PARACAÍDAS por Rogelio Guedea

La sociedad mexicana en lo general y la colimense en lo particular no han entendido al día de hoy la magnitud de esta pandemia y la forma tan beligerante en que el virus  se esparce entre la población. Es un virus altamente contagioso que ya ha cobrado la vida de casi cincuenta mil personas en México y si bien hay un gran número de ciudadanos que no han corrido la suerte de entrar en fases severas del padecimiento, esto no quiere decir que por esa razón no debamos pensar en aquellos ciudadanos que son más vulnerables y pueden (como ha sucedido) perder la vida. Desafortunadamente, las disputas políticas (entre los “adversarios” de la 4T y los aliados de la misma) han impedido, tanto a nivel nacional como local, darle a la estrategia contra esta emergencia sanitaria un rumbo cierto y en el que todas las voluntades (políticas y sociales) converjan, lo cual ha ido en detrimento directo de la propia población que está padeciendo ya los estragos de esta pandemia. Para el caso de Colima, el gobernador Nacho Peralta se ha tenido que enfrentar a las imposiciones de gobierno federal en esta materia y aunque ha intentado manifestar sus desacuerdos con la forma de llevar la estrategia de la pandemia (por ejemplo, con respecto al poco apoyo que han recibido los empresarios para hacerle frente a la misma y permitir con esto que el gobierno logre contener mejor la espiral de contagios), lo que ha recibido es un tsunami de críticas por parte de los aliados de la 4T, acusándolo de ser el responsable de esta tragedia sanitaria en nuestra entidad, olvidando que Colima fue uno de los estados que con mayor oportunidad empezó a tomar cartas en el asunto. Hace unos días, por el ejemplo, el mandatario estatal también propuso una iniciativa para decretar el uso obligatorio del cubrebocas, con la posibilidad de sancionar a quien no lo haga, y esto de igual modo fue motivo de contrariedades políticas y entre políticos, unos acusando esta medida de inhumana y otros apoyándola. No enfatizo aquí si esta iniciativa es buena o mala (a mí me parece incluso que el gobierno ha sido demasiado flexible e incluso débil ante grandes sectores de la población que pudiendo evitar la ola de contagios no lo hace), sino que me limito a ponderar que mientras los actores políticos no depongan sus armas (políticas, otras vez) para llegar a acuerdos de unidad en la lucha contra esta pandemia, lo único que seguiremos teniendo es más contagios y más muertos.  Hace unos días murió también un joven médico de Tecomán, y el gremio quedó por ello consternado, y todos deberíamos de estarlo también pues no podemos ver las muertes como números ni tampoco como motivos para obtener dividendos políticos, ni de uno ni de otro lado de los bandos que existen. El punto aquí es que (bien o mal) el gobierno federal, por un lado, lleva una estrategia de combate a la pandemia que dista mucho de estar coordinada con lo que se lleva a cabo en lo local, generando con esto la percepción de que tanto a nivel federal como local hay una descoordinación evidente, cuando no debería de ser así. Si nos ponemos a dictaminar quién tiene la razón, nunca vamos a terminar, pues cada uno (el presidente López Obrador y los gobernadores de los estados) esgrimirá sus razones. Lo importante realmente es ver cómo hacemos que todos los niveles de gobierno (incluido el municipal) caminen en el mismo rumbo, más allá de disputas políticas. Por eso, mientras esperamos a que los tres niveles de gobierno se pongan de acuerdo,  la única forma que existe para evitar que esta pandemia siga causando estragos en la sociedad (incluso económicos, incluso políticos, pero sobre todo de salud), es tomar cada ciudadano las medidas sanitarias básicas pertinentes, entre ellas no solo las de la sana distancia sino también las del uso generalizado del cubrebocas, que está comprobado que si bien no garantiza (como nada lo garantiza) el cien por ciento de efectividad, sí logra marcar una diferencia enorme en la dispersión del virus. En Colima ya sobrepasamos los dos mil contagios y casi los 260 decesos. Son 260 personas que han muerto por este virus. Yo sé que muchos dirán que se muere más de diabetes y otras enfermedades crónicas, pero no por ello debemos demeritar la peligrosidad de un virus que, como ya lo vimos en el caso del joven médico de Tecomán, no respeta ni edad, ni profesión, ni condición social, y que, esto es lo más importante, es evitable si ponemos un poco de nuestra parte. Estamos, pues, todavía a tiempo como sociedad y como gobierno de cambiar el rumbo de esta emergencia sanitaria sin precedentes que nos ha cambiado la vida a todos de una manera radical.

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@rogelioguedea

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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