunas bajas.

Pero los piratas no eran cobardes y respondieron al ataque, iniciando, sin embargo, su retirada hacia la playa, perfectamente conscientes de que en cuanto llegaran a ella podrían recibir el apoyo de su artillería instalada en los barcos, como en efecto fue. La caballería ya había llegado, también, en esos momentos, en apoyo de los defensores de Salagua. Pero los cañones comenzaron a disparar y hombres y caballos tuvieron que replegarse, para esconderse tras de los árboles más gruesos.

De cualquier manera, sin embargo, los piratas holandeses fueron derrotados y se retiraron de allí, dejando varios cuerpos de sus amigos tirados entre la selva y sin haber podido conseguir el agua y los demás “refrescos” que necesitaban.

Sobre todo esto (y más) escribí hace años una pequeña novela: El Ataque de los Pichilingues, que ya está, por cierto, muy próxima a una segunda edición en Puerta Abierta Editores.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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