Abelardo Ahumada

VISLUMBRES por Abelardo Ahumada

Quinta parte

AGUATÁN SE CONVIERTE EN EL PUERTO DE NAVIDAD. –

En el capítulo anterior terminamos diciendo que en 1538, cuando Pedro de Alvarado volvió desde España hasta Guatemala, ya llevaba consigo unas “capitulaciones” que le daban poder para realizar algunas expediciones “por la Mar del Sur”. Pero me faltó decir que formando parte de la numerosa comitiva de marinos, soldados, carpinteros y simples aventureros con que se había hecho acompañar, venía nuestro ya varias veces mencionado navegante Andrés de Urdaneta, invitado por aquél, para que participara en las exploraciones marítimas que pensaba promover.

Colateralmente les dije que para 1539 Alvarado ya tenía una gran flota realizando viajes de prueba por los puertos de la Mar del Sur (todos acondicionados por Hernán Cortés), y que, hacia finales de 1540, cuando éste último estaba de nuevo en España para quejarse directamente ante Carlos V de los abusos que estaba cometiendo don Antonio de Mendoza contra su persona, el virrey emitió un mandato con el propósito de  impedir que los navíos del gobernador de Guatemala pudieran recibir agua y víveres en los mencionados puertos, para forzarlo seguramente a negociar y tener un convenio favorable para los dos.

Pedro de Alvarado entendió entonces la señal y, como expuse, le envió al virrey a México, desde Zacatula o desde uno de los dos puertos de Colima, la propuesta de que se encontraran en un sitio intermedio, por decir neutral, y que, habiendo accedido el virrey, se reunieron en el pueblo de Tiripetío, Michoacán, en donde el 29 de noviembre de ese mismo año suscribieron un acuerdo para formar una sociedad, en la que irían a medianas partes en gastos y ganancias sobre todo “lo que [a partir de ese día y durante los próximos veinte años] se descubriese, así por mar como por tierra”.

Una vez firmado el acuerdo, don Antonio manifestó su deseo de conocer los barcos que integraban la armada, y que por el momento estaban anclados en el puerto de Aguatán. Pero para poder hacerlo, tuvo que montar en su propia cabalgadura y se fue, junto con Alvarado y el séquito de ambos, en esa dirección, llegando a la Villa de Colima (que por entonces era la población hispana más grande y poblada del occidente del virreinato), el 17 de diciembre de dicho año.

No sabemos con exactitud cuántos días hayan permanecido el virrey y Alvarado descansando en aquella remota villa de españoles, pero no deben de haber pasado de tres o cuatro porque, habiendo tomado el camino otra vez, llegaron hasta el puerto de Aguatán la tarde del 24 o del 25 de diciembre. Y en razón de lo cual, ya con el afán de borrar todo indicio, recuerdo e influencia de Cortés en dicho puerto, don Antonio impuso toda su autoridad virreinal y, tomando en cuenta la fecha en que había llegado allí, lo nombró Puerto de Navidad.

No conozco ningún documento que avale lo que voy a decir, pero pienso que, pese a su relativa corta edad, Andrés de Urdaneta no debe de haber pasado desapercibido por el virrey Mendoza mientras ambos estuvieron en Aguatán-Navidad y, que, por la valiosísima experiencia que aquél había adquirido en su accidentado viaje alrededor del mundo, el marino debió de haber sido consultado por el virrey, que muy poco sabía de corrientes marítimas y vientos favorables.

De lo que sí hay mención expresa es que Urdaneta vino “con la armada y compañía de don Pedro de Alvarado para ir al descubrimiento de las islas del poniente” en 1538, y que estaba en el puerto de Aguatán-Navidad, durante los meses de enero y febrero de 1541, cuando el virrey Mendoza estuvo también allí. Tiempo suficiente como para que cualquier persona sin muchos quehacer pudiera enfadarse, y que me permite suponer que, en no pocas tardes muertas, ya cerca del oscurecer, aquellas personas se hayan reunido a conversar, requiriendo, entre otros a Urdaneta, que hicieran relación de sus aventuras “por el Mar Océano”.

Por otra parte, en el acuerdo suscrito en Tiripetío, había una segunda cláusula que, actualizando los términos transcribiré enseguida: “Nos pareció – escribió o dictó Alvarado- que convenía […] dividir la armada en dos partes: una para que fuese a las Islas del Poniente […] y viese lo que hay en ellas, y otra que se fuese costeando la tierra firme hasta ver el fin y el secreto de toda ella”. Dándole a los dos capitanes que irían a cargo, las instrucciones de volver en cuanto cumpliesen sus cometidos.

Así podemos inferir que mientras Alvarado y Mendoza estuvieron en el Puerto de Navidad, acordaron que la primera parte de la flota, “con cinco naves y 300 hombres” partiera “en abril a recorrer la costa”, y que tres meses más tarde saliera la segunda, “con tres naos gruesas y una galera”, en busca de las islas, porque así viene escrito en un memorial que dejó Alvarado.

Sabemos también que, muy posiblemente a principios de marzo de 1541, el virrey tomó la decisión de volverse a México, mientras que Alvarado decidió permanecer otro tiempo allí, para supervisar algunos pendientes, antes de regresarse (por mar) a Guatemala.

DOS GRANDES NOVEDADES QUE DEBEN RELACIONARSE. –

Ya de regreso hacia México, el virrey volvió a pasar por la Villa de Colima y, en vez de seguir por el camino de Coalcomán, por el que había llegado desde Tiripetío, pidió al alcalde local guías que lo condujeran (a él y a sus numerosos acompañantes) por el “camino de las barrancas”, que no era más cosa que una antiquísima vereda indígena que pasaba por las faldas del Volcán de Colima, hasta llegar a Tuxpan. Y desde Tuxpan, ya por una mejor vereda, siguieron hasta Tamazula, Mazamitla, Jiquilpan y demás pueblos nahuatlatos que hasta un poco antes de la llegada de Cortés habían estado sujetos al Cazonci de Michoacán. Habiendo sido en este penoso trayecto cuando – según inferencias de algunos historiadores- el virrey decidió mandar acondicionar todo ese camino, sobre todo el de las barrancas, para hacerlo un poco más transitable para las cabalgaduras y las bestias de carga, convirtiéndolo de esa manera en el que posteriormente habría de ser bautizado como el Camino Real de Colima.

Así llegaron hasta Zacapu, a mediados de abril, y tras de avistar la hermosura del lago de Pátzcuaro desde los pueblos ribereños situados al norte del mismo, recorrieron unas cuantas leguas más hasta llegar a un punto en donde, al parecer, fue interceptado por algunos colonos que radicaban en el Valle de Guayangareo, para   solicitarle permiso para fundar en ese sitio una nueva villa española, en donde no hubiera indígenas, como sí sucedía en Páztcuaro, en donde ya convertido en flamante obispo, radicaba don Vasco de Quiroga.

Por lo que aconteció después, todo parece indicar que el virrey vio con buenos ojos dicha petición, puesto que el 23 de ese mismo abril otorgó su consentimiento, y los colonos, ya organizados para establecer el fundo legal de “la Nueva Ciudad de Michoacán”, procedieron ceremonialmente a realizarla el 18 de mayo inmediato. Una “ciudad” que durante algunos años fue mejor conocida con el nombre de “pueblo de Guayangareo”, pero que más tarde se conocería como Valladolid y hoy es Morelia. Todo ello pese a la insistente oposición del obispo Quiroga, quien no quiso mover la cabecera episcopal de Pátzcuaro.

LA REBELIÓN DE NUEVA GALICIA. –

Y mientras todo eso ocurría, conviene recordar que durante esos precisos momentos, los habitantes de la tercera Villa de Guadalajara, allá en Tlacotlán, estaban siendo fuertemente hostigados por varios miles de indios caxcanes, zacatecos y otras tribus descendientes de los antiguos chichimecas; dirigidos, entre otros caciques, por Coaxicar y un gran líder que se llamaba Tenamaxtli, o Tenamaztle.

Este individuo era hijo del cacique de gobernaba en Nochistlán en el tiempo en que Nuño Beltrán y sus huestes llegaron a conquistar el área. Fue catequizado y recibió el bautizo, llamándose a partir de entonces Francisco Tenamaztle. Pero como en la inicial refriega perdió a algunos de sus seres queridos, y más tarde fue testigo de los humillantes y dolorosos tratos que los encomenderos españoles les daban a sus paisanos, no tardó mucho en empezar a buscar el modo de vengarse y expulsar a los españoles de su querida tierra.

Una situación similar contemplaba los agraviados líderes de Juchipila, Etzatlán, Teocaltiche, Xalpa, Tequila y los demás pueblos de la región, por lo que, habiéndose hartado de tantas injusticias, entre 1539 y 1540 varios de ellos habrían comenzado a buscarse para comentar qué podrían hacer al respecto y, según lo que ocurrió enseguida, a finales de 1540 ya habían decidido organizarse para pelear juntos por primera vez.

Una vez tomado ese acuerdo, es de suponer que todos esos líderes volvieran a sus respectivas tierras a convocar su gente y a prepararse, porque al iniciar la primavera de 1541, casi toda la región conquistada por Nuño se levantó en armas, dando inició así a la famosísima “Rebelión de Nueva Galicia”, que se focalizó en la región caxcana. Y que históricamente sería el conflicto armado más grande que los españoles pudieron experimentar después del sitio de Tenochtitlán. Sólo que ahora no fue en contra de una población indígena, sino básicamente en contra de la tercera Guadalajara y contra cualquier fundo de los alrededores en donde se hallara viviendo algún español.

Se sabe, en este último sentido que, viéndose terriblemente acosado por las huestes rebeldes, el capitán Cristóbal de Oñate, alcalde de aquella “ciudad”, organizó su defensa lo mejor que pudo, pero sospechando que no podrían resistir sin ayuda, y habiéndose enterado de que Alvarado y el virrey estaban en Aguatán, les envió mensajeros, para solicitárselas con urgencia.

LA MUERTE DE PEDRO DE ALVARADO. –

El virrey, sin embargo, ya había partido en dirección a México, y no pudo enterarse de inmediato, pero se enteró en el camino y, en cuanto llegó a la ciudad, se dedicó algunas semanas a organizar el ejército más grande del que se hubiera podido tener noticias en la Nueva España.

Alvarado por su parte, no quiso en un primer momento salir en ayuda de nadie, porque eso le impediría aprovechar las primeras semanas de los meses buenos para navegar, pero le llegó una orden de don Antonio y ya no tuvo más que reunir a toda la gente de armas que estaba en el puerto de Navidad y hacia finales de aquel abril, emprendió la cabalgata  hacia el extremo norte de Nueva Galicia, pasando por el camino de Colima, único camino más practicable que había entonces.

Dato que al menos a mí me pone a reflexionar, porque conociendo más o menos la región de la que estamos hablando, no puedo dejar de admirar la increíble la resistencia que tanto los jinetes como los peones debieron de haber tenido, para cruzar todos esos inhóspitos territorios y luego atravesar la escabrosa red de barrancas que forman el Río Grande de Santiago y sus afluentes.

Por otro lado, sin embargo, no dejo de admirar, también, las dificultosas caminatas que tuvieron que emprender los indígenas que se concentraron en esos mismos meses cerca de Nochistlán, porque entre ellos muchos vinieron desde zonas tan remotas como Culiacán, la sierra nayarita y el sur del actual estado de Durango.

Algunos de los sobrevivientes hispanos de aquella difícil época dicen que los chichimecas agrupados pueden haber llegado a los quince mil, y que, todos los diferentes enfrentamientos que tuvieron desde abril a junio, se convirtieron en dolorosas derrotas.

En el ínterin, “el 11 de junio” llegaron Alvarado y sus gentes “a la Barranca de Portillo”, y vadearon “el Río Grande por el punto denominado Paso de Ibarra”. Arribando a la diminuta Guadalajara el domingo 12”.

Debemos de creer que fue recibido por gran beneplácito por todos los que en aquel difícil momento estaban radicando tiempo allí. Y que fueron estos mismos quienes le informaron de las recientes derrotas que sus paisanos habían sufrido una semana antes “en los valles de Nochistlán y Teocaltiche”, y los indios rebeldes estaban realizando una especie de guerra de guerrillas, teniendo como eficaz cobijo y guarida las escabrosidades de la imponente Sierra del Mixtón, en la que aún hoy destaca un enorme “peñol” (o peñón).

A Alvarado, dije, le urgía terminar con la tarea que le había sido solicitada para tener tiempo y volver al puerto de Navidad, e iniciar la navegación prevista antes de que arreciara la temporada de lluvias, por lo que, desoyendo en parte las opiniones de Oñate, y creyendo, por otra, que todavía era tan capaz para guerrear como lo había sido en sus años mozos, salió alrededor del día 20 hacia Nochistlán y “el viernes 24 asaltó con su gente el [famoso] Peñol […], pero fue tal el arrojo de los insurrectos, que pronto pusieron en fuga al invasor, persiguiéndolo por una distancia”.

Cuentan las crónicas de aquel día que, cuando la gente de Tenamaztle hizo huir a las huestes españolas, “el caballo de un tal Baltazar de Montoya” resbaló en la lodosa ladera y, habiendo perdido totalmente el pie, descendió rodando por la misma, tirando al capitán Alvarado en el suelo y cayéndole encima, provocándole – se deduce- la rotura de varias costillas y una muy posible hemorragia interna.

“Muy malherido se le condujo a la casa de Juan del Camino, [en la tercera Guadalajara], donde se confesó y dictó su testamento, muriendo el 4 de julio de 1641”.

La noticia de la muerte del famosísimo capitán que veintiún años atrás masacró a la nobleza y a la élite de los guerreros mexicas durante “la matanza de Tóxcatl”, “trascendió más allá de los confines de Nueva Galicia”, y así como entristeció a los hispanos que lo conocían y admiraban, entusiasmó y envalentonó a los indígenas rebeldes, que se dispusieron a organizarse para dar la batalla final en contra de sus odiados enemigos.

Pero de todo eso les hablaré en el próximo capítulo.

PIES DE FOTO. –

1.- Don Antonio de Mendoza y Pedro de Alvarado llegaron “al puerto de Aguatán, de la provincia de Colima”, durante el 24 o el 25 de diciembre 1540, y por tal razón, el virrey decidió llamarlo “Puerto de Navidad”.

2.- En su camino de regreso, el virrey pasó por la Villa de Colima, y siguió por el asperísimo “camino de las barrancas”, ordenando posteriormente su arreglo como “Camino Real”.

3.- Al pasar por tierras michoacanas, el virrey fue requerido por unos colonos del Valle de Guayangareo, que le hicieron una solicitud para fundar la ciudad de Valladolid, hoy Morelia.

4.- El “Códice Telleriano” describe al modo indígena, la batalla del Mixtón y la muerte de Pedro de Alvarado en el “Peñol de Nochistlán”.

 

 

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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