Rogelio Guedea

PARACAÍDAS  por Rogelio Guedea.

Estábamos a punto de comer cuando escuché, a mis espaldas, un grito tan alto que lo sentir rebrotar contra el techo. Giré inmediatamente la cabeza: era mi hija, que se enroscaba contra su mano derecha. Le pregunté (también un poco a gritos, exasperado) qué era lo que le pasaba y, cómo pudo, mi hija me dijo que se había quemado con el aceite. En efecto, en ese momento vi la cacerola en la que había cocinado mi mujer momentos antes contra el piso. Mi hija vino hacia nosotros y yo intenté conservar la

calma, pues en casos como estos suelo perder totalmente la cabeza. Mi mujer se levantó y observó la mano de mi hija, la tenía roja en todo su dorso y parte de su palma, y mi hija gritaba de dolor, sentía -así lo decía literalmente- que se le iba a caer la mano. “Siento que se me están derritiendo los huesos también, mamá”, dijo. El corazón se me quería salir por la boca. Mi mujer recordó que teníamos una solución de nombre Vikut que nos regaló un día un buen amigo nuestro, el doctor Agustín Lara, una fórmula hecha de permanganato de potasio que se ha usado con éxito en las heridas ocasionadas en personas con problemas de diabetes, y entonces fue en su busca y la trajo. Le puso la solución sobre la piel quemada con la esperanza de que hiciera su labor lo más pronto posible. Mi hija, al sentir la solución, experimentó un ardor genuino, pero nada comparado con el dolor que le producía la quemadura. Como no sabía hasta dónde podría sanar esta solución antiséptica y astringente, que también se usa para heridas, cortaduras, raspaduras, infecciones dermatológicas, etcétera, lo que hice fue molestar de nuevo a mi querido amigo Agustín Lara llamándolo para ver qué otras acciones debía hacer a fin de evitar que la quemadura causara en mi hija más estragos. Con la generosidad que lo caracteriza, mi amigo me indicó que vendría a casa para poderle una solución similar pero más concentrada, una especie de ungüento que podría tener un efecto curativo mayor. A los pocos minutos, pues, vino a casa y aplicó en la mano de mi hija esa pomada color café reconcentrado y nos indicó que se la dejáramos ahí hasta que se le desapareciera sola, además de seguirle poniendo el Vikut tres veces al día. Así lo hice. Al siguiente día, fue asombroso ver la recuperación que tuvo mi hija en su mano y a los pocos días su piel (tal como lo experimentan los pacientes con pie diabético) había mejorado sorprendentemente, no había dolor ya ni siquiera llagas. De más está decir que al cabo de una semana la piel de la mano de mi hija mudó y ahora no es posible ver en ella ni un solo rastro de aquella quemadura que, gracias a Dios, no pasó a mayores. Yo no sé qué tanto conozca la población está fórmula antiséptica y astringente, muy efectiva en los procesos de cicatrización, pero no está de más visibilizarlas más porque podría marcar un antes y un después en las personas que sufren percances como el que yo padecí hace unas semanas o quienes padecen enfermedades crónicas (como la diabetes, principalmente) que los exponen a heridas que luego resultan muy difíciles de sanar. Ahí les dejo el dato, pues, por si a alguien le sirve. 

 

Rogelio Guedea

Poeta y académico

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