Diurnarius por Miguel Ángel Sánchez Romero.

Bajo un proceso en el que aparentemente todo fue miel sobre hojuelas, los panistas celebraron elecciones internas para renovar sus diez dirigencias municipales y elegir candidatos para el Consejo Estatal y Nacional del Partido Acción Nacional (PAN); elecciones en las que al parecer los cabecillas de los grupos antagónicos que se disputan el control del blanquiazul, decidieron ponerse de acuerdo para construir una endeble unidad partidista, que les permitiera repartirse los Comités Municipales y las posiciones a los Consejos, sin tener que confrontarse y así garantizar la subsistencias de los grupos por lo menos hasta el inicio del proceso electoral del 2021.

Sin embargo, la supuesta “unidad partidista” que pudieron construir los panistas  no deja de ser más que una simulación que tarde o temprano tendrá un consto político electoral de mayores dimensiones del que ahora podrían tener, si hubieran conservado sus procedimientos y promovido la participación de su militancia para que ellos eligieran a sus nuevos dirigentes, y no solo fueran utilizados para validar una decisión tomada en el escritorio entre unos cuantos y que el resultado se vio reflejado en la baja afluencia de militantes a las asambleas municipales en las que algunas apenas logran tener el cuórum mínimo para celebrarlas.

 Lo cierto, es que Acción Nacional al igual que el resto de los institutos políticos que fueron aplastados por el efecto AMLO en el pasado proceso electoral, no han logrado reponerse, no solamente algunas de sus estrategias son un arma de dos filos, como la supuesta “unidad partidista” pactada entre Jorge Luis Preciado y Pedro Peralta principales cabecillas de los grupos antagónicos del PAN en Colima;  lo cual contrario a su discursos de unidad, ha generado inconformidades entre los partidarios de cada grupo, incluso algunos han optado por mantenerse al margen o buscar cobijo en otro partido, al darse cuenta que esa alianza nada bueno les traerá, pero sobre porque al PAN no se le ve mucho futuro.

Pero si de simulaciones partidistas de trata, los priistas siguen siendo unos expertos, como se puedo ver en pasado domingo en la elección para elegir a su nuevo dirigente nacional en el que una vez más sacaron a relucir el cobre, el oro y hasta los diamantes para fingir una supuesta elección interna democrática, en la que el gobernador con licencia de Campeche, Alejandro Moreno, “Alito” resultó electo  como en los mejores momentos del PRI, con el 80 por ciento de los votos, situación bastante extraña para un partido que atraviesa por su peor crisis de la historia.

Por si fuera poco y para terminar de confirmar la simulación priistas, la candidata Ivonne Ortega terminó por echar abajo el circo montado por las cúpulas del PRI, al confirmar lo que todos sabían, que el PRI no va a cambiar y que sus métodos para elegir candidatos y ganar elecciones seguirán siendo los mismos, a base de tranzas, marrullerías, compra de votos, urnas embarazadas y toda clase de trinquetes que son parte de la columna vertebral de los priistas y materia obligada en la escuela de todo priista.

Sin duda, en los últimos días priistas y panistas, dejaron en claro cuál será su estrategia rumbo para enfrentar el proceso electoral de cara al 2021, en el que sin duda tratarán de vender al electorado una simulada unidad partidista, que hasta ahora a nadie a convencido y así difícilmente recuperan la confianza de la ciudadanía.

 

 

 

 

Miguel Ángel Sánchez Romero

Analista Político

miguelinosan@yahoo.com.mx

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.