Vislumbres – Abelardo Ahumada

Día del Ejército.-

En el transcurso de los últimos dos sexenios el Ejército Mexicano en particular, y las fuerzas armadas en general, han desempeñado un papel protagónico en el combate contra la delincuencia organizada, recibiendo por ello tanto corrosivas críticas como numerosos aplausos.

Dentro del marco de las voces críticas hubo varias que, más por diferencias políticas que por tener  razón, se mofaron del valiente papel que desempeñaron los soldados y los marinos durante la llamada “Guerra de Calderón”. “Guerra” contra la que, por cierto, cuando Enrique Peña Nieto fue candidato presidencial se pronunció, aunque posteriormente tuvo que continuar con una línea de acción muy similar, negándose desde los primeros días de su gobierno a devolver a los soldados del campo y de las calles a sus cuarteles, y a los marinos a sus bases navales.

Esas mismas voces han denunciado algunos yerros y abusos de las fuerzas armadas, unas ocasiones con motivos más que justificados, pero otras casi sólo nada más por llevar la contra. Pero ¿qué nos dice la realidad?

La realidad cotidiana nos dice que si aún estando las fuerzas castrenses enfrentando a los narcos, patrullando las ciudades y destruyendo plantíos y laboratorios clandestinos hay muchas partes del país en las que predomina el caos, estaríamos muchísimo peor si no se estuvieran realizando tales acciones, y que, por tanto, es válido reconocer (y aplaudir) al Ejército, en su día, como lo hicieron los alcaldes y los gobernadores de todo el país.

El caso Tecomán.-

Sin ir más lejos, tenemos el caso del municipio de Tecomán, Col., donde, desde prácticamente hace un año comenzó a ser demasiado evidente el enfrentamiento de algunos cárteles peleándose “por la plaza”, en eventos sangrientos que hacia finales del año pasado y principios de éste, producían docenas de muertos cada semana. Las policías estatales y municipales estaban rebasadas, y no por menos Guadalupe García Negrete, alcalde del lugar, se miraba desesperado y no hallaba qué hacer; hasta que rogó, pidió y exigió apoyo del gobernador para que éste a su vez demandara la ayuda presidencial, y ésta se presentó, apenas el día primero del mes en curso, con un impresionante operativo de tierra y aire, que al parecer comenzó en Cerro de Ortega (caluroso poblado que estaba más caliente que nunca), mediante un batallón de la Policía Militar que hasta paracaidistas dejó caer allí, “como sólo lo habíamos visto en las películas” – según comentaron testigos-, yendo directo a la captura de ciertas y cuales personas, que al parecer también ya tenían previamente identificadas y localizadas. Comenzando así, de manera casi inmediata, unos días en que la población local comenzó a respirar con cierta tranquilidad.

En atención a ello, y para agradecérselos de viva voz, el sábado 18 (víspera de los tradicional festejos del Día del Ejército), José Ignacio Peralta Sánchez, Arnoldo Ochoa González y el mencionado alcalde “Lupillo”, hicieron una visita a las instalaciones castrenses ubicadas sobre la carretera a Tecuanillo. En las que fueron recibidos por los altos mandos que por ahorita operan en la entidad.

Como acto de agradecimiento está muy bien, pero más tarde se publicaron unas cifras que se que se deben revisar y manejar con tino, si no quieren las autoridades que se desvanezca esa sensación (¿momentánea?) de triunfo que están queriendo transmitir.

Las cifras del Batallón.-

Usualmente, cuando hay una batalla, se suele emitir un informe pormenorizado de datos que al menos en las novelas que me ha tocado leer se conoce como “parte de guerra”. Y así, hace tres días fue emitido un “parte” en el que públicamente se informa que a raíz de la llegada del mencionado Batallón de la Policía Militar a Tecomán: “Se ha logrado la detención de 223 personas, 54 vehículos y 23 motocicletas; asimismo, se dio a conocer que se decomisaron 58 dosis de marihuana; 92 dosis de cristal, 2 de heroína y 3 jeringas”. Así como “se han aseguraron 6 armas cortas, 5 cargadores, 58 cartuchos, 1 granada de fragmentación [y…]  56 celulares. Habiéndose llevado a cabo 16 cateos, y decomisados 47 mil 852 pesos”.

La primera impresión que este redactor tuvo al enterarse de semejantes datos fue muy positiva, porque nos estaban implícitamente dando a entender que con la captura de tantos individuos “la batalla contra la delincuencia estaría prácticamente ganada en Tecomán”. Pero ¿realmente es así?

Si nos fijamos con un poco de mayor atención en las cifras, tendríamos que aceptar que 223 de individuos capturados son un montón de personas; pero que seis armas cortas, 58 cartuchos y 47 mil 852 pesos incautados o decomisados son muy pocos. ¿Acaso eran sólo esas seis armas las que produjeron tantísimos muertos y heridos?

Los asesinatos en la costa colimota han, ciertamente, disminuido desde el impactante arribo del batallón en comento, pero no han terminado, por lo que se puede deducir que aún andan sueltos otros matarifes. Pero volvamos a la pregunta: ¿En dónde están, pues, las armas con que se cometían tantos crímenes si sólo se han detectado e incautado seis pistolas? ¿Qué no hubo todo un arsenal en la supuesta batalla entre los grupos en pugna?

Estas preguntas generan dudas, y por consiguiente, las dudas nos llevan a otras indagatorias: Si sólo fueron seis sujetos a los que se les hallaron armas y a los demás unas cuantas dosis de mariguana y cristal ¿de qué tipo de delincuentes están hablando las autoridades que como quien dice claman victoria? ¿Acaso son, en su mayoría, vendedores callejeros de dosis mínimas de droga o consumidores viciosos de las vecindades y de las colonias más pobres de Tecomán?

Hasta el momento no me he percatado de que el gobernador, o el secretario general de gobierno, hayan informado, por ejemplo, cuántos matones aprehendieron durante las redadas realizadas a partir del primero del mes, ni si hubo entre todos ellos algún capo importante que haya sido capturado. No en vano ya otras mentes suspicaces advierten que no hubo ningún pez gordo que cayese en el trasmallo, y que sólo han sido sardinitas las que se pescaron. ¿Es realmente así?

Ahora, bien, si no cayó ningún pez gordo, ¿fue porque no había ninguno en todas las casas o guaridas que se revisaron, o porque hubo alguien que habiéndose enterado del operativo que estaba organizándose les dio, como vulgarmente se dice, “el pitazo”?

Estas preguntas andan de voz en voz entre muchos lectores y gente que observa lo que pasa en las calles. Y mientras que no se responda con veracidad a ninguna de ellas, el silencio que se mantenga deslucirá los pretendidos logros, hasta convertirlos en datos de muy poca monta. Todo ello sin dejar de reconocer que ya es un triunfo el que se consiga que en vez de docenas de muertos por asesinato cada semana, sean sólo cuatro o cinco, como hoy parece ser la cifra semanal promedio.

Un dato para la historia.-

Y para que no vayamos a creer que hoy todo está peor que antes, quiero comentarles que hace  justamente un siglo, cuando los mexicanos acababan de enterarse que los integrantes del Congreso habría logrado al fin ponerse de acuerdo para promulgar la entonces nueva Constitución Mexicana, acá en Colima el gobernador Juan José Ríos (general zacatecano, por cierto), impuesto a la entidad por el presidente Venustiano Carranza, andaba todavía peleando contra unos presuntos guerrilleros villistas, entre los que destacaban los grupos (ya muy mermados) del general ex maderista Eugenio Aviña, y de Vicente Alonso Teodoro, mejor conocido como “El Indio Alonso”. Un período, pues, en el que todavía se miraba muy distante la paz que se había perdido durante “La Bola”. Como popularmente la raza denominó al movimiento armado en que, por puros intereses de caudillos, murieron miles de paisanos.

Abelardo Ahumada

Crónista y Profesor

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