Abelardo Ahumada

VISLUMBRES  por Abelardo Ahumada

Capítulo XIV

UN PAISANO DEL VIRREY. –

En unos renglones atrás les comenté que en noviembre de 1550 llegó a la Nueva España el segundo virrey, cuyo nombre era Luis de Velasco, nacido en 1511, en Carrión de los Condes, una pequeña ciudad de Palencia, en el norte de España.

No fue desde luego, el primer “carrionense” en pasar a esta parte del “Nuevo Mundo”, puesto que, como ya lo había comentado, en 1557, cuando al virrey le quedó ya muy claro que Felipe II quería que uno de los principales propósitos de la expedición que estaban tratando de organizar era el de buscar la ruta naval de regreso desde Filipinas hasta las costas americanas, “reunió a un grupo de expertos para que le informaran y asesoraran sobre las posibilidades existentes”, y que entre ellos se encontraban: Pedro Menéndez de Avilés, General de las flotas de Indias; fray Andrés de Urdaneta y… el Capitán Juan Pablo Carrión, a quien, desde varios años atrás se le conocía como Juan Pablo de Carrión, ducho en las artes navales.

En este caso, como en muchos otros más, cabe mencionar que la frase “de Carrión” agregada al nombre, no era, en el sentido estricto, un apellido, sino un modo para identificar la procedencia del individuo. Hecho que, referido a muchos otros conquistadores y marinos de la época, nos hace conocerlos por sus lugares de origen. Y que, con el tiempo, se les fueron quedando como apellidos.

Menciono todo esto para que quede claro que cuando el virrey, “natural de Carrión de los Condes”, incluyó entre sus interlocutores al capitán Pablo de Carrión, estaba citando a un paisano y tal vez pariente suyo, al que, por conocerlo, consideraba que valdría la pena consultar.

UN SOBREVIVIENTE MÁS O MENOS BIENAFORTUNADO. –

Así, pues ¿quién era ese capitán, y cuáles habían sido sus experiencias marítimas?

Por descontado se da que todos los peninsulares residentes en la Nueva España habían tenido la experiencia de cruzar al menos una vez el Atlántico, y de haber sobrevivido a la peligrosa y muchas veces ingrata travesía que ello implicaba. Por lo que en el caso del capitán “de Carrión” debemos suponer que no se reducía a eso su experiencia marina, aunque, como dicen sus biógrafos, era casi dos años menor que el virrey.

Remontándonos a su origen, sus biógrafos lo más que dicen es que fue “hijo hidalgo”, perteneciente en un grado menor a la nobleza, y que participó en la expedición de Álvaro de Saavedra Cerón, en la expedición de 1527 (de la que hicimos mención en los capítulos III y IV). Pero ello nos lleva a reflexionar que, si fue cierto que nació en 1513, debió de haber pasado a la Nueva España, tal vez junto con su padre, siendo apenas un niño, o un adolescente, puesto que en 1527 apenas tendría 14.

Las noticias que tenemos sobre esa etapa de Juan Pablo de Carrión son muy vagas y, dada su corta edad, podemos suponer que participó en esa expedición como grumete. Y que, si sobrevivió a la travesía, pudo ser porque tuvo la buena suerte de navegar en La Florida, la única nao que logró llegar entera a las islas del oriente.

Hecho que le posibilitó ser participante también del viaje con el que dicho capitán Saavedra intentó por primera vez encontrar la ruta de regreso a las costas de la Nueva España. Un viaje que, como sabemos, fue inicialmente infructuoso, y que, varios años después, obligó a los sobrevivientes a volver a la Península Ibérica siguiendo la ruta del cabo de Buena Esperanza, dominada entonces por los portugueses.

Ese primer retorno a España lo habría realizado “de Carrión” junto con un compañero suyo que se llamaba Vicente de Nápoles (o napolitano de origen, para ser más precisos), un hombre, al parecer muy inteligente, de quien algunos oficiales de la “Casa de la Contratación de las Indias”, instalada en Sevilla, llegaron a decir, que estaba muy “bien informado y daba buenas señas” de los sitios por donde pasó o estuvo.

Ya de regreso en España, con 21 años en su haber, el joven “de Carrión” parece haber intentado ganarse la vida en tierra realizando algunos trabajos en la burocracia; pero hay datos que nos permiten inferir que ya no se acostumbró a eso, y que habiéndole tomado antes cariño a la marinería, se volvió a embarcar con ese afán. Cosa que me atrevo a decir porque, aun cuando no se conocen noticias de él en ese otro período de su vida, en 1542 vuelve a aparecer, ya como timonel, entre los españoles residentes en el Puerto de Navidad, cuando se estaban preparando los barcos que el virrey Mendoza habría de enviar a las “Islas de la Especiería”.

El hecho de que a sus 29 años Juan Pablo de Carrión fuese ya timonel, nos indica que debió de haber servido en otros barcos al menos cuatro o cinco años antes, en los que aprendió a serlo. Y que si lo pudo hacer fue porque era un hombre perspicaz, y muy avezado también en las observaciones que todos los navegantes de aquella época debían de hacer constantemente.

Esta otra expedición (la segunda en la que de Carrión participó atravesando el Océano Pacífico) estaba compuesta de seis navíos, y fue capitaneada, como ya se dijo también en el capítulo VII, por Ruy de Villalobos. Cuyos barcos zarparon desde el mencionado puerto de Navidad el 31 de octubre de 1527, según quedó referido en una “Relación” que del viaje hizo un tal García Descalante Alvarado, en la que se dan cuenta de muchos otros pormenores más.

Pero por lo que corresponde a Juan Pablo de Carrión, sólo habría que decir que también fue testigo del momento en que, en honor al todavía entonces príncipe Felipe, Ruy de Villalobos rebautizó a las islas de San Lázaro como Islas Filipinas, y fue partícipe, igualmente, del intento que dicho capitán hizo para tratar de encontrar (sin lograrlo) la ruta de regreso a la Nueva España por la Mar del Sur.

Adicionalmente también se puede decir que tras de haber realizado ese infructuoso intento, los portugueses capturaron a la mayor parte de los marineros del barco en que iban Villalobos y de Carrión por haberse metido en los dominios del rey de Portugal, pasando largos meses en infeliz cautiverio. Tanto que, estando precisamente en esa reclusión, el capitán Villalobos falleció en abril de 1546, víctima de fiebres palúdicas o algo muy parecido.

Hay algunos indicios en el sentido de que cuando finalmente el rey de España se enteró de que sí había algunos sobrevivientes de la fallida expedición de Ruy de Villalobos, entró en tratos con su homólogo y vecino de Portugal, para conseguir la liberación de aquéllos en 1548. Habiendo sido así como, ¡casi seis años después de haber zarpado del puerto de Navidad!, algunos de los pocos sobrevivientes que quedaban, decidieron quedarse a vivir en las islas, mientras que de Carrión y otros emprendieron el regreso a la península por la ruta de África.

Al instalarse en Sevilla, el timonel Carrión parece haber sido requerido por la Casa de la Contratación de las Indias para que brindara la valiosa información que debía traer en su memoria. Aunque cabe la posibilidad de que él mismo se haya presentado allí, en el afán de hacer valer su hidalguía, y sobre todo sus conocimientos sobre las islas orientales. Pero tampoco hay dato firme en eso, aunque lo que sí se sabe es que no demasiado tiempo después ya estaba desempeñándose como tesorero del arzobispo de Toledo. Puesto clave que nos hace imaginar a un hombre muy capaz para su tiempo.

En este contexto cabe mencionar que hay un excelente cuadro de Juan Pablo de Carrión (cuya fotografía publico aquí) que aun hoy permanece en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en el que se le pintó como un hombre vigoroso, de frente despejada, mirada resuelta y con una indumentaria muy a tono de un hombre bien plantado en términos económico y social. Cuadro cuya existencia nos permite suponer que dicho retrato le fue hecho precisamente cuando era el responsable de la tesorería de la arquidiócesis toledana.

Pero en alguno de esos momentos, y ya con alrededor de 44 años de edad, de Carrión parece haber vuelto a México, tal vez al amparo de su paisano, el segundo virrey, quien, como lo habíamos visto también, lo habría invitado a participar en aquella reunión de 1557, en la que pidió opiniones sobre lo que se podría hacer en cuanto a la búsqueda de la famosa ruta de regreso, de la que tanto hemos hablado.

Al referirse a ese punto, el historiador Romero de Solís dice que Pablo de Carrión “fue enviado a España por el Virrey para presentar a Su Majestad y al Consejo de Indias lo concerniente a aquella jornada”. Y agrega que, una vez que ambas instancias revisaron dichos asuntos: “En Valladolid, el 24 de septiembre de 1559, don Felipe aprobó en principio las medidas adoptadas por don Luis de Velasco” y giró otras instrucciones al respecto.

Otros estudiosos, sin embargo, dicen que fue asimismo en 1559 cuando, aprovechando su larga estancia en España, Pablo de Carrión, ya con 46 cumplidos o por cumplir, se casó “con doña María Salcedo y Sotomayor”. Con la que, según otros datos posteriores, no parece haber vivido ni siquiera un año, porque ya en la primavera de 1560 estaba él de vuelta en México, y porque en junio siguiente, el virrey lo volvió a comisionar. Ordenándole en ese caso que se trasladara al puerto de Navidad para certificar los trabajos que allá se estaban efectuando, dándole poder, además, para realizar acciones de gobierno allí, y en “tres leguas a la redonda”. Según lo refiere, una vez más, Romero de Solís.

INSÓLITAS Y MUY INTERESANTES TAREAS. –

Antes de continuar la reseña sobre la vida y la obra del capitán Juan Pablo de Carrión, conviene saber que dos años atrás, en algún momento del otoño de 1557, el virrey Velasco habría recibido el primer “despacho real” que lo autorizaba para encargarse de los primeros detalles que habrían de resolver con miras a la expedición que se pretendía iniciar. Detalles entre los que, hay que precisarlo muy bien, era necesario considerar el tipo y el número de navíos que habrían de participar en la expedición. Un asunto que, hablando de aquellas épocas y de las condiciones socio-económicas y aun geográficas en que se encontraba el muy remoto y aislado Puerto de Navidad, implicaba una inimaginable cantidad de obstáculos, y la realización de casi indescriptibles hazañas de logística y organización, como se verá un poco más adelante.

El asunto fue que “el 13 de diciembre de ese mismo año”, el virrey Velasco emitió las primeras “instrucciones para comenzar la obra de los dichos navíos”, y que para eso “nombró por administrador del astillero [del puerto de Navidad] a Hernando Botello, alcalde mayor (en aquel momento) de Autlán”.

Botello, “natural de Alcántara”, había llegado, según sus datos, a Colima, muy posiblemente en agosto de 1524, pues don José López Portillo y Rojas dijo de él que participó en la conquista de los pueblos de la costa del actual estado de Jalisco que, como sabemos, protagonizó el capitán Francisco de Cortés, segundo alcalde de la Villa de Colima.

Otra noticia ya muy segura de Botello, es que también formó parte de la expedición de Francisco Vázquez Coronado hacia “la Tierra Nueva” (o las “Siete Ciudades de Oro”). Expedición de la que ya hablamos con algún detalle aquí. Y hay otra más en el sentido de que, antes de ser designado alcalde de Autlán y responsable del astillero del puerto de Navidad, fungió incluso como “juez de residencia” en Colima.

Pero mucho más allá de lo que haya podido hacer Botello, como primer administrador del astillero de Navidad, o de lo que haya podido hacer Carrión como su sustituto, tendríamos nosotros que considerar el dato de que el muy remoto y aislado puerto de Navidad tenía ya varios años casi inactivo, y que si dos décadas atrás se habían construido en él algunas otras naves, para 1558, cuando Botello se habría hecho presente allí, estaba, si no total, sí casi totalmente deshabitado, y con el maderamen del astillero apolillado o roto por los temporales.

De lo que se trataba, pues, era de tener que contratar, en primera instancia, a un grupo considerable de carpinteros, y ayudantes de carpinteros, que fuese hasta dicho puerto a poner otra vez el astillero a punto, y a dedicarse, después, a construir los cascos y las armazones de seis nuevos navíos, pero ¿con qué herramientas, con qué madera, con qué clavazón y demás enseres por el estilo?

En Navidad sólo había una selva cercana de la que se podría sacar alguna madera, pero se carecía de herramientas, de mano de obra, de bestias de carga y de todo lo demás. ¿En dónde y con qué se tendría, pues, que conseguir lo que faltaba?

El primer individuo que se enfrentó a una situación parecida fue Hernán Cortés, cuando instaló el astillero de Zacatula, y para resolverla les pidió, digamos que, “de favor”, a los grandes caciques de Tlaxcala y Texcoco, varios miles de tamemes o cargadores, para que en sus espaldas trajeran desde Veracruz a México las anclas, las velas, las jarcias, los clavos, las sierras, los martillos y cuantas más cosas útiles todavía tenían los navíos a los que les perforó los cascos. Implementos que luego fueron llevados, por miles de tamemes michoacanos más, desde México hasta Zacatula, por simples veredas que, aunque a veces iban por tierras muy llanas, en otras descendían barrancas, bordeaban precipicios o atravesaban lugares aridísimos o selvas muy espesas.

¿Cómo lo resolverían ahora los encargados del astillero y puerto de Navidad?

PIES DE FOTO. –

1.- Ruy de Villalobos, malagueño de origen, cuñado del virrey Mendoza, zarpó con seis barcos del puerto de Navidad “la víspera de la fiesta de Todos los Santos” de 1542.

2.- Y cuando los barcos de Villalobos estuvieron terminados debió de verse una escena parecida a ésta.

3.- Retrato de Juan Pablo de Carrión, que aún se halla en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

4.- Juan Pablo de Carrión sustituyó a Hernando Botello en la supervisión y en la administración del astillero del puerto de Navidad.

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